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Buteflika reaparece cuando más se habla de su salud

El presidente argelino, de 80 años, ha cancelado citas con dirigentes extranjeros

El presidente argelino Abdelaziz Bouteflika en Argel en 2014. Cordon Press

Cada cierto tiempo, en Argelia rebrota el tema del grave estado de salud del presidente, un hombre que lleva 18 años y cuatro mandatos seguidos en el poder sin que se haya pronunciado a favor de ningún sucesor.

Abdelaziz Buteflika cumplió 80 años el pasado 2 de marzo sin dejarse grabar por las cámaras. La última vez que habló en público fue el 8 de mayo de 2012. En abril del año siguiente sufrió un derrame cerebral y desde entonces se desplaza en silla de ruedas y apenas sale del palacio presidencial para someterse a tratamientos en Francia. Las horas que permanece consciente al cabo del día son un secreto insondable. En los mentideros diplomáticos y periodísticos se susurraba que esta vez ya no podía ocultarse por más tiempo la realidad.

Argelia había programado un encuentro con la canciller alemana, Angela Merkel. Estaba previsto para el 20 de febrero en Argel, pero tuvo que ser cancelado a causa de una “bronquitis aguda”, según la versión oficial. Además, fue anulada la entrevista del 8 de marzo con el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis. Y hubo que aplazar la visita prevista para este mes del presidente de Irán, Hasan Rohaní. Se podría decir que estaban ya las viejas necrológicas removiéndose bajo el polvo de las Redacciones.

Sin embargo, este último domingo, Buteflika se dejó ver en un vídeo donde despachaba con el ministro de Asuntos Magrebíes de la Unión Africana, Abdelkader Messahel. Buteflika no habla en la grabación, apenas acierta a sostener entre las manos los folios que le pasa el ministro. Antes de llegar al minuto (0,54 segundos) parece que se le van a caer las hojas, y al instante, con el vídeo convenientemente editado, aparece con ellas en la mano. Continúa ahí, con su mala salud de hierro. Y hasta hay quienes piden que se presente en 2019 a un quinto mandato de otros cinco años. Él no dice nada.

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