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ENTREVISTA | LAWRENCE GOSTIN

“Necesitamos una ley para hacer realidad el derecho a la salud”

El director del Instituto O’Neill propone un tratado internacional vinculante que garantice la salud global

El profesor Lawrence Gostin, en la sede del ISGLOBAL de Barcelona el pasado martes

Epidemias como la del ébola cristalizaron, una vez más, hasta qué punto las desigualdades sociales influyen en la salud. En países con escasos recursos, las posibilidades de frenar la expansión de un virus, como por ejemplo, el ébola, se reducen considerablemente con respecto a lo que podría suceder en países más desarrollados. Para combatir los efectos del código postal, el profesor Lawrence Gostin, director del Instituto O’Neill para la Ley de Salud Global en la Universidad de Georgetown (EE UU), apuesta por explotar los brazos legales para hacer cumplir derechos humanos ampliamente reconocidos como el derecho a la salud.

Gostin, que ha estado en Barcelona esta semana para dar un curso en el Máster en Salud Global del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), defiende la creación de un tratado internacional vinculante para que todos los territorios del planeta tengan un derecho efectivo a la salud.

Pregunta. ¿Las leyes mejoran la salud?

Respuesta. La mayoría de la gente cree que la salud es sólo cuestión de medicinas y ciencia, pero la verdad es que la mayoría de los avances más importantes que hemos conseguido en materia de salud son gracias a la legislación. Si miras los 10 grandes logros del siglo XX, lo que descubrimos es que todos han sido realizados gracias a la legislación, leyes sobre la salud, ya sea vacunación infantil, regulación sobre el tabaco, coches y carreteras seguras, seguridad en el entorno del trabajo... Prácticamente cualquier área que se pueda imaginar implica el uso de la ley. La legislación pública en materia de salud puede marcar la diferencia pero lo ignoramos y no aprovechamos el amplio potencial que representan.

"La gran epidemia de la humanidad es la injusticia", dice el profesor Gostin

P. Usted propone hacer una ley de Salud Global. ¿En qué consiste?

R. El tratado que he propuesto, que se llamaría Marco de Acuerdo en Salud Global (Framework Convention on Global Health, en inglés) es un tratado basado en el derecho a la salud, pero también en el derecho a las justicia. Está basado en la igualdad y en lo que es justo.

Una de las cosas que he visto viajando por el mundo es que hay dos puntos de vista muy diferentes sobre salud global. La narrativa de Bill Gates, Michael Bloomberg o los dirigentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros, es que hemos realizado grandes avances en materia de salud, vivimos más años, mueren menos niños en el parto, la gente recibe medicación para el SIDA.. Y es cierto, pero cuando salgo de los países civilizados y viajo a países pobres el punto de vista es otro. Es una historia de profunda pobreza e injusticia. Estas dos narrativas son opuestas pero al mismo tiempo las dos son ciertas. Podemos tener salud global, pero no sin justicia.

P. ¿Cómo se consigue esa justicia?

R. La injusticia que observamos alrededor del mundo es injusticia entre países ricos y pobres, pero también dentro de los países mismos, sea en España, Brasil, o EEUU. Tienes gente muy rica y gente muy pobre, gente muy saludable que viven más años y gente que viven menos. Hay que garantizar el derecho a la salud y redistribuir los beneficios de la buena salud a todo el mundo.

P. ¿El acceso universal a la salud debe ser gratuito en todo el mundo?

R. Sí. Debería ser gratis para todo el mundo. Los objetivos sostenibles de desarrollo de la ONU considera un objetivo la cobertura sanitaria universal. La salud pública es un derecho y no debería cobrarse por ello.

P. ¿Qué impide que se ponga en marcha esa Ley de Salud Global?

R. Hay mucha gente que lo apoya como Ban Ki Moon, el antiguo secretario general de la ONU, pero lo que impide que se haga es la gente poderosa. Los EE UU, en particular con Donald Trump, están contra cualquier tipo de acuerdo internacional e incluso muchos estados europeos no quieren ver derechos: ven la salud global como caridad y yo lo veo como un derecho.

P. ¿Qué líneas prioritarias se deberían seguir ahora?

R. Lo hicimos muy bien con el tabaco. Hay dos áreas en las que tenemos que hacer: una es la comida y la obesidad y la otra son las lesiones. Es difícil hacer una elección saludable con la comida porque es complicado encontrar productos que no tengan azúcar o hay productos que muchos piensan que son saludable y no lo son. Podemos exigir a los fabricantes que proporcionen más información, prohibir las grasas trans, bajar la sal, poner impuestos a la comida no saludable.

Y el otro tema son las lesiones de tráfico, que se pueden prevenir. Ya lo hemos hecho en EEUU y el oeste de Europa y han bajado los accidentes pero si vas a India, Bangladesh o China, los accidentes están creciendo porque no tienen medidas de seguridad como el cinturón de seguridad, airbags... Estoy seguro de que es posible hacer una sociedad más segura y saludable.

P. ¿Las leyes son el instrumento para hacer cumplir los derechos humanos?

R. Sí. El problema que tenemos es que hay tratados internacionales que recogen derechos como a la salud pero no se respetan. Necesitamos una ley para traducir el derecho a la salud en una realidad. No tendremos realmente un derecho a la salud hasta que el gobierno crea leyes que te den ese derecho.

P. ¿La desigualdad es la gran epidemia de la humanidad?

R. Yo creo que la gran epidemia es la injusticia. De hecho, es una gran pandemia. Necesitamos a gente sana pero también necesitamos justicia. Necesitamos un reparto justo de los beneficios de la buena salud entre ricos y pobres, inmigrantes y autóctonos, hombres y mujeres. Y eso no se hace y es la gran injusticia. Prestar atención a los más vulnerables y sería el camino para conseguir los estándares de salud global con justicia.

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