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“¿Qué hago yo aquí?”

El médico reflexiona sobre lo que significa para bien y para mal la decisión de irse de voluntario a un hospital africano, en Gambo, una región muy pobre de Etiopía

Xavier de las Cuevas junto con un grupo de pacientes y personal del hospital de Gambo, Etiopía, donde ha estado como voluntario.

Es la primera vez que he estado en Etiopía. La mañana siguiente después de mi llegada, de madrugada, a Addís Abeba, cogí el transporte público hacia el hospital de Gambo, situado a unos 300 kilómetros al sur de la capital en una zona rural con una elevada tasa de pobreza extrema, es decir, de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día. Cuando finalicé mi estancia, hice el camino a la inversa hacia Barcelona.

Los días que separan estos dos momentos, ejercí de médico voluntario. Y vale la pena recordar que el voluntario suele disponer solamente del tiempo de sus vacaciones anuales de su trabajo habitual, a menos que pida un permiso no retribuido o una excedencia. El trabajo en terreno no es retribuido y los gastos de desplazamiento los suele pagar el mismo interesado. La decisión es absolutamente personal, pero obligatoriamente participada por la familia. Es normal, de hecho, que personas del entorno de las personas que toman esta opción, lancen preguntas como: "¿Vale la pena ir a terreno por tan poco tiempo?" O te digan que, en realidad, "lo haces por ti mismo" a la par que cuestionan la efectividad de este tipo de trabajos.

Pienso que las preguntas son oportunas y hay que intentar contestarlas con la máxima honestidad. De forma muy breve les intento detallar mi respuesta a cada una de ellas. La decisión es voluntaria, nadie me obliga a ello, y el balance de la experiencia de cada viaje, hasta el momento, ha sido positivo. Cuando no sea así será el momento de tomar otras decisiones. Es fácil imaginar que en la pobreza extrema tienes que vivir situaciones muy difíciles. Físicas —como el calor, la falta de comida, o la posibilidad real de contagiarse de enfermedades poco habituales— así como psicológicas, pues en algunos países tienen una relación con la muerte muy diferente de la nuestra... y te preguntas: '¿Qué hago yo aquí?'

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Xavier de las Cuevas junto con un paciente del Hospital de Gambo.

La decisión es siempre personal e intransferible y, como he comentado, cuando el balance no sea positivo será el momento de parar. Pero la paradoja es que, pasado un cierto tiempo después del retorno, vuelves a intentar volver a terreno como si se tratara de una necesidad o, salvando todas las distancias y utilizando terminología medica, pasas una especie de síndrome de abstinencia.

Muchas veces, de forma inconsciente, destacamos lo que nosotros les aportamos sin hacer mención de lo que ellos nos aportan y que luego, sin darnos cuenta, transmitimos positivamente a nuestro entorno familiar y profesional.

Estas son mis reflexiones en cuanto a lo personal. Desde punto de vista profesional, hay que mantener el principio de primo non nocere (lo primero es no hacer daño) y después si puedo ayudar, hacerlo. Quiero decir que no apoyo la idea de que, como soy médico y mi formación es superior, mis decisiones siempre van a ser positivas y valoradas.

La atención medica en contextos de pobreza extrema es muy diferente de la que realizamos en nuestro entrono habitual, de tal forma que aconsejo de forma muy enfática que los médicos que quieran trabajar en terreno tengan una formación en salud global y que simultáneamente sean muy humildes y respetuosos son la sociedad donde van. Dicho en otras palabras: puede ser un excelente médico en un país desarrollado, pero no necesariamente lo sea con escasos o nulos medios técnicos, en un lugar donde las relaciones sociales y las realidades antropológicas son diferentes.

Aparte del concepto de curación, hay que incorporar (de forma muy frecuente) el de cuidar y, en muchas ocasiones, solamente podremos acompañar en la relación médico-enfermo-comunidad. Al mismo tiempo, se tendría que intentar que los voluntarios estuvieran integrados en proyectos de continuidad y sostenibles en terreno, de tal manera que su aportación temporal fuese una necesidad del proyecto para dar una respuesta puntual al mismo.

Muchas veces, destacamos lo que nosotros les aportamos sin mencionar lo que ellos nos aportan

Con todos estos elementos, puedo aventurarme a exponer el resultado asistencial de mi trabajo. Si tuviese que destacar cuál ha sido el aprendizaje más destacado, diría —desde mi parcialidad— que cada vez es más evidente la doble carga que conlleva mantener el tratamiento de patologías infecciosas, a la vez que se incorpora el de las enfermedades no infecciosas o crónicas. Se da la paradoja de que en los países en desarrollo, y con especial intensidad, en ciertos países subsaharianos, las dolencias crónicas van teniendo cada vez más protagonismo sin que las infecciosas estén retrocediendo de forma significativa. En mi opinión, esta evidencia tiene que ser tomada en consideración en los planteamientos asistenciales que tiene que ofrecer el hospital en el futuro. En la actualidad, el de Gambo (integrado en la Consolata Italiana) es un centro privado, pero que tiene la oferta del Gobierno de convertirse en uno comarcal (público) de referencia para una población adscrita.

Esperemos que esa promesa se convierta en realidad y, como consecuencia, tendrá que continuar la medicina asistencial al paciente tal como viene ofreciendo desde hace muchos años y simultáneamente sumando políticas comunitarias, de prevención... para responder a las demandas de salud pública que le reclame la población. Es indudable que, en esta etapa, las enfermedades no transmisibles van a tener un protagonismo más relevante que el actual. De forma muy resumida y muy esquemáticamente: hay que hacer políticas más transversales y próximas a la vivienda de los pacientes para poder hacer una asistencia más integral y sostenible en el tiempo.

Podría seguir comentando otros muchos proyectos que se están realizando y otros que se quieren implementar. Pero la crisis económica está golpeando todas las ayudas a la cooperación y el Hospital de Gambo no es ajeno a esta situación. Hace falta ayuda urgente en este momento para poder seguir haciendo realidad este proyecto que se inició a principio del siglo XX como una leprosería para evolucionar años después en el centro comarcal que es en la actualidad. Y, si se cumplen las promesas, en el futuro convertido en hospital comarcal.

Para finalizar, me traicionaría a mí mismo si no aprovechase la oportunidad de este artículo para reivindicar la figura del médico voluntario. En nombre de los muchos compañeros que ejercen la medicina en países en desarrollo, de forma anónima y altruista, como los que me encontrado en Gambo: Iñaki, Marta, Miquel, Malu, Jacob, Paula, y muchos otros. Reivindicamos que, a pesar de ser una decisión personal y voluntaria, sea más reconocida por la sociedad. Y que esta experiencia profesional pueda ser incluida en el currículo profesional y, más aún, el voluntario no sea penalizado económicamente o profesionalmente en su trabajo. Creo que la sociedad tendría que, de forma regulada y con criterios bien definidos y transparentes, potenciar la figura del voluntario en toda su amplitud para responder a los retos que nos pide estar inmersos en una sociedad global.