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El brutalismo se instala en Instagram

El antaño denostado estilo arquitectónico es hoy reivindicado gracias a una moderna coalición: crisis y redes sociales

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Biblioteca Geisel de la Universidad de California, San Diego (William Pereira, 1970).

Si Skepta no es el hombre del momento, lo parece. El ganador del Premio Mercury al mejor disco británico del año lleva una racha triunfal que comenzó con el vídeo de Shutdown, que ya ha superado los 25 millones de visionados en YouTube. El ajuste de cuentas con el mundo del rapero negro de Tottenham fue rodado en uno de los complejos brutalistas más conocidos de Europa, Barbican Estate.

Torre de agua Grand Central, Midrand, Sudáfrica (GAPP Architects & Urban Designers, 1996).
Torre de agua Grand Central, Midrand, Sudáfrica (GAPP Architects & Urban Designers, 1996).

Y no por casualidad: en 2016, estas colmenas de edificios construidas en los sesenta y setenta en un área de Londres que había sido devastada por los bombardeos alemanes era el escenario perfecto para unas rimas descarnadas y agresivas. Pero no era el primer vídeo allí grabado. Medio siglo antes, en 1965, Unit 4+2’s, un grupo de pop blanco y encorbatado, fue el primero en hacerlo. Concrete and clay hablaba de parejitas paseando cogidas de la mano sobre aceras brillantes en calles relucientes que hacían soñar con un futuro mejor.

De esta anécdota se pueden sacar varias conclusiones. Una es la omnipresencia del brutalismo en la cultura popular. Otra, que su inclusión en libros, canciones o películas casi nunca es neutra y expresa no solo un gusto personal, también nos habla del tiempo en que vivimos. Y la más importante: que puede servir para expresar ideas opuestas: Esperanza y desesperanza. Belleza y fealdad. 

La arquitectura brutalista fue creada básicamente por el arquitecto suizo Le Corbusier, que se enamoró de las posibilidades del hormigón. Barato y abundante, es el segundo material más consumido del mundo después del agua. La primera ola de brutalistas lo consideraba la sustancia perfecta para reconstruir un mundo, el de los años cincuenta, arrasado tras la Segunda Guerra Mundial. El brutalismo enseguida se convirtió en la tendencia arquitectónica reinante.

A la izquierda, Casa de Piedra  Interni Think Tank, Milán, Italia (John Pawson, 2010). A la derecha, Terminal de Trans World Airlines (TWA), en el aeropuerto JFK de Nueva York (Eero Saarinen and Associates, 1962).
A la izquierda, Casa de Piedra / Interni Think Tank, Milán, Italia (John Pawson, 2010). A la derecha, Terminal de Trans World Airlines (TWA), en el aeropuerto JFK de Nueva York (Eero Saarinen and Associates, 1962).

Pero ese mismo éxito llevaba consigo su condena. Convertido en el arma del desarrollismo más salvaje, el brutalismo se plasmó en el imaginario popular en plazas desoladas y edificios monstruosos y sin alma. Su mismo nombre, derivado de béton brut, que en francés significa 'hormigón crudo', adquirió una connotación despectiva que muchos asocian con brutalidad.

La de Rotterdam, Países Bajos, (OMA, 2013)
La de Rotterdam, Países Bajos, (OMA, 2013)

Convertido en el sinónimo de todo lo malo de la arquitectura contemporánea, despertaba un rechazo tan unánime que entre sus detractores estaban los conservadores, que lo asociaban con el bloque comunista, y la contracultura de izquierdas. “La opinión pública se puso en contra del brutalismo mucho antes que los neoliberales, cuando la generación antisistema de los sesenta lo tachó de fascista”, explica el profesor de arquitectura Timothy Rohan.

Pero esa concepción ha cambiado coincidiendo con la llegada de la crisis y el advenimiento de las redes sociales. “El brutalismo hoy ha desarrollado una capacidad única de superar las divisiones de clase. Los obreros y los multimillonarios aprecian su encanto. Incluso si a veces se sienten frustrados por su inflexibilidad, también son atraídos por su sencillez. Es fácil ver por qué el brutalismo está floreciendo en la era de los movimientos okupas. Pero hay otra fuerza que impulsa el resurgimiento, quizás menos austera y desinteresada: la fotografía en general, e Instagram en particular”, dice el periodista británico Felix Salmon.

Una opinión que confirman libros como Un mundo brutal, publicado recientemente por Phaidon, cuyas fotos ilustran este artículo. O cuentas de Instagram como New Brutalism, Brutal Architecture, Brutopolis o Brut Group.

A la izquierda, Whitney Museum of American Art, Nueva York (Marcel Breuer, 1966). A la derecha, Monumento Llinden en Krushevo, Macedonia (Jordan e Iskra Grabuloski, 1974).
A la izquierda, Whitney Museum of American Art, Nueva York (Marcel Breuer, 1966). A la derecha, Monumento Llinden en Krushevo, Macedonia (Jordan e Iskra Grabuloski, 1974).

“Quiero reevaluar el término brutal. Celebrar lo mejor del canon tradicional y traer a la luz tesoros arquitectónicos brutales prácticamente desconocidos que he encontrado en mis viajes reales y virtuales. Recordar que el brutalismo vive en la arquitectura contemporánea de finales del siglo XX y principios del XXI”, dice el autor de Un mundo brutal, el diseñador británico Peter Chadwick.

Es parte de un movimiento global que valora su aspecto escultórico en el que también se podría incluir páginas de Facebook como The Brutalism Appreciation Society, con casi 50.000 miembros tremendamente activos. Es el signo de los tiempos o, como dice Felix Salmon, “el brutalismo puede ser aún un poco austero para el gusto de muchas personas, pero cuando vives en algo tan fotogénico, no puedes dejar de sentir un poco de glamour por asociación”.

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