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EL ACENTO

¡Uy, un drone!

Confundir a Júpiter y Venus con aviones no tripulados puede ser peligroso

¡Uy, un drone!

Los drones proliferan que es una barbaridad. No hay ejército que se precie que no tenga ya varios de esos aviones no tripulados, tan útiles para las tareas de vigilancia, espionaje y, ya puestos, ataque. Los hay de todos los tamaños y para todos los bolsillos. Sofisticados y caseros. Los usan ya los servicios de emergencia y los equipos contraincendios. Los particulares tampoco se privan, sea para jugar con ellos los domingos o para vigilar cosechas. O vecinas.

La expansión de esos aparatos va a deparar muchos sobresaltos. Y no solo a los terroristas que triscan por los pedregales de Yemen o Pakistán. A punto hemos estado de asistir a un ataque inclemente contra Júpiter y Venus lanzado desde la Tierra, y, más en concreto, desde India. ¿Y qué han hecho estos pobres planetas? Nada en particular. Pero las Fuerzas Armadas indias los confundieron con drones espías chinos que se dedicaban a violar su espacio aéreo en la conflictiva frontera de Cachemira.

Quien dio la voz de alarma fue, concretamente, el centinela del puesto 4715, ubicado a casi 4.000 metros de altura en la cordillera del Himalaya, en la llamada Línea de Control que separa China de India. Entre agosto de 2012, y febrero de 2013, realizó 329 avistamientos de dos objetos brillantes que avanzaban a lo largo de la frontera, y que penetraron en el espacio aéreo indio en 155 ocasiones. Con todo descaro... La alarma estaba más que justificada: las disputas fronterizas llevaron a una breve guerra entre los países en 1962. Y, sin ir más lejos, el pasado abril estallaron de nuevo las tensiones cuando India acusó al Ejército chino de haberse adentrado en su territorio, lo que llevó a una movilización de tropas. Por otro lado, ambos países se vigilan con drones.

Antes de tomar otras medidas, los militares indios contactaron con el Instituto de Astrofísica. Gesto loable, dado que estamos hablando de potencias nucleares. Tras varias mediciones, los científicos concluyeron que no eran drones, sino Júpiter y Venus en sus paseos habituales. Lo que pasa es que, a esas alturas del Himalaya, los astros brillan más.

Lo dicho: los drones prometen emociones fuertes. Menos mal que siempre nos quedarán los astrónomos.

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