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El tercer hombre

Seguramente lo que se votó el 20-D es una síntesis de todas las consignas: estabilidad con cambios

Superada la barrera de los 45 días, todos siguen comportándose como si hubiesen ganado. A veces, perdonavidas, olvidan que a falta de vencedor absoluto, todos perdieron algo. Siguen como si la campaña continuase y las contorsiones teatrales fuesen política, y no teatro. Como si la prioridad fuese aún afirmar diferencias en vez de acortar distancias para el pacto.

Se comportan como si los españoles no tuvieran prisa en resolver sus enormes problemas y contar con un agente que los encauce, como si nuestra paciencia fuese infinita, benedictina o belga. Como si el euro barato y el petróleo tirado fuesen a durar siempre. Como si las asignaturas pendientes fuesen a resolverse solo en casa, y no con los socios europeos. Como si unas elecciones anticipadas fuesen a resolver el crucigrama y no a confirmar (con acentos) el mapa.

Yerran. Porque si los cuatro grandes actores eluden un conjunto de acuerdos (de gobierno, parlamentarios, de grandes reformas), se arriesgan a recibir el esquinazo de los electores.

Lo más urgente es que abandonen las consignas de que el 20-D triunfó la Continuidad o se proclamó el Cambio, con mayúsculas. Seguramente lo que se votó es una síntesis: estabilidad con cambios. Eso requiere idealmente un Gobierno estable, de amplio apoyo, con encaje fluído en la UE, que emplee una legislatura en recuperar la economía, suturar la fractura social, reformar instituciones (cuestión catalana, Constitución...).

La primera gran opción para plasmarlo seguiría siendo La super gran coalición, de ardua fragua, pero que con tino reclamó aquí Josep Maria Colomer el 22/XII: conservadores (PP), socialistas (PSOE), liberales (C’s). Aportaría sintonía con la UE (imbatibilidad para negociar el déficit con Bruselas), entrada de la nueva política, primacía electoral conservadora, política económica ortodoxa suavizada, corrección social socialista). Visto lo visto, y lo que está por ver, igual requeriría al frente un tercer hombre, mejor antisectario, de centroizquierda (para compensar el sacrificio socialista) y relieve internacional.

La otra opción, el trío PSOE-P’s-C’s, es aún más difícil. Excluye a la primera minoría e incluye a dos socios muy antitéticos y un dilema: ¿cómo compensar a C’s? Pero también tiene virtudes.

Hay más, pero deberán convencernos de su estabilidad.