BIOLOGÍA

Cómo ser un buen padre: la estrategia de la escarabaja

Las hembras de un coleóptero emiten una hormona antilibido para que el macho se concentre en los hijos

La pareja en los buenos tiempos de copulación.

Las atenciones voluptuosas de un macho, por llamarlas de alguna forma, suelen estar garantizadas en el reino animal, pero pueden resultar atosigantes en ciertas ocasiones, como cuando una está intentando sacar adelante a la prole. ¿Es acaso imposible que el padre se concentre en lo que debe? De ningún modo. La hembra del escarabajo carroñero Nicrophorus vespilloides ha encontrado un remedio contundente: emite una feromona antilibido que deja al macho más tieso que un ocho y con menos ganas de copular que de comportarse como un buen padre. Nada parecido ocurre en otras especies, ¿no?

Pese a ser un escarabajo carroñero, o necróforo (transportador de muertos, literalmente), Nicrophorus vespilloides ha llamado la atención de los entomólogos por ser una de las raras (en el sentido de no muy frecuentes) especies que exhiben cuidado biparental de los hijos: el macho ayuda a la hembra a alimentar a la progenie, en lugar de aprovechar la feliz ocasión para darse un fiestón de carroña y volver a las tantas al tálamo conyugal apestando a fiambre.

Sandra Steiger y sus colegas de la Universidad de Ulm (la ciudad alemana en que nació Einstein) han recolectado unos 400 especímenes de Nicrophorus vespilloides –el nombre específico, o apellido, se debe a su coloración tipo avispa— y han analizado sus pautas de apareamiento, sus perfiles hormonales y su producción de huevos.

Una pareja de nicróforos limpian el cadáver de un ratón para alimentar a la prole.

Observaron luego que las hembras tienen una fase infértil mientras sus crías necesitan cuidado, inducida por la denominada hormona juvenil III, y que otra hormona muy similar, el metil geranato, informa al padre de las criaturas de que durante ese periodo todo intento de copular será fútil. El metil geranato se comporta como una verdadera feromona antiafrodisiaca, porque el macho apenas lo intenta en esa fase. Total para qué, se dirá con machuna resignación. Steiger y sus colegas presentan los resultados en Nature Communications.

“La infertilidad femenina y la abstinencia sexual masculina posibilitan que los recursos parentales se inviertan de forma concertada en la progenie en desarrollo”, explica Steiger. “Nuestro trabajo aporta un entendimiento más profundo de los mecanismos que subyacen a las decisiones parentales adaptativas”. ¿Decisiones parentales adaptativas?, se preguntará el nicróforo anegado de feromonas antilibido. Pero así es la prosa forense de los estudiosos del comportamiento animal: un eufemismo tras otro y nada de carne.