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Honores para la minifalda de Mary Quant

Isabel II homenajea a la icónica impulsora de esta prenda, que a sus 81 años vive alejada de la moda

La británica Mary Quant, en 2004, con uno de sus diseños. Ampliar foto
La británica Mary Quant, en 2004, con uno de sus diseños. AFP

La cabina telefónica de color rojo, el plano del metro de Londres, el Concorde y la minifalda de Mary Quant. Estas fueron las imágenes elegidas para una edición especial de sellos británicos de 2009 dedicada a los símbolos del diseño nacional. La diseñadora Mary Quant, famosa por popularizar la minifalda en los sesenta, está considerada un icono de Reino Unido. Este mes ha sido reconocida con el título de Dama de la Orden del Imperio Británico en la Lista de Honores de 2015 que otorga la reina Isabel II.

Quant, que cumplirá 81 años el próximo mes, vive actualmente retirada de la moda. En el 2000 dejó su empresa tras ser adquirida por inversores japoneses, quienes continúan comercializando una exitosa línea de maquillaje bajo su nombre. Responsable del estilo naïf que marcó a la generación del Swinging London, la diseñadora revolucionó la moda para jóvenes, instauró el concepto de boutique como lugar de ocio, y marcó el inicio de la democratización de la moda bajando los precios de sus diseños.

En los años sesenta, Londres era un caldo de cultivo con los ingredientes idóneos para impulsar las creaciones de la modista. Tras la Segunda Guerra Mundial, una generación de jóvenes luchaba por deshacerse de los ideales conservadores, y querían que su ropa lo reflejara. "La moda no influye en el clima de opinión. Refleja lo que está en el ambiente. Refleja lo que la sociedad está leyendo, lo que escucha y lo que piensa. Refleja la arquitectura, la pintura, y las actitudes hacia el éxito y hacia la sociedad”. En su autobiografía, a la que pertenece la anterior cita, Quant señala que ella simplemente se limitó a hacer ropa cuando la tendencia dominante estaba a punto de entrar en ebullición.

Fue en Bazaar, la tienda que abrió la diseñadora en 1955 en King’s Road, donde vendió su primera minifalda. La prenda se convirtió en el símbolo de la modernidad. Curiosamente, fueron sus propias clientas quienes propiciaron su creación, pues le pedían que acortase el largo de las faldas cada vez más hasta que se llegó a la versión mini, cuya fecha de nacimiento se marca en 1964. Sólo dos años después, Mary Quant fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico.

La inspiración provino de las clases de ballet que Quant solía recibir, según contó la diseñadora en una entrevista para The Week: “Un día me asomé al aula de al lado y vi a una bailarina con una falda de 25 cm de largo. Lo que me llamó la atención fue que el conjunto se centraba en lo que llevaba en los pies: un par de calcetines blancos y unos zapatos de charol con tiras en los tobillos… La visión de aquellas piernas tan bellas se me quedó grabada”.

Pero antes de Mary Quant ya existía la minifalda. “Quant tomó la minifalda que había inventado Courrèges, el cuerpo de Twiggy, el corte de pelo de los Beatles, y convirtió la prenda en un elemento de larga duración”, señala por teléfono Jorge Lozano, experto en semiótica de la moda y catedrático de la Universidad Complutense. “Mary Quant aprovecha el momento y logra introducir la minifalda como el gran elemento de un estilo de vida”, añade el semiólogo. “La minifalda no es un patrón nuevo en la Historia, los hombres ya llevaban faldellín en la Edad Media, en la Antigüedad…”, apunta Juan Gutiérrez, del Museo del Traje. “Lo importante es la difusión que hace Mary Quant de la minifalda en la cultura juvenil”. Harold Koda y Richard Harrison Martin, del Museo Metropolitano de Nueva York, explican en su libro Bare Witness que “la versión de Mary Quant estaba asociada con el street style y el tempestuoso movimiento inglés contra lo establecido, mientras que la versión de Courrèges se ofrecía en la categoría de Alta Costura”.

La visión de Quant fue más allá de los patrones deconstruidos y las siluetas geométricas. “Creó un nuevo sistema de moda comercial a través de la boutique como centro de ocio. Su tienda fue pionera en el mundo. Ponía música, se podía tomar algo… Para disfrutar de la manera de comprar”, explica Gutiérrez.

También revolucionó el maquillaje. Quant solía pintarse los ojos con las ceras de colores de la marca Caran d’Ache porque aún no existía un maquillaje con los llamativos tonos que ella quería. Esta tendencia se extendió entre las jóvenes, y aprovechando la oportunidad, la creadora lanzó su propia línea de productos de belleza. El diseño de los estuches estaba inspirado en las cajas de lápices. El maquillaje de Mary Quant triunfó sobre todo en Japón, donde continúa comercializándose con gran éxito en la actualidad.

Además, popularizó las medias de colores, hasta entonces sólo fabricadas para teatro, y las convirtió en el complemento asociado a la minifalda. Impulsó los pantalones cortos, experimentó con nuevos materiales como el PVC, y triunfó con los cuellos de quita y pon. Produjo incluso una línea de ropa de cama.

La influencia de Quant, aunque de manera suavizada, continúa en las pasarelas. Luella Bartley es una de las creadoras actuales que mantiene su herencia naïf. Y la trayectoria de Vivienne Westwood, otra de las figuras más emblemáticas de la moda británica, comparte elementos con la evolución de Quant. “Ambas bebieron de la música”, explica Lozano, “Vivienne vistió a los Sex Pistols”.

Hoy la diseñadora admira a Stella McCartney y a la firma Chloé, donde, según contó a The Telegraph, ve muchas de sus propuestas. A veces, compra en Zara.