EDITORIAL

Todo abierto

El PP cierra el curso sin digerir el ‘caso Bárcenas’ mientras la desafección ciudadana aumenta

El debate parlamentario sobre el caso Bárcenas ha puesto fin al curso político, pero no a los conflictos. La cúpula del PP tiene por delante un calendario de testificaciones previsto por el juez Ruz y también ha de decidir sobre la comisión de investigación que han solicitado los socialistas, probablemente destinada al bloqueo por parte de la mayoría. El ensimismamiento de los partidos políticos en sus problemas está creando un vacío argumental y una ausencia de soluciones constructivas para la crisis, de forma que los asuntos que han pesado como el plomo durante los últimos meses seguirán abiertos en canal.

El fragor del combate sobre Bárcenas ha tapado la carta de Artur Mas a Mariano Rajoy en solicitud de negociación sobre la consulta soberanista, que sigue pendiente, con todo su potencial de inestabilidad. Rajoy quiere recuperar la iniciativa, pero solo anuncia medidas en el terreno de la limpieza política: ley de control económico de los partidos, reforma del Tribunal de Cuentas, ley de regulación de las funciones políticas, penalización del delito de financiación ilegal (que no existe como tal en la legislación) y reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, con vistas a agilizar los procedimientos. No hay duda alguna de la necesidad de reformas en un sistema de reglas que evidencia tantas lagunas, pero el partido gobernante debe recordar que uno de los equipos en juego no puede dictar en solitario las reglas de la competición.

El estío es tiempo propicio para reflexionar sobre la forma de corregir la desafección ciudadana. Es muy preocupante el número de personas decididas a engrosar las filas de los abstencionistas, que, junto a las intenciones de voto en blanco y a los indecisos, suman en torno a la mitad del electorado potencial, según diferentes encuestas. Las empresas demoscópicas difieren en las cifras, si bien coinciden en una misma tendencia: se derrumban las posibilidades del PP para revalidar su actual mayoría absoluta y el PSOE tampoco se recupera de las caídas sufridas en 2011, mientras continúan al alza las expectativas de voto hacia IU y UPyD. Todo ello en un contexto de desánimo y desconcierto colectivos.

Las elecciones están demasiado lejos como para considerar consolidada esa situación, pero las alertas suenan de continuo. Responden a los hechos casi cotidianos de la vida pública: dirigentes cuestionados por casos de financiación ilegal de sus formaciones o por meter la mano en la caja, mientras la inquietud ciudadana por la corrupción sube cinco puntos en un mes, de acuerdo con la última entrega de datos del CIS. Si el mal clima político continúa, es de temer una mayor polarización partidista como solución fácil para movilizar a los reservistas del voto, hoy alejados de los grupos con los que simpatizaban. Al precio de aplazar las reformas necesarias de un sistema institucional que ofrece una imagen opresiva y pesimista de la democracia.

 

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