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Giro peligroso

El acuerdo con Turquía sobre refugiados plantea dudas de su legalidad y eficacia

Migrantes acampados en Idomeni, en Grecia, a la espera de poder cruzar la frontera con Macedonia. AP

En un inesperado giro en la crisis de los refugiados, la UE ha alcanzado un acuerdo con Turquía que prevé devolver a suelo turco a todos los inmigrantes que lleguen a Grecia de forma ilegal, incluidos los sirios que huyen de la guerra, sin distinguir entre migrantes económicos y refugiados con derecho a asilo. La propuesta tomó por sorpresa a la mayor parte de los jefes de Estado, lo que revela la improvisación con la que fue negociada bajo la batuta de la canciller alemana, Angela Merkel. El acuerdo supone un cambio de imprevisibles consecuencias y es fruto de la impotencia de la UE para acordar la gestión conjunta del derecho de asilo y la desesperada urgencia de frenar la avalancha de refugiados que se espera con la llegada del buen tiempo.

A la espera de conocer los detalles, que se fijarán en una nueva cumbre la próxima semana, lo acordado plantea graves interrogantes sobre su legalidad y eficacia. Como ha advertido Naciones Unidas, el pacto puede contravenir no solo los tratados internacionales sobre refugiados, sino la propia normativa comunitaria, particularmente la Convención Europea de los Derechos Humanos. Aunque su propósito sea disuadir a los migrantes de emprender peligrosas travesías en manos de traficantes sin escrúpulos, lo cierto es que consagra una especie de devolución masiva que puede vulnerar derechos fundamentales.

Según lo acordado, la UE podrá devolver a Turquía a todos los migrantes que lleguen de forma ilegal a las costas griegas, pero se compromete a recibir de forma legal un número igual de refugiados de entre los 2,7 millones que se encuentran en territorio turco. Aparte de que es previsible que los flujos que ahora llegan a Grecia se desplacen hacia Italia o incluso España, el acuerdo deja en manos de Turquía la llave de cerrar o abrir la espita hacia Grecia según le convenga para sus intereses nacionales, que aparecen claramente reflejados en el texto. Turquía ha exigido a cambio de retener refugiados la total exención de visados para viajar a la UE para 75 millones de turcos, y avanzar en el proceso de adhesión; logra así una poderosa arma de negociación justo cuando el país se aleja de forma evidente de los requisitos que se exigen para formar parte del club. La deriva que ha seguido el régimen de Erdogan convierte la separación de poderes en una ficción y vulnera derechos fundamentales como la libertad de expresión y el derecho a la defensa.

El vuelco que ha dado la UE contiene un peligroso mensaje: el de que se puede transigir con los derechos fundamentales y los principios morales si se obtiene un beneficio a cambio. El camino que ha llevado a este triste acuerdo puede actuar como un corrosivo de largo alcance para el futuro de la Unión. A nadie se le escapa que se ha llegado a este dramático punto porque la UE ha sido incapaz de alcanzar un pacto sobre el reparto de refugiados y, lo que es peor, ha sido incapaz de evitar que diferentes países incumplan los acuerdos adoptados y tomen decisiones unilaterales que han echado por tierra el Tratado de Schengen. Se ha demostrado que es posible incumplir leyes y acuerdos sin que ocurra nada. Es un grave precedente para futuras crisis.