Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

¿Ya es primavera en Europa?

Holanda enseña que la batalla contra el populismo puede ganarse

Angela Merkel viaja este fin de semana a Washington para reunirse con Trump.
Angela Merkel viaja este fin de semana a Washington para reunirse con Trump. AP

Por fin Europa puede celebrar una noticia positiva. Ha bastado la conjunción de un político liberal nada carismático llamado Mark Rutte, una ciudadanía holandesa sensata que ha votado masivamente, y la inestimable ayuda del sultán Erdogan, el presidente turco, que se atrevió a calificar a Holanda, la patria de Ana Frank, de país nazi, para impedir la caída del primero de los dominós democráticos que perseguía el populismo desatado globalmente después del Brexit y de la llegada de Trump a la Casa Blanca. El Trump holandés, Geert Wilders, también con el pelo rubio oxigenado, eurófobo, antimusulmán y partidario de Holanda primero, aun con un apreciable 13% del voto, perdió su apuesta y la Europa democrática no se desmorona de momento. Ha fallado la profecía del populismo autocumplido, que establece que cuando tenemos una creencia firme respecto a algo o a alguien, esta acaba cumpliéndose. ¿Ya es primavera en la UE?

Es cierto que una golondrina no hace verano, y resta saber qué pasará pronto en la decisiva Francia, donde la Unión Europea se juega su existencia en el supuesto improbable de que Marine le Pen, la nueva Juana de Arco de la derecha extrema nacionalista francesa -“en nombre del pueblo”, gritan sus carteles electorales- alcance la presidencia, o en el otoño en Alemania, donde acecha también el fantasma del populismo representado por la derechista, antiinmigración, Alternativa para Alemania. Pero el primer tiempo del partido ha sido ganado por las fuerzas europeístas en Holanda, país fundador del proyecto europeo, próspero, abierto al mundo, exportador, en el que viven un millón de musulmanes. El pequeño país se ha hecho grande frente a la acometida populista de los políticos fuertes, encastillados en el orgullo de las soberanías nacionales, y no ha comprado su mensaje de que los problemas complejos pueden tener soluciones simples. Como los pólders, invento holandés, salvaron al país de ser inundado por las aguas del Mar del Norte.

En la primera batalla, el populismo ha sido abollado, pero no vencido. La Europa medrosa y encogida por la devastación producida por la gran crisis económica suspira hoy aliviada. Parece haber escuchado al presidente estadounidense Franklin Roosevelt quien, con ocasión de otro momento infinitamente más crítico para las democracias, la II Guerra Mundial, proclamó que “de lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo.” El trumpismo, que alimenta la ola de populismo europea, puede acabar siendo el revulsivo para el despertar de Europa, donde, a pesar de las apariencias, las dos grandes fuerzas que levantaron el proyecto europeo, el centro derecha liberal cristiano, y el centro izquierda socialdemócrata, siguen siendo centrales para la reconstrucción del proyecto europeo.

La canciller alemana Merkel le explica este fin de semana en Washington a Trump, en su primera reunión cara a cara, qué es la UE, a la que el presidente desprecia, y quién es Putin, a quien equivocadamente pretende cortejar. Defenderá nuestros valores y el orden liberal occidental, un mundo abierto y de reglas. Los europeos tenemos nuestro destino en nuestras propias manos. Para que lo que creíamos impensable no sea ya posible. fgbasterra@gmail.com

 

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.