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Acuerdo de mínimos

La gobernabilidad no puede ser rehén de tensiones internas en el PSOE

La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, sentada frente a la dirección del PSOE durante la reunión de su comité federal.
La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, sentada frente a la dirección del PSOE durante la reunión de su comité federal. EFE

El comité federal del PSOE alumbró ayer un acuerdo de mínimos para que las luchas internas por el poder no oscurezcan y compliquen aún más las negociaciones sobre la formación de Gobierno. La gobernabilidad no puede convertirse en rehén de luchas intestinas. Atender el proceso de formación de una mayoría parlamentaria es hoy prioritario respecto a planteamientos que, por legítimos que sean, deben solventarse en el momento oportuno; y este no lo es.

Los críticos del secretario general buscan la convocatoria inmediata de un congreso del PSOE, donde se pondrá en juego el liderazgo del partido. En febrero se cumplirán cuatro años de la celebración del anterior congreso ordinario —el que Alfredo Pérez Rubalcaba ganó a Carme Chacón—, y por lo tanto toca realizar otro. Pero tiene poco sentido llevar a cabo un congreso en medio de los contactos para la formación de Gobierno. La pelea interna —ponencias, candidaturas— se impondría sobre los mensajes y negociaciones debidos a la ciudadanía. Así que se trata de una cuestión que le afecta, a no ser que el PSOE se considere ajeno al asunto.

Esto debe quedar claro, sin perjuicio de recordar que celebrar los congresos de partido cada cuatro años es un plazo excesivo; pero ese no es el argumento que se escucha a los que pretenden un congreso inmediato del PSOE.

Tras las elecciones del 20-D, hemos insistido en que hay que ir paso a paso en la investidura para la presidencia del Gobierno. Por la misma razón, los congresos de las fuerzas políticas no deberían quemar ni cortocircuitar ese proceso. Mariano Rajoy tiene derecho a intentar su propia investidura como cabeza del partido más votado; y si fracasa, Pedro Sánchez debería tener su oportunidad desde la posición de líder de la segunda fuerza. Tiempo habrá para que se cuestionen los liderazgos respectivos si ninguno de los dos lograra el objetivo.

La puesta en valor del comité federal como el órgano donde debe decidirse la política de pactos es correcta, pero resulta demasiado evidente que responde a las tensiones internas. El PSOE no es una fuerza presidencialista, y por lo tanto su líder carece de los amplios márgenes con los que cuentan los dirigentes de partidos más personalistas. Siendo irrefutable que la política de acuerdos se decide en el comité federal, también lo es que nadie dio prioridad a ese órgano a la hora de pactar con Podemos o con Ciudadanos para aupar a miembros del PSOE a las presidencias de diferentes comunidades autónomas y alcaldías. Cada dirigente territorial lo organizó con arreglo a sus criterios y a las posibilidades que daban los resultados en las urnas.

El secretario general sale de la reunión del comité federal con capacidades muy limitadas para representar al partido. La condición más llamativa es la de no sentarse con Podemos hasta que este “renuncie” al referéndum exigido para Cataluña; una limitación que prácticamente equivale a cerrar la puerta a Pablo Iglesias. Es bastante paradójico que el Partido Socialista sea el mismo que anima, como es debido, a Rajoy a negociar sin condiciones previas con Mas.

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