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El papel de las energías limpias en los campamentos de refugiados

Situar la energía en el centro del sistema humanitario mejora la economía de los países de acogida y la calidad de vida de sus habitantes

Expertos del sector energético y humanitario en la conferencia organizada por euei pdf en Bruselas.
Expertos del sector energético y humanitario en la conferencia organizada por euei pdf en Bruselas.

En asentamientos y campamentos de refugiados la energía ocupa un discreto segundo plano. A pesar de los esfuerzos de ONG y agencias humanitarias, sigue siendo excesivamente contaminante y rudimentaria en el mejor de los casos, o directamente inaccesible. Como muestra, un dato: el 80% de los refugiados en campamentos no disponen de electricidad. Esta falta de planificación y de inversiones no solo afecta a la calidad de vida de los refugiados en el corto plazo , sino que tiene implicaciones sociales, medioambientales y económicas muy graves.

“Al contrario que lo que sucede con otras áreas como la de la alimentación o el refugio, no hay una institución propiamente dicha que se ocupe solo de la energía en el campo humanitario; la falta de coordinación y los datos contradictorios hacen difícil implementar planes integrales”, asegura Owen Grafham, coordinador del área de energía y recursos naturales del think tank británico Chatham House y parte de la Moving Energy Initiative, una agrupación de organizaciones cuyo objetivo es “reinventar la forma en la que el sistema humanitaria aborda el área de la energía”. Junto a él, alrededor de un centenar de expertos del sector se reunieron hace unos días en Bruselas para reivindicar su labor con respecto a las crisis migratorias actuales y dar a conocer las buenas prácticas que empiezan a emerger.

Grafham recuerda que pesar de que el acceso universal a la energía es parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) "los refugiados y desplazados raramente están incluidos en estos planes nivel internacional”. Están atrapados en una zona gris. Por regla general, en los campamentos se cocina con combustible de biomasa, como madera y carbón vegetal. Se alumbra con velas y lámparas de queroseno, causa habitual de incendios. Las escuelas y los hospitales funcionan con generadores de gasolina. Cuando la madera es un recurso escaso, las raciones de alimentos se convierten en moneda de cambio para comprar combustible. Y lo que es más alarmante: estas formas de energía rudimentarias acaban de forma prematura con la vida de 20.000 personas al año en asentamientos, en especial mujeres y niños, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Los donantes empiezan a prestar más atención al sector energético, pero sigue estando infravalorado

Alex Milano, jefa de proyecto de Project Gaia

“La tecnología está ahí pero los obstáculos son más bien políticos, institucionales y financieros”. Los países de acogida muestran reticencias a la hora de invertir en planes a largo plazo, ya que eso daría a entender que se trata de una situación permanente, por lo que “mantienen una mentalidad cortoplacista”. Sin embargo, el tiempo medio que pasa un refugiado en un campamento son 17 años. Una verdad que muchos políticos se niegan a aceptar, pero que según Grafham “puede ofrecer grandes oportunidades de negocio aún por explorar”, oportunidades que además de cubrir las necesidades más básicas, les ayudan a normalizar sus vidas “con acceso a la electricidad puedes crear un cine en un campamento o puedes implementar un sistema de carga de teléfonos móviles”, asegura.

Ahorrar emisiones y costes

Los beneficios de los planes estratégicos se pueden medir en ahorro de emisiones: se calcula que instalar energías renovables supondría un ahorro de alrededor de 6,85 millones de toneladas de CO2 al año. Y también en costes. Un ejemplo ilustrativo es el del campamento de refugiados Dadaab, en Kenia. El campamento más grande del mundo cuenta una población de más 350.000 refugiados, en su mayoría somalíes, cuyo suministro energético depende de generadores de diésel las 24 horas al día, lo que por sí solo supone una inversión anual de alrededor de 2.15 millones de euros anuales. El gasto no es sinónimo de eficiencia, ya que el 60% de los hogares solo cuentan con una linterna. Ahora, nuevos proyectos están reemplazando los generadores diésel por paneles de energía solar. Casos similares empiezan a proliferar, como granjas solares en el campamento de Azraq, en Jordania.

Planes integrales en situaciones extremas

Si se gestiona de manera adecuada, parece una situación en la que todos ganan, incluidas las comunidades de acogida, que no en pocas ocasiones, también sufren pobreza energética. Especialmente en áreas rurales de África Subsahariana. Rodrigue Djakou Yopo, experto en Infraestructuras Sociales y de Agua, del Programa impulsado por la Comisión Europea EU Bêkou Trust Fund Project, lo corrobora. "En la región del este de Camerún, la localidad de Kentzou, cuenta con una población de 5000 personas y ha acogido a 11.000 refugiados que huyen del conflicto en República Centroafricana", indica. Los principales desafíos a los que se enfrentan ambas comunidades son “el escaso acceso a la energía y la sobreexplotación de los recursos”. Para aliviar esta situación, se ha construido un aserradero local que provee combustible alternativo usando astillas de madera y aserrín. Los refugiados que trabajan en el aserradero ganan un sueldo y también obtienen estufas de eficiencia energética. Este programa considera la energía como un eje central, junto con el agua -se necesitan ingentes cantidades de agua para producir energía, y se consume energía para aprovechar el agua- y a la vez reconoce el aspecto social.

“La grandeza de este plan es que impulsa el desarrollo y la resiliencia en casos extremos como este, donde los donantes tradicionales y el gobierno de alguna forma han fallado. Es un proyecto con miras a largo plazo, cuyo propósito es crear los cimientos para un desarrollo sostenible y pacífico. Asegurar el acceso a los recursos es sinónimo de reconciliación, y también de creación de empleo”, afirma Djakou.

Evitar la deforestación y los conflictos por los recursos

Cada año, se queman alrededor de 64.700 hectáreas, o lo que es lo mismo, 49.000 campos de fútbol en asentamientos de refugiados y zonas colindantes para cocinar y calentarse. La tala de árboles, además del evidente deterioro ambiental, origina tensiones y pone a los grupos más vulnerables en riesgo. Un riesgo añadido. Según Shukri Ahmed, vicepresidente del Programa Estratégico de resiliencia de la FAO, “para prevenir esta situación es fundamental llevar un inventario de los bosques, saber cuál es la demanda; e implantar planes de reforestación”. Trabaja en coordinación con ACNUR en Etiopía, Kenia, Uganda o República Democrática del Congo para mejorar el uso de recursos con fines energéticos y crear soluciones conjuntas.

“Si proteges los recursos en nombre de los refugiados, lo estás haciendo también para las poblaciones de acogida, están dejando un legado; por lo que inicias un vínculo entre las dos comunidades, creas confianza”, señala.

Para Ahmed, la planificación y la cooperación entre agencias muestra la necesidad de actuar de forma distinta “el sector de asistencia humanitaria tradicional se está moviendo hacia un modelo de desarrollo sostenible; ya no se trata de responder a la emergencia y volver a casa”.

Para impulsar el sector energético la atención humanitaria ad hoc y los planes a largo plazo tienen que trabajar de forma conjunta. Un cambio de paradigma que también puede ayudar a romper el círculo de la dependencia. Sin embargo, las ONG no siempre reciben los fondos suficientes para salir de la asistencia mínima. Los presupuestos con los que trabajan suelen cubrir un periodo de seis meses a un año, y la energía no ocupa el puesto prioritario.

“Ahora los donantes se empieza a prestar más atención al sector energético, pero sigue estando muy infravalorado”, cuenta Alex Milano, jefa de proyecto de Project Gaia, organización que combate la pobreza energética a través de cocinas eficientes en países que van desde Nigeria a Haití.

“No imaginas lo que cuesta obtener fondos para conseguir estufas de energía limpia, no es algo que atraiga especialmente a los donantes ya que no sienten que sea una necesidad urgente, en ese sentido, incluso se entiende mejor el concepto de alumbrado”, explica.

No hay una institución propiamente dicha que se ocupe de la energía en el campo humanitario

Owen Grafham, coordinador del área de energía de Chatham House

A pesar de las dificultades, este modelo cubre el 100% de las familias en el campo de refugiados de Jijiga, en Etiopía Sus sistemas funcionan con etanol, un material conocido como el "combustible democrático", ya que se produce localmente, y en el proceso involucra a aquellas que sufren riesgo de exclusión como refugiados e inmigrantes, campesinos y mujeres.-estas últimas se benefician especialmente, ya que son las que caminan largas distancias en busca de leña y se ven expuestas a sufrir violencia sexual-.

Milano destaca que para salir del ámbito exclusivamente operacional "las organizaciones tienen que adaptarse también a las necesidades de los países de acogida” e involucrar a los propios refugiados en el proceso.

Refugiados para suplir la falta de expertos

Muchos de ellos cuentan con cualificación en el sector y contribuyen a mejorar la situación de sus países de acogida. “Jordania carece de recursos energéticos significativos propios y se encuentra entre los más pobres del mundo en función de la disponibilidad de agua, sin embargo, la demanda de estos dos recursos esenciales no deja de aumentar”, reconoce Mohamed Badran, experto en infraestructura y agua de Giz. Todo ello, sumado a la falta de expertos en el área ha acelerado la creación de un programa de capacitación. "Estamos apoyando la formación y la integración de los refugiados en el mercado de trabajo a través de diferentes iniciativas en el área de la eficiencia energética"; explica. El programa cuenta con fondos del gobierno alemán y ha dado trabajo a 6.000 sirios y jordanos en 2016. Las soluciones que aportan, que van desde fontanería, hasta gestión de residuos con fines energéticos, se aplican en campamentos, pero también en entornos urbanos, donde viven la mayoría de refugiados en el país. “A través de estos programas los refugiados pueden ser autosuficientes y obtienen oportunidades de formación, pero Jordania también se beneficia enormemente”.

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