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Barrabasada

La característica más interesante de la votación referendaria es la opción binaria ofrecida al pueblo: o blanco o negro

Anthony Quinn en una escena del filme 'Barrabás', de Richard Fleischer.

El más mítico ejemplo histórico de pseudo democracia directa (subclase plebiscitaria) es la votación —a gritos— en favor de Barrabás, quien salvó así la vida.

El prefecto Poncio Pilatos, quizá nacido en Tarraco, no quería condenar a muerte a Jesús, al considerarlo inocente y para no interferir en los conflictos religiosos internos de la comunidad judía. Así que primero se lavó las manos, considerándolo inocente, para devolver la responsabilidad del caso al Sumo Sacerdote saduceo Caifás y demás autoridades judías.

Al insistir estas en que le crucificase, acción que las desbordaba, pues competía al prefecto, se acogió a una supuesta tradición —de la que no existen otras pruebas— por la cual el pueblo podía por aclamación liberar a un preso por Pascua.

Creyendo que el resultado estaba predeterminado porque Barrabás era culpable de homicidio y Jesús no, dio a elegir a la muchedumbre a quién debía indultar. El personal, agitado por Caifás y sus secuaces conspiradores, clamó por Barrabás.

De la historia que narran los Evangelios y se recordará por Semana Santa, en las procesiones del Sur y también en la Passió de Olesa y Esparraguera, sobresalen tres características de esta votación referendaria que quizá sirvan para iluminar otras.

La primera es que se produce a conveniencia del Poder establecido que inventa arbitrariamente sus propias reglas: primero el lavado de manos, después la apelación al método digamos asambleario como última ratio de justicia.

La segunda es la ausencia de confrontación de argumentos: solo entran en juego la defensa corporativa de la ortodoxia de Caifás, amenazada por Jesús; el arrebato en favor del que según distintas fuentes era un delincuente, pero muy popular; el rechazo al peligroso disidente.

La característica más interesante del episodio es la opción binaria ofrecida al pueblo. Una salida simple, nada compleja, nada sofisticada. Deberá salvar a uno o a otro, sin más. O vida o muerte. O libertad o condena. O blanco o negro.

Visto desde hoy, había otras soluciones, complejas, seguramente más interesantes: pedir la liberación de ambos reos, reclamar la abolición de la pena de crucifixión. Pero no interesaban al prefecto Pilatos y por eso no las sometió a referéndum. Ocurre.

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