Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

El verdadero calvario: 22 calvos relatan cómo les traumatizó asumirlo

Llega un día en que el ya no valen los trucos. Es el momento de afrontar que tu cabeza va a ser siempre una reluciente bola de billar

“Quedarse calvo puede convertirse en el detonante de una depresión. Y cuanto más joven se es, más afecta”, asegura la psicóloga Julia Vidal. Getty

Los efectos de ver cómo la cabeza comienza a quedarse como una bola de billar, en mayor o menor intensidad, no son, en principio, plato de buen gusto. Sobre todo porque, como asegura el dermatólogo y tricólogo Sergio Vañó Galván, Coordinador de la Unidad de Tricología y Estudio de las Alopecias del Hospital Universitario Ramón y Cajal, “el cabello es signo de juventud y representa un punto importante de la estética masculina. Fruto de ello es que el trasplante capilar es la cirugía estética más frecuente en los hombres”. Y no, no creas que esto es cosa de mayores de 60 años. Según la American Hair Loss Association, a la edad de 35 años, dos tercios de los hombres americanos experimentan una apreciable pérdida de cabello.

No todos los varones reaccionan igual a la pérdida del cabello. Los hay que lo toman con naturalidad e incluso como un signo positivo de distinción; y los hay que lo llevan francamente mal. “El hecho de perder el pelo de la cabeza puede provocar que la persona pase por un periodo normal y adaptativo más o menos desapercibido, o bien llegar a tener algunos síntomas depresivos o incluso que ese hecho acabe siendo el detonante de una depresión. Y cuanto más joven se es, más afecta”, explica la psicóloga Julia Vidal, directora de Área Humana Psicología, experta en estrés.

Como es uno de los grandes temores estéticos de los hombres, hemos preguntado a una veintena de ellos cómo fue ese momento de salir del armario. Si supuso un trauma, cómo se adaptaron y cómo reaccionó su entorno. 

"Me miraba al espejo a todas horas, examinaba con lupa el pelo que se me caía... ¿Lo acabé aceptando? Sí, pero no fue grato"

1. Miguel Ángel, 35 años, abogado: "Fue muy traumático. Me quedé calvo muy pronto, con 26. Mis amigos empezaron a hacer bromas. Una chica que me gustaba llegó a decirme: 'Si no fueras calvo...'. Probé de todo. Incluso me plateé un implante. Pero es muy caro. Soy un tipo tímido y la calvicie no ayuda. Con el tiempo me voy resignando...".

2. Ricardo, 49 años, empresario: "Ver cómo pierdes el pelo no es plato de buen gusto, te lo aseguro. Tuvo consecuencias psicológicas. Por un lado, la negación inicial de algo que cada día era más evidente: que me quedaba calvo. Por otro (que fue lo peor), desarrollé una obsesión constante por el tema. Me miraba al espejo a todas horas, analizaba lo que habían crecido mis entradas, miraba con lupa el pelo que se me caía y, en una especie de tic, cogí la costumbre de pasarme la mano por la cabeza para comprobar si se caía demasiado o no. La obsesión tan fuerte hizo que al final se cayera más deprisa aún y el problema se agravara. ¿Lo acabé aceptando? Sí, pero no fue grato”.

3. Luis Mari, 49 años, transportista: “De chaval llevaba el pelo largo simplemente por no molestarme en ir a la peluquería. En casa, no sé muy bien por qué, me decían que me quedaría calvo con pocos años. El tema me daba igual y no hacía caso. Cuando fui a la mili, la misma cantinela. Un brigada me dijo que tal vez me convendría tomar unas pastillas para fortalecer el pelo. Pero no hice caso. Al final me quedé calvo como pronosticaban, pero no ha supuesto ningún trauma. Estoy muy contento con mi imagen y pienso en las ventajas, como que no malgasto el tiempo peinándome”.

"Una chica que me gustaba llegó a decirme: 'Si no fueras calvo...'. Probé de todo. Soy un tipo tímido y la calvicie no ayuda"

4. José, 42 años, administrativo: "En cuanto que vi que se me caía utilizaba el típico truco de colocarme el poco que tenía en donde clareaba mucho. Me miraba al espejo constantemente y me deprimía. Hasta que un día dije: 'Basta'. Cogí una maquinilla y me rapé al cero. El día que salí a la calle y me vieron mis amistades fue extraño. El segundo mejor. Y el tercero como si nada. Se acabó el drama".

5. Santiago, 39 años, arquitecto: "Cuando vi cómo me clareaba la cabeza, me llevé un disgusto. Perdí la seguridad en mi imagen física. Me convencí de que ya no le gustaría a mi chica, de que los demás se reirían, de que las pastillas que me habían sugerido afectarían a mi vida sexual y me quedaría impotente como había oído... Pasé de sentirme un macho alfa a todo lo contrario. Y entré en una espiral de mal rollo. Como me sentía poco atractivo, me volví celoso con mi novia, convencido de que cualquiera era más interesante físicamente que yo (cualquiera con pelo, claro). Fue un período que borraría de mi vida. Hasta que fui a terapia y conseguí superarlo”.

"Estoy muy contento con mi imagen y pienso en las ventajas, como que no malgasto el tiempo peinándome

6. Juanma, 49 años, encargado de mantenimiento: "Empecé a perder pelo a los 27 años y pasé de ser un heavy peludo a un calvo. Al principio sí me preocupé, por si se trataba de alguna enfermedad, pero resultó ser una cuestión genética, así que dejé de preocuparme y me lo tomé tal cual vino. Fue impactante el paso de peludo a calvo. Pero lo llevé bien. Eso sí, si alguien necesita un consejo, lo que puedo decir es que con alegría todo se lleva mucho mejor.”

7. Txentxo, 49 años, artes gráficas: “De joven llevaba el pelo largo, con rizos, muy bonito. De pronto empecé a notar entradas y me preocupé; y, más tarde, empezó la pérdida de cabello en toda regla, con zonas despobladas en la cabeza y la inminente calvicie a la vista. Intenté remedios naturales como, por ejemplo, cortarme el pelo en luna creciente porque decían que podía nacer con más fuerza. También probé algún producto de farmacia, pero nada. Al final, surgió la oportunidad de estar en la asociación de calvos de Errenteria y me tomé la calvicie como un orgullo”.

8. Marcos, 43 años, comercial: "Tenía 33 años cuando comencé a quedarme calvo. Sentí mucha impotencia. Y rabia, porque no podía hacer nada. Tener que asumirlo porque sí, porque lo habían decidido mis hormonas, fue algo que no encajé muy bien".

9. Carlos, 53 años, gruista: “A los 28 años noté que se me caía el pelo y no le di importancia. Mi suegra me recomendó que fuera a un naturista. El experto me dijo que sería de nervios y no tomé nada para remediarlo. Desde entonces hasta hoy me he sentido muy bien siendo y estando calvo”.

10. Félix, 64 años, jubilado: “Mira, en todos mis años de calvo, que son muchos, lo que he podido constatar es que la falta de pelo no entorpece la vida en general. Y, además, no gasto en champús”.

11. Jaime, 36 años, panadero: "La alopecia activó una parte muy negativa de mí, porque no esperaba que sucediese tan pronto, con 27 años. Los rasgos más negativos de mi carácter se manifestaron: inseguridad, ganas de estar solo, autoflagelación constante porque no era ni sería un tipo de éxito, etc. Me duró casi un año”.

"Me miraba al espejo constantemente y me deprimía. Hasta que un día dije: 'Basta'. Cogí una maquinilla y me rapé al cero"

12. Manuel, 36 años, fotógrafo: “Es difícil asumirlo. Sobre todo cuando tienes veintitantos y tus amigos tienen una bonita cabellera. Te señala como el diferente en el grupo. Sin embargo, cuando fui aceptando mi imagen y, sobre todo, fui modelándola (cortarme el pelo en el largo perfecto que me favorecía, ni rasurado del todo ni muy largo; dejarme las patillas con otra forma y probar con diversos tipos de bigote, barba y perilla) encontré una identidad que me da personalidad”.

13. Adolfo, 31 años, informático: “Cuando vi que me iba a quedar calvo me dije: 'Por lo menos que no sea calvo y gordo'. Y comencé a ir al gimnasio y cuidar la dieta. De tal forma que me veo bien, delgado, atlético, y con buen cuerpo. Te aseguro que eso hace que no te fijes lo más mínimo en la calvorota. Y las chicas tampoco”.

14. Luis, 43 años, arquitecto: “Yo me reía de mis amigos que con algo menos de treinta años ya estaban muy calvos, y resultó que cuando cumplí 30 empecé a ver cómo se me caía el pelo. Suplí la ausencia de pelo con algunos truquitos, como llevar gorra o sombreros chulos que me hacían parecer un dandi”.

“Cuando vi que me iba a quedar calvo me dije: 'Por lo menos que no sea calvo y gordo'. Y comencé a ir al gimnasio"

15. Alberto, 42 años, publicista: “Lo pasé muy mal. Comencé a perder pelo a los 26. Mi novia de entonces se burlaba del tema y me decía que iba a acabar como su padre, que era muy calvo. Probé varios remedios y estuve un par de años en tratamiento. No recuperaba pelo, pero sí frené la caída. Entonces, ocurrió algo inesperado. Mi novia y yo lo dejamos y, a los pocos meses, conocí a una chica a la que le resultaba muy sexi estar con un calvo. Fue cuando dejé todo tipo de tratamiento”.

16. Mauri, 36 años, camarero: “Cuando surgieron los primeros indicios, comencé a probar de todo. Clínicas, tratamientos, champús… Nada dio resultado. Necesité de muchos meses para asumir que era mejor rendirme y aceptar mi nueva imagen. Mi novia me ayudó”.

17. Sergio, 32 años, periodista: “Fue traumático quedarme enteramente calvo a los 25. En mi círculo de amigos y familiares, dejé de ser Óscar, para ser Mr. Proper. Me ponía de los nervios. Pero resultó que cuando empecé a hacer castings para televisión, como periodista, observé que a mí me llamaban antes que a otros compañeros. Y me salían más ofertas de trabajo para presentador de programas. Deduje que la calva me hacía diferente, reconocible. Ahora no la sustituiría por nada del mundo”.

"Creo que has de ser muy guapo, muy estupendo físicamente, muy simpático o tener mucho carisma para que de pronto tu calvicie pase desapercibida"

18. Carlos, 37 años, funcionario: “Comencé a perder el pelo con 24 años. Por estrés, me dijo el médico. Fue la época en la que me estaba preparando oposiciones. Y sí, al principio me fastidió, pero era tan importante aprobar esos exámenes que me dio todo igual. Efectos colaterales, lo denominé”.

19. Pedro, 33 años, camarero: “Bruce Willis, Ed Harris, Guardiola, Michael Jordan… No creo que nadie se fije en si están totalmente pelones, pero sí en que en sus trabajos son tipos de éxito. Teniendo este ejemplo como referente, siempre me animé mucho con mi calvicie que dejó de ser incipiente a los 29 para convertirse en total a eso de los 32”.

20. Lucio, 53 años, electricista: “Quedarse calvo no es algo que mole, a priori, aunque haya tipos que sepan encajarlo muy bien. Creo que has de ser muy guapo, muy estupendo físicamente, muy simpático o tener mucho carisma para que de pronto tu calvicie pase desapercibida. Y yo no reunía nada de eso. Lo que buscas siempre es minimizar el daño y, en mi caso, el objetivo que me marqué entonces fue, al menos, no engordar y mantener un nivel físico lo más aparente posible”.

21. Carlos, 45 años, funcionario: “Bueno, a mí es que siempre me ha parecido que lo de ser calvo tenía un punto sexi. Mira las fotos del modelo Tyson Beckford. Bueno, no creo que esté calvo, creo que va rapado, pero el efecto es el mismo. Y a mí me sirve de inspiración”.

22. Javi, 42 años, empresario: “Al principio sientes una especie de frustración. Como si te fallara un recurso estético con el que te sentías bien a nivel de imagen. Pero, poco a poco, a medida que cumples años, dejas de darle importancia a la estética, y te centras en las emociones y valores esenciales de la vida. Ves que la alopecia no es uno de ellos y descubres que no pasa nada”.

23. Jesús, 50 años, inspector mecánico: “Empecé a perder mucho pelo a los 28 años. Pero nunca supuso un trauma. Nunca he entendido a aquellos que prueban mil cosas para intentar que el pelo les vuelva a crecer. Ojo, que no critico a nadie, solo que, en mi caso, lo asumí como algo natural y siempre me he sentido muy orgulloso de ser calvo”.

Más información