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COLUMNA

Prisionera

Un Ayuntamiento ha iniciado obras que impiden a una enferma salir de su casa

Pilar Remiro tiene 56 años, vive en Vilassar de Mar (Barcelona) y en 2011 le concedieron la incapacidad permanente absoluta por síndrome químico múltiple, fatiga crónica y fibromialgia. Según el informe de la SS, esto le causa una limitación funcional severa. Pues bien, esta mujer gravemente enferma (padece tremendos dolores que trata con morfina) acaba de convertirse en una prisionera, porque el Ayuntamiento ha comenzado unas obras en su calle que durarán más de dos meses. El polvo, los materiales y el gasoil son veneno puro para Pilar, que tendrá que permanecer encerrada a cal y canto; no podrá comprar comida fresca ni acudir a sus citas médicas. Pilar pidió al Ayuntamiento que interrumpiera periódicamente las obras tres días para poder salir en busca de alimentos, pero los responsables no parecieron tomarse su estado muy en serio. Craso error; estas enfermedades afectan cada día a más personas y son consecuencia de la ponzoñosa realidad en la que vivimos. Hace diez años, WWF/Adena analizó la sangre de todos los ministros europeos y comprobó que tenían un promedio de 35 sustancias químicas tóxicas (el peor resultado fue el de nuestra ministra de Medio Ambiente, con 43). Vivimos rodeados de productos dañinos: en los cosméticos, en los envases, en la ropa. Recuerden que las camisetas de 9 de los 16 equipos de la Eurocopa 2012 tenían componentes tóxicos (la de España, plomo). Lo peor son los disruptores endocrinos; están en los plásticos y las latas de comida y alteran el sistema hormonal, causando graves enfermedades (vean www.hogarsintoxicos.org). Claro que al final hay que morir, pero, ¿tenemos que vivir tan mal? ¿Como Pilar, rehén de su cuerpo y ahora de su casa? La rápida acción del Sindic (el Defensor del Pueblo) parece que ha hecho que el Ayuntamiento prometa arreglar la situación. Esperemos que cumpla.

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