Homenaje

La gran noticia de los últimos días ha sido la absolución de los ocho trabajadores de Airbus

Han pasado demasiados años desde casi todo. Esa impresión me asalta al repasar la crónica judicial que acapara los titulares, ahora que todos nos hemos cansado de pronosticar si habrá o no Gobierno de quién con quién, o nuevas elecciones. Los historiadores del futuro escribirán tesis sobre el caprichoso ritmo que impulsa los procesos judiciales en estos tiempos. Bien está lo que bien acaba, pero esto sólo acabará bien si aprendemos de nuestros errores. Para mí, la gran noticia de los últimos días ha sido la absolución de los ocho trabajadores de Airbus a quienes el fiscal pedía ocho años de cárcel por participar en una huelga general. Esta lamentable peripecia sólo habría terminado bien si el caso se hubiera archivado, pero al ser esto imposible por el Código Penal vigente, la absolución por falta de pruebas protege al menos el ejercicio concreto de un derecho fundamental. La sentencia da la razón, una vez más, a los activistas políticos y sindicales a quienes la derecha mediática suele presentar como una violenta horda de radicales. Así fueron calificados en Madrid los trabajadores del Canal de Isabel II que denunciaron manejos encaminados a la privatización del agua y otras turbias operaciones que un juez ha calificado ahora como fuentes de la financiación ilegal del partido de Aguirre, quien se ha visto obligada a dimitir antes de que las cosas se pongan peor. En este, y en muchos otros casos, las denuncias de trabajadores conscientes y responsables, que a menudo fueron despedidos, multados e incluso juzgados por denunciar la corrupción a la que asistían a diario, han puesto en marcha la maquinaria judicial contra los corruptos. No sólo se merecen una disculpa. También habría que hacerles un homenaje.