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Los lores del pueblo

La Cámara Alta se ha atrevido a hablar en nombre de los que no tienen voz y defender los derechos que los comunes no han querido defender

Los lores del pueblo

Solo la gente común puede representar a los comunes. Para que la democracia funcione, los representantes tienen que mimetizarse con los representados, vivir entre ellos, ser como ellos. Los que saben, los expertos, los mejor formados, los que han triunfado en sus profesiones, es decir, las élites, no pueden hablar en nombre del pueblo.

Patrañas. Otra prueba de la debilidad de los tópicos y del discurso facilón contra la democracia representativa. Porque ahí tienen a los lores británicos, los únicos que por dos veces en muy poco tiempo se han atrevido a hablar en nombre de los que no tienen voz y defender los derechos que los comunes no han querido defender. Mientras el gobierno del pueblo encabezado por la primera ministra, Theresa May, se niega a confirmar que los 3,15 millones de ciudadanos comunitarios que viven en Reino Unido seguirán disfrutando tras el Brexit de los derechos que hasta ahora tenían, la Cámara de los Lores, por 358 votos a favor y 256 en contra, ha exigido al Gobierno que no mercadee con esos derechos, sino que los garantice de forma unilateral e irreversible.

Y lo mismo ha dicho sobre la posibilidad de un segundo referéndum para que el mismo pueblo que pidió la activación de la salida se pronuncie sobre si convalida los términos del acuerdo alcanzado para salir (al igual que hizo en 1975, con un 67% a favor y un 33% en contra, sobre el acuerdo con los términos para entrar).

Ahí lo tienen, un órgano aristocrático y vitalicio al que se accede por designación, no por elección popular, está mostrando más sentido democrático y cívico que los representantes de los comunes. La Cámara de los Lores se remonta al año 1295. Su papel era aconsejar al entonces soberano, el rey. Ahora los “muy honorables lores espirituales y temporales de Reino Unido”, obispos incluidos, siguen ejerciendo eficazmente su papel de aconsejar al soberano, ahora al Parlamento, para que no menoscabe los derechos ni de nacionales ni de extranjeros. Pero el Parlamento, como el rey en su momento, inmerso en una dinámica irracional, no escucha. Como en tantas ocasiones en la historia, las cámaras altas (los lores) y los jueces se convierten en los garantes de la democracia frente a los excesos de la misma democracia. @jitorreblanca

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