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“La empresa es una herramienta para transformar”

El venezolano Alberto Vollmer, presidente de Ron Santa Teresa, lidera una nueva filosofía empresarial en América Latina: disminuir la brecha entre ciudadanos y compañías

Retrato de Alberto Vollmer, presidente de Ron Santa Teresa, tomado para ICON el pasado marzo en un hotel de Madrid. El venezolano visitaba España para examinar el estado de la compañía. “Es un país clave, porque sois grandes bebedores”, expresa
Retrato de Alberto Vollmer, presidente de Ron Santa Teresa, tomado para ICON el pasado marzo en un hotel de Madrid. El venezolano visitaba España para examinar el estado de la compañía. “Es un país clave, porque sois grandes bebedores”, expresa

Alberto Vollmer recibe la llamada de un pez gordo del mundo de las finanzas minutos antes de empezar esta entrevista. “Pongo apodos a los contactos poderosos en mi agenda de móvil, por seguridad. Y hasta aquí puedo leer…”, dice después, con una franca carcajada. Tras algún comentario jocosos sobre el carácter realista de las intrigas de House of cards, este venezolano, de 44 años, procede a abordar el modo en que la compañía que preside, Ron Santa Teresa, ha conseguido pasar de la bancarrota a un dulce momento de protagonismo internacional. Pero lo extraordinario de la historia no reside en el fin, sino en la forma: una filosofía de la que Alberto Vollmer se considera pionero (“existía en la teoría, pero no en la práctica”, matiza) y que le ha valido el reconocimiento de la Universidad de Harvard y de varias escuelas de negocio, que han convertido su experiencia en un caso de estudio empresarial.

“Si quieres avanzar y prosperar como organización, tienes que lograr que la comunidad lo haga contigo, pero no con pequeños toques filantrópicos, sino de forma estructurada e involucrándote en la transformación social. Tienes que convertirte en un motor de desarrollo de los sectores sociales y políticos. Es una responsabilidad con el futuro del país y de tu propia empresa”, explica. Cuando, en 2003, unos delincuentes asaltaron las tierras que posee en el estado de Aragua (Venezuela), en lugar de entregarlos a la policía, Alberto Vollmer montó un equipo de rugby con ellos. La idea pronto se convirtió en lo que hoy conocemos como Proyecto Alcatraz. Ha supuesto una disminución de la tasa de homicidios en la región del 75%. Previamente, había construido una urbanización, Camino Real, para familias sin recursos. Ahora ha conseguido el apoyo de Microsfot para el proyecto Casas Blancas, cuyo objetivo es, con la inspiración de los pueblos andaluces, rehabilitar las zonas más deprimidas del municipio Revenga. “Empresarios como él es lo que necesita Venezuela”, vino a decir Hugo Chávez en vida, que no era precisamente fan de los grandes propietarios. “Somos especialistas en resolver conflictos”, se jacta Vollmer. Como aquella otra vez en que un misterioso señor de Maracaibo lo citó en mitad de la selva del Monte Andino para pedirle una rebaja en las botellas de ron con una pistola de calibre 45 sobre la mesa. “Salí del aprieto con sentido del humor”, añade.

“La empresa es una herramienta para transformar”, asevera Vollmer. Pero, reconozcamos lo obvio, también persigue generar riqueza. ¿Se traduce este compromiso social en una subida en las ventas? “Habría que verlo dentro de 30 o 40 años. De momento, hay más gente interesada en trabajar en Ron Santa Teresa y con la filosofía de la compañía muy interiorizada. Hemos reclutado a gente brillante en los últimos ocho años: es la excelencia de los recursos humanos”, contesta. Reconoce diferencias entre el CEO europeo o estadounidense con el latinoamericano: “Nosotros nos desenvolvemos mejor en la adversidad”. Y reclama la implicación de su compañía en un proceso de reconciliación en Venezuela que implique a todos los bandos. Cuando ha de elegir a alguien, del mundo de los vivos y los muertos, con quien compartir una copa de ron, no extraña a nadie su respuesta: Nelson Mandela. De la misma forma que tampoco lo hace que se muestre incapaz de recordar el último día que decidió tomarse libre. A qué lo dedicó es otro asunto: “Cambié los pañales de mi bebé de dos meses”.

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