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El joven condenado por pagar 79 euros con una tarjeta falsa no fue a prisión solo por este delito

La historia incompleta que se usó para cuestionar las sentencias de Urdangarin y Rato

FOTO: Alejandro Fernández, el pasado 7 de junio, entra en la prisión de Albolote. / VÍDEO: Declaraciones de Fernández a EL PAÍS antes de entrar en prisión el pasado junio.

El debate sobre la igualdad de los ciudadanos ante la justicia no es nuevo. Pero se ha avivado ante dos decisiones judiciales adoptadas este jueves: por un lado, la libertad de Iñaki Urdangarin, condenado a seis años y tres meses de prisión por el caso Nóos, hasta conocerse el fallo definitivo; por otro, las condenas a seis años de cárcel para el expresidente Ejecutivo de Caja Madrid, Miguel Blesa, y a cuatro años y seis meses para el de Bankia, Rodrigo Rato, por el caso de las tarjetas black. La libertad del primero y las penas de los segundos han sido comparadas con la condena a seis años de un joven que pagó 79 euros con una tarjeta falsa, una polémica a la que se ha sumado el diputado de Podemos Íñigo Errejón en un mensaje en Twitter. Sin embargo, el ejemplo escogido no es el mejor.

El joven granadino Alejandro Fernández ingresó el pasado 7 de junio en el centro penitenciario de Albolote (Granada) condenado a cinco años de prisión —no seis—, cuatro por un delito de tenencia ilícita de tarjetas de crédito falsas a sabiendas de su falsedad y otro más por un delito de estafa.

El caso se remonta a 2010, cuando Fernández fue denunciado por un hurto en el centro comercial Carrefour Alameda de Málaga, usando una tarjeta falsa, y alcanzó gran resonancia mediática cuando el joven pidió ayuda en las redes sociales para lograr el indulto “por un error cometido” seis años atrás. Su madre creó una petición en la plataforma Change.org para solicitar también el indulto de su hijo en la que aseguraba que el error de Fernández “fue comprar bebidas alcohólicas y un batido de chocolate para él por un importe de 79,20 euros, con una tarjeta que no era suya”. Alejandro Fernández, que en el momento del robo tenía 18 años, no sabía, según su progenitora, “que esa tarjeta era falsa”.

La sentencia firme detalla que Fernández y otros tres hombres “actuando de común acuerdo” usaron el 15 de enero de 2010 tarjetas falsas en una tienda de Carrefour y “efectuaron operaciones por importe de 299 y 257,80 euros”. Después, regresaron a realizar una última compra —una PlayStation y videojuegos— por valor de 523 euros, momento en el que fueron interceptados por la policía. Los 79,20 euros corresponden, según la versión de Alejandro Fernández, a la única operación que él realizó (botellas de whisky, cervezas y una caja de batidos) aunque la sentencia no lo menciona en ningún momento.

Los agentes solo pudieron detener en el momento de los hechos a una de las cuatro personas que realizaron las compras con las tarjetas falsas, mientras que Fernández y sus otros dos compañeros huyeron en un coche de la marca Volkswagen, según consta en la sentencia. En el vehículo, la policía halló posteriormente dos tarjetas de crédito falsas a nombre de Alejandro Fernández, además de otra documentación también falsa.

Urdangarin, a su salida este jueves de la Audiencia de Palma.
Urdangarin, a su salida este jueves de la Audiencia de Palma.

El joven, que días después se entregó, reconoció haber realizado las compras, si bien aseguró que “él nunca había visto una tarjeta”, algo que, según la sentencia no es sostenible. “Este desconocimiento inicial sobre el carácter falsario de las tarjetas no se sostiene en pie un solo instante. Si nunca había poseído ni visto una tarjeta de crédito y de pronto se encuentra con que le entregan dos a su nombre, con las que puede adquirir los efectos que le apetezcan, ¿cómo puede pensarse que todo esto era legal, que no era malo?”, asegura la sentencia.

La juez considera que Fernández pertenecía a un grupo que falsificaba tarjetas y hace hincapié en que escapara del lugar de los hechos, una “huida que, precisamente lo delata pues si tan legal creían que era la posesión y utilización de las tarjetas ¿a qué respondió semejante actitud?”, se pregunta la juez en la sentencia.