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CARTAS AL DIRECTOR

Pobreza energética

Al ver el importe de mi última factura de gas, 290 euros, he sentido indignación, sobre todo por el uso prudente del que hacemos de este servicio en casa. Pero al momento he tenido una rara mezcla de alegría (me siento un afortunado por poder pagarla) y tristeza (por todos aquellos que sufren eso que llaman ahora “pobreza energética”).

Por cierto, en un contexto actual de deflación y abaratamiento de las materias primas, ¿cómo es posible que cada año paguemos más por los suministros domésticos?— José Antonio Carretero.

 

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