EDITORIAL

Un golpe de mano

El programa de la Asamblea Nacional Catalana supone un asalto a la democracia representativa

Los gobernantes, catalanes y españoles, están dilapidando el tiempo en batallas retóricas carentes de todo contenido real, en un peligroso ejercicio de autocontención a la inversa. Como si ignorasen que los grandes conflictos han sido siempre acompañados de o provocados por estruendos verbales. Un día el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, quiebra toda prudencia al comparar el pulso soberanista catalán con el falso referéndum de Crimea, obviando el elemento esencial de la agobiante presencia militar de un tercer país, Rusia. Pero es que, en sentido inverso, este mismo litigio fue patéticamente evocado hace varias semanas por el cada vez más hombre fuerte de la Generalitat, el consejero Francesc Homs, al equiparar el activismo pacifista catalán con la belicosa resistencia ucrania, de todo pelaje, incluido el ultra.

Son solo dos muestras de la espiral de despropósitos mutuos. Un Gobierno no quiere plantear nada más que la monotemática reclamación de una consulta independentista unilateral y de resultados predeterminables; el otro sigue respondiendo con la inacción elevada a arte de la estrategia política. Esta dinámica no entrañaría más riesgos que la fatiga y la pérdida de energías, si no hubiesen saltado a escena otros actores. En el río revuelto se mueve como pez en el agua la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Es un organismo asambleario manejado por una militante de Esquerra y ampliamente apoyado por el Gobierno de Mas. La ANC convocó con notorio éxito las manifestaciones de los dos últimos 11 de septiembre. Aupada por el triunfo y ensoberbecida por la genuflexa actitud que le dispensó el poder autonómico democráticamente elegido, acaba de dar un salto en el vacío que solo puede acabar mal. Esta organización reclama “la calle” como cosa suya y ha acordado una “hoja de ruta 2014-2015” que constituye el diseño milimétrico de un golpe de mano contra la democracia representativa, a través de la imposición unilateral de una separación del conjunto de España.

Su estrategia incurre en graves manipulaciones. Si la consulta del 9 de noviembre fuese imposible, instruye a la Generalitat para que convoque elecciones plebiscitarias; algo imposible, pues ambos términos, elección (entre varias opciones) y plebiscito (la ratificación de una sola) son incompatibles. Prepara para después una declaración unilateral de independencia, el 23 de abril 2015, y propugna enseguida “actos de ejercicio de soberanía” consistentes en tomar “el control efectivo del país”: puertos, aeropuertos y otras instalaciones estratégicas. Este manual se pespuntea con la continua creación de hasta ocho instituciones y organismos configurados no en las urnas, sino por la calle. Todas ellas manejadas por la ANC, sin reglas ni amparo legal, y en abierta ignorancia del Congreso de los Diputados y el Parlamento catalán. ¿No constituye este proyecto, por decirlo suavemente, un golpe de mano, aunque sea asambleario?

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