Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Milán día 2: Postre, café y puro

El segundo día de la Milan Fashion Week fue una ración completa de márketing, creatividad y adolescentes histéricas

ampliar foto

"Me pregunto cómo le afectará a alguien tan joven tener a cinco mil niñas gritando tu nombre histéricas". Lo decía un compañero, con cara de preocupación, mientras guardias de seguridad intentaban hacer sitio entre las fans para que pudiéramos entrar a Calvin Klein. Su invitado de honor, Cameron Dallas, era un guapo californiano de 21 años, de oficio youtuber/cantante/actor, con varios millones de seguidores en sus redes sociales y que, por supuesto, ninguno de los presentes mayor de 25 sabía quién era. "Es como Justin Bieber, pero más guapo", nos ofreció otra compañera como explicación.

Las texturas metálicas son un elemento clave de Calvin Klein Collection (y, en general, de la temporada que viene).

La firma estadounidense está comprometida con su misión de conquistar a los escurridizos millennials. Sus métodos son pioneros: este verano, se convirtió en la primera casa de moda en anunciar su ropa interior, vestida por el propio Bieber, en una red social de ligue.

Hechos los deberes de márketing, su director creativo, Italo Zucchelli, lanzó cuatro ideas sobre la pasarela, pero perfectamente desarrolladas: sastrería afilada y de hombros anchísimos, prendas técnicas infladas, vaquero blanco y esa tendencia que se está revelando por sorpresa en estos desfiles, las texturas metálicas. Concisión. Sólo con eso, Zucchelli, que diseña la ropa masculina de Calvin Klein Collection desde 2004, supo hacernos olvidar el lío que había en la calle (aunque Dallas, instalado en primera fila, no tenía cara de estar sufriendo).

Menú completo

Bottega Veneta resulta elegante hasta en su versión 'grunge'.

El segundo día de las pasarelas masculinas de Milán puso sobre la mesa el chinchón que la convierte en la ciudad más poderosa –y agotadora– de la industria. Desfiló Boglioli, una firma de sastrería cuyo nuevo diseñador, el ex Gucci Davide Marello, promete un matrimonio decente entre su sastrería de construcción ligera y las tendencias (principalmente gracias a su lucida paleta con los colores de la temporada: ciruela, caldero, óxido, beis).

También hubo casas de accesorios convertidas en pesos pesados de la moda, unas del lado trendy (Ferragamo) y otras, del clásico (Tod's). Bottega Veneta merece una mención aparte: la intención de Tomas Maier era firmar una colección "elegante", y lo consiguió. El primer traje negro de cachemir, los looks de tartán del final e incluso las piezas de piel teñida en azul índigo o burdeos, la colección fue una razón por la que empezar a ahorrar, o a fantasear, desde ya.

Hay pocas colecciones que terminen con una ovación, pero el de Prada del domingo por la tarde arrancó al público uno muy merecido. Con un precioso desfile donde la inspiración marinera se entremezclaba con lo infantil y los años setenta, la casa italiana que mejor sabe hacer caja con la vanguardia se apuntó su mejor tanto en las últimas temporadas.

Nos recordó que nunca hay que subestimar el poder de una canción (Where the wild roses grow, el dueto de Nick Cave y Kylie Minogue, se metió al público en el bolsillo en el momento más evocador del desfile) y que lo que hay que ver sobre una pasarela son prendas magníficas, y no ropa normal, trucos de estilismo y una canción de house de la lista de Spotify de los viernes del primer asistente del diseñador.

 

Más información