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Alerta antiyihadista

El Gobierno debe explicarse sobre el alcance de los riesgos que corre España

Imagen facilitada por la Policía Nacional de la detención en el poblado chabolista de la Cañada Real (Madrid) de uno de los tres supuestos yihadistas que mantenían contactos por Internet con desplazados a Siria y a quienes habían ofrecido atentar en Madrid. EFE

La detención de tres sospechosos de estar listos para cometer atentados y tener acceso a armas eleva a 60 el número de presuntos yihadistas arrestados en España en lo que va de año, y 27 más en otros países, pero relacionados con el reclutamiento de individuos para el Estado Islámico en España. Más de 600 han sido detenidos en este país desde 2004. Sorprende que con tal nivel de intervención antiterrorista no se produzca una explicación más amplia del Gobierno acerca de si se trata esencialmente de actuaciones tempranas para poner fuera de la circulación a elementos sospechosos —como parece— o si es que se registra también ahora un aumento particularmente peligroso de la actividad yihadista.

Los tres últimos detenidos lo han sido tras la interceptación de comunicaciones, con un esquema similar al de otros individuos radicalizados que pueden actuar de modo autónomo siguiendo indicaciones emitidas desde bases en Siria, Irak o el norte de África. Días antes había sido detenida una mujer de 22 años convertida al islam cuando intentaba viajar a Siria captada por una red. Lo cual nos habla de la multiplicidad de frentes en que están inmersas las fuerzas de seguridad y nos permite felicitarnos de su grado de prevención contra el yihadismo españolizado o autóctono, que responde al elevado nivel vigente de alerta antiterrorista (4 sobre 5).

Sin embargo, la sociedad también debería participar y ser consciente del riesgo. Comunicar un goteo de detenciones da idea de eficiencia por parte de los cuerpos policiales, pero la conciencia social sobre este peligro exige explicaciones de conjunto respecto al alcance real de la movilización terrorista a la que nos enfrentamos y que, como se ha visto en París, Copenhage, Bruselas o Túnez, algunas veces consigue sus propósitos. Prepararse para este riesgo en España no es asunto solo del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por vigilante que se muestre.

 

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