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La ruta (sostenible) hacia el futuro es de plástico

Rotterdam apoya la innovación urbana a orillas del puerto más grande de Europa

Islas, carreteras y granjas emergen en una ciudad que ya no es la segundona de Holanda

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Así será el Parque Reciclado construido con los desechos acumulados en el agua

A pesar de contar con el primer puerto europeo, la historia contemporánea de Rotterdam ha estado marcada por cierto complejo de segundona, a remolque de la capital, Ámsterdam. Sin embargo, tras dos décadas de profunda transformación urbana, empieza a destacar como laboratorio donde los experimentos en busca de una ciudad sostenible se ponen en práctica con ayuda pública y privada. Una renovación que pasa por aprovechar el agua, su mayor baza, y transformar en islas o carreteras los residuos plásticos que arrastra. La ciudad es la última parada del río Mosa antes de entrar en el Mar del Norte, y los nuevos proyectos amplían el concepto clásico de reciclaje. El plástico, convenientemente tratado, vertebra la ruta hacia el futuro que se ha propuesto trazar la Ciudad Europea del Año 2015, así elegida por la ONG británica Academia Internacional de Urbanismo.

Las cifras del plástico son abrumadoras. Al año, se producen en el mundo unos 230 millones de toneladas en sus distintas modalidades. El cálculo es de 2009 y ha sido efectuado por la Fundación Mar del Norte (creada en Holanda en 1978 por varias organizaciones medioambientales). El 75% de las basuras acumuladas en el entorno corresponden al plástico —en el océano llegan al 80%— pero antes han debido pasar por los ríos. El Mosa, que nace en Francia, atraviesa Bélgica y tiene su desembocadura en Rotterdam, arroja al mar unas 15.000 piezas plásticas por hora. Desde botellas y tapones, a bolígrafos, bolsas o sandalias. Teniendo en cuenta que no solo contaminan, sino que pueden matar a los animales (indigeribles, no notan la sensación de hambre y perecen), los nuevos planes de transformación urbana pretenden convertirlo en bienes tangibles. Como el Parque Reciclado construido con los desechos acumulados en el agua.

Una vez extraídos, son analizados en la Universidad holandesa de Wageningen, especialista en recursos naturales, agricultura y medio ambiente, para elegir los más adecuados como material de construcción. Esta fase no será difícil, porque el 98% de los residuos flotan en la superficie o a un metro de la misma. Reunidos por los denominados Pescadores de Plástico, esta especie de pinza manejada a ras de agua, los separa y tritura expulsando la materia orgánica. Obtenida la mezcla más adecuada en el laboratorio universitario, se fabrican unas losetas hexagonales con las cuales montar una plataforma flotante de doble uso y distintas alturas. Por arriba, habrá árboles y vegetación que permita anidar a los pájaros. Por debajo, serán rugosas e irregulares para que los peces depositen sus huevos y haya mejillones y plantas acuáticas. Repartidas por el puerto, pueden acabar convirtiéndose en islas habitables fáciles de trasladar.

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Carreteras de plástico.

Los trabajos de producción darán comienzo dentro de dos meses y Ramón Knoester, arquitecto fundador del estudio WHIM y padre de la idea, sostiene que Bélgica (con el Escalda) y Londres (con el Támesis) han mostrado ya interés. “En Londres también recuperan las basuras del río. Hay hasta 10.000 voluntarios, pero luego las depositan en tierra y forman colinas de basura cubiertas de hierba. Lo nuestro trata de aprovechar el poder del plástico y proteger la naturaleza”, asegura, en el pabellón flotante plantado en una esquina del puerto desde hace cinco años.

Knoester cuenta con el apoyo del Fondo holandés para las Industrias Creativas y el Ayuntamiento de Rotterdam. El Fondo se enmarca en el Plan de la Comisión Europea para la Eco Innovación (2004) pero el consistorio respalda también a otros innovadores urbanos. Es el caso de Anne Koudstaal (varón) y Simon Jorritsma, que han ideado la Carretera de Plástico. Partiendo del uso sostenible del plástico como respuesta al problema vital que ocasiona, y de que el petróleo se acabe agotando, proponen una vía duradera y de fabricación rápida. Koudstaal es ingeniero de caminos y Jorritsma experto en asfalto y ciencia sostenible, y su carretera es una gran loseta ligera que puede instalarse en cuestión de semanas.

Al año, se producen en el mundo unos 230 millones de toneladas de plástico en sus distintas modalidades

Con 50 centímetros de altura, entre 3,5 y cinco metros de ancho, y una inclinación imperceptible, pero suficiente, el agua de lluvia se desliza hasta el borde y va después a la tierra o a los desagües urbanos. Soporta además el peso de vehículos pesados, y aunque su coste actual es similar al del asfalto, “dura hasta 100 años, contra los 20 de los asfaltados, que deben renovarse”. “La Carretera de Plástico aguanta temperaturas entre 40 grados bajo cero y por encima de los 80, así como posibles vertidos químicos”, afirman también. En el interior hay sitio para el cableado eléctrico y las tuberías de rigor. Para evitar que las partículas plásticas entren en el agua cubrirán con una capa especial, reciclada, por supuesto, la superficie de la carretera. Con financiación para los dos próximos años, y respaldados por la firma KWS Infra, la mayor de Holanda en construcción de carreteras y producción de asfalto, los módulos piloto serán instalados en 2017. El reto consiste en conseguir fondos hasta 2020 para afinar el modelo y añadirle (tal vez) paneles solares y amortiguar todavía más el ruido del tráfico para un producto “que no sufre corrosión y requiere un mantenimiento mínimo”.

Si el agua y el plástico se alían en los modelos anteriores, el agua y la leche forman la columna vertebral del proyecto de la Granja Flotante. Más de 700 años de lucha contra el mar y la querencia por los productos lácteos (19.000 granjeros producen al año 12.000 millones de kilos de leche, extraída de 1,6 millones de vacas, que reportan 4.300 millones de euros) dominan en panorama holandés. Ante la falta de terreno y la contaminación del suelo, Peter van Wingerden, responsable de Beladon, compañía especializada en construcciones acuáticas y sostenibles, lanzará en noviembre un jardín para el ganado vacuno. Con espacio para 60 ejemplares, que producirán 1.500 kilos de leche al día, se trata de una estructura montada en capas, con un establo con árboles en la parte superior. El conjunto soporta una subida del agua de hasta dos metros.

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Vista aérea de la futura granja flotante ideada por la compañía Beladon.

“Las vacas detestan el prado. Lo que les gusta de verdad son los árboles”, dice Van Wingerden, convencido. De todos modos, el suelo devuelve la sensación del pastizal y es poroso para poder separar la orina de las heces reduciendo la emisión de amoniaco. La primera, filtrada y recogida en un contenedor hermético instalado en la parte inferior, sirve como fertilizante líquido. Un robot se ocupa de las heces, que una vez fermentadas, son abono orgánico para producir pasto en el propio complejo. El agua de lluvia es recogida y tratada para que beban los animales, y el sol y el viento generan la energía suficiente para el conjunto. El ganado dispone también de un prado adyacente y accede a Granja Flotante por una rampa.

“La mayoría de las ciudades están a la orilla del agua y cada vez hay más gente y menos espacio. Trasladarnos al agua es natural y producir lácteos en la ciudad reduce el transporte y la contaminación”, comenta el responsable de Beladon. Teniendo en cuenta que el holandés medio consume unos 300 gramos diarios de lácteos, una veintena de granjas flotantes cubrirían, según sus cálculos, las necesidades de la mitad de los 620.000 residentes de la ciudad portuaria. Courage, la rama de innovación de la industria láctea holandesa, y la granja urbana Uit je Eigen Stad (De tu Propia Ciudad) apoyan el proyecto, sostenido con fondos privados.

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Así es la mayor purificadora de aire del mundo.

Pero Rotterdam no estaría completa en su búsqueda constante de un desarrollo sostenido sin algo de arquitectura vanguardista. Daan Roosegaarde, diseñador y artista, acaba de presentar la mayor purificadora de aire del mundo, que puede montarse en un solo día. Se trata de una torre de seis metros y medio de altura que succiona aire contaminado, como si fuera un aspirador, y lo devuelve limpio.

Con un centro de operaciones que ha bautizado con el nombre de Fábrica de Sueños, situado en la misma zona del puerto (MH4) que la Granja Flotante, ha llegado a un acuerdo con el consistorio. Se ocupará de convertir su estudio en un laboratorio de ideas “por extrañas que sean, que animen la economía local y favorezcan la creatividad”. Para la ciudad inteligente del futuro que imagina, aplica la “tecno poesía”, en sus propias palabras. Es decir, el espíritu práctico y la belleza misma de la naturaleza. Expertos de Pekín, Sao Paulo y Bombay son esperados en la ciudad holandesa para echar un vistazo a la torre. Entretanto, su faceta artística se traduce en los anillos y gemelos obtenidos con las partículas de carbón del aire contaminado. Sometido a baja presión, “son joyas equivalentes a 1.000 metros cúbicos de aire puro” urbano.