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La muñeca hinchable solo apunta a su dueño

El regalo de una organización de empresarios chilenos al ministro de Economía es vergonzoso

Luis Felipe Céspedes,ministro de Economía de Chile (a la derecha), recibe el regalo de la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma).
Luis Felipe Céspedes,ministro de Economía de Chile (a la derecha), recibe el regalo de la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma).

¿Se imaginan a los empresarios alemanes regalando un potente vibrador a Angela Merkel o, por acercarnos más al problema que nos ocupa, a los empresarios chilenos entregando un muñeco hinchable a su presidenta, Michelle Bachelet? Hay cuestiones que no son problema de igualdad, o no solo, sino de civilización.

Asexma, una importante organización de empresarios chilenos, regaló esta semana a su ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, una muñeca hinchable con la boca tapada (obviaremos ahondar en la redundancia de acallar a quien ya está callada) con el rótulo “para estimular la economía”. En el acto se encontraban siete autoridades chilenas, entre ellas dos candidatos a la presidencia, y la risa fue generalizada. No sabemos si es la economía la que necesita estimularse de forma tan procaz o son estos empresarios —de nombre tan asexuado, por cierto— los que lo precisan, pero lo que les urge sin duda es un tratamiento de choque contra el machismo y la mala educación.

Luis García Berlanga llevó al cine una muñeca hinchable en Tamaño natural, una película poética sobre la soledad interior de un dentista parisiense que abandona todo para entregarse al amor a un maniquí. Con guión de Azcona, el maestro de Bienvenido Míster Marshall o El verdugo retrataba en 1973 el absurdo y la perversión vital que se esconden tras la relación con un producto manufacturado que no llora, ni grita, ni se queja, ni enferma. El protagonista domina la relación sin que le chisten. El cine ha tenido otros ejemplos de relaciones con muñeca hinchable o, de forma más evolucionada, con productos robóticos, pero es siempre la turbiedad de la mente de quien la posee la que queda en evidencia. Berlanga nos enseña que la muñeca hinchable (aunque le tapen la boca) solo apunta hacia la oscuridad de su dueño.

Es paradójico además que el incidente se haya producido en Chile, donde la presidenta (que condenó inmediatamente lo ocurrido) fue la primera líder al frente de ONU Mujeres, la organización creada por Naciones Unidas para abordar las cuestiones de igualdad. Chile es un país que aún prohíbe el aborto y ni siquiera las promesas de Bachelet han permitido abrir la vía a una modernización legislativa del país.

El ministro de Economía y el propio presidente de Asexma se han disculpado. “Pedimos perdón: tengo esposa, hijas y nietas y jamás la intención fue generar violencia contra la mujer”, aseguró Roberto Fantuzzi, líder de Asexma. “Pido disculpas. Lo ocurrido no se condice con el respeto por la dignidad de las mujeres”, dijo el ministro. También los candidatos presentes, el ex secretario general de la OEA José Miguel Insulza y el senador Alejandro Guillier, se disculparon. Pero la imagen no se va a borrar fácilmente.

Volvemos al principio: no aspiramos a un mundo en el que los empresarios regalen maniquíes o vibradores a Merkel o Bachelet para conseguir la igualdad con lo ocurrido en Chile, sino a uno de mejor educación donde la mujer (y el hombre) sean respetados sin cosificar.

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