EDITORIAL

Las torturas de la CIA

El Senado de Estados Unidos destapa los brutales e ineficaces métodos de la agencia de espionaje

El resumen de la monumental investigación del Senado estadounidense sobre las torturas de la CIA después del 11-S resulta tan demoledor como se esperaba desde sus primeras filtraciones, en abril pasado. Básicamente establece que los métodos de la agencia de espionaje fueron tan extendidos como brutales; que no sirvieron para obtener informacion sustancial en la lucha contra el terrorismo islamista; y que la todopoderosa organización mintió a la Casa Blanca y al Congreso sobre el alcance de sus actuaciones. La CIA torturó impunemente a sospechosos de terrorismo entre 2001 y 2009 en prisiones secretas de medio mundo, al amparo del pánico suscitado por el 11-S y de la doctrina Bush.

El nerviosismo en Washington ha retrasado la publicación del informe. La Casa Blanca y el Senado han mantenido una pugna sobre qué detalles del documento, completado hace casi dos años, debían divulgarse y cuáles no. En este tira y afloja la CIA ha intentado eliminar evidencias y ha pirateado los sistemas informáticos del Senado. John Kerry ha insistido ante el comité que preside la senadora Feinstein sobre la conveniencia de pensárselo dos veces antes de la luz verde final. La CIA prepara ahora un contrainforme para lavar su imagen.

Obama declaró ilegal el programa secreto de detención e interrogatorios de la agencia al llegar a la Casa Blanca, pero ninguno de sus agentes ha sido llevado ante la justicia. Si algo queda claro ahora es la necesidad imperiosa de que la CIA sea sometida a un control implacable desde fuera del Gobierno. EE UU no puede presentarse como faro de las libertades mientras una de sus organizaciones clave a escala global se libra metódicamente a la infamia.

Las eventuales ventajas obtenidas por la superpotencia de la barra libre de la CIA frente a los sospechosos de terrorismo no compensan en ningún caso el descrédito internacional del país y el daño a su reputacion. El presidente Obama no tendrá nunca un mejor pretexto para cerrar Guantánamo, una de sus primeras promesas electorales que aguarda, seis años después, su cumplimiento.

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