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El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento

Una buena educación y un entorno protector en la infancia es una combinación milagrosa para salir de la pobreza

El tiempo es algo relativo: Cinco años pasan rápido para un anciano y muy despacio para un joven. Pero para un niño, cinco años son eternos. Así, el daño que se haga a una persona durante su niñez es un daño que le marcará y le acompañará siempre. Por eso, la niñez del ser humano tiene que ser sagrada.

Y sin embargo, el 20% de las mujeres sufrieron abusos sexuales durante la infancia. En la actualidad hay más de 250.000 niños y niñas combatientes. Hay 218 millones de niños y niñas sometidos al trabajo infantil (Los niños y niñas representan el 50% de todas las víctimas del trabajo forzado).

¿Cómo combatir estos datos? ¿Cómo contribuir a sacralizar la infancia? Mediante la protección.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) es la principal organización internacional que trabaja para promover los derechos de la infancia. Esta institución internacional trabaja en varias áreas clave: La supervivencia infantil y la materna, el VIH/SIDA (los niños han sido durante años la cara oculta de esta enfermedad), la promoción de políticas y alianzas a favor de la infancia y la protección frente al abuso y la explotación.

¿Como podemos contribuir al desarrollo de un país a través de su infancia? La educación parece una buena opción.

La educación es decisiva para el desarrollo de las personas y las sociedades, contribuye a mejorar las condiciones de vida y erradica círculos de pobreza. Sin embargo, millones de niños y niñas no van a la escuela a causa de la pobreza, la desigualdad, la falta de infraestructuras o de profesores.

Millones de niños no van a la escuela a causa de la pobreza, la desigualdad, la falta de infraestructuras o de profesores

La mayor población de niñas y niños sin escolarizar se encuentra en África subsahariana, donde alrededor de 45,5 millones de niñas y niños en edad de enseñanza primaria no asisten a las clases. Casi el 80% de las niñas y los niños en edad de enseñanza primaria de todo el mundo asisten hoy a la escuela. Pero en edad escolar de secundaria, sólo el 49% lo hace.

El primer hombre es la novela inconclusa que el Nobel de literatura Albert Camus estaba escribiendo cuando murió. El protagonista de esta novela es un niño muy pobre que, sin embargo, cuenta con una buena educación escolar y con un entorno familiar protector.

La historia autobiográfica narrada en esta novela prueba que la combinación de estos dos recursos es milagrosa para salir de la pobreza: Siembren infancia protegida y riéguenla con educación. El resultado es tan bueno que hasta puede florecer un premio Nobel.

Miguel Forcat Luque es economista y trabaja para la Comisión de la Unión Europea. El propósito de este artículo fue escrito por el autor por su propio nombre y no refleja necesariamente el punto de vista de la institución para la que trabaja. El propósito de este artículo no compromete la responsabilidad de esta institución.