COLUMNA

Saludos desde el sótano 100

Se podría pensar que a Rajoy le inquieta más la trama Gürtel que el alcance de la crisis

“Lo mejor del futuro”, decía Abraham Lincoln, “es que llega un día detrás de otro”. El presidente norteamericano no siguió nunca ese ritmo, más bien aceleró la marcha de la historia de su país y jugó con varias barajas, aceptando muchos riesgos para cambiar con rapidez ese futuro. El lema se aplicaría mucho mejor, en nuestro tiempo, a la Unión Europea: nuestro futuro, nos dicen, llegará un día después de otro y no conviene acelerar su recorrido ni inquietarse por lo que se vaya acumulando.

Lo que se va apilando está bien a la vista. Según la Comisión Europea, la tasa de desempleo en 2014 estará por debajo del 5% en Alemania, Austria y Holanda; llegará al 12% en Italia; al 15% en Irlanda y Portugal, y superará el 25% en España y en Grecia. “En el mismo año”, explica Jean Pisani-Ferry, “la riqueza per cápita de Alemania habrá superado en un 7% la que tenía cuando empezó la crisis; en Irlanda, Portugal y en España esa riqueza habrá ido en sentido contrario otro 7%, y se habrá despeñado un 24% en Grecia”.

Lo que se va apilando, por ejemplo, es la actividad de la extrema derecha griega, Amanecer Dorado, en los institutos y en las escuelas de ese país, sin que la famosa troika ni siquiera pestañee. “Amanecer Dorado se ha fijado ahora como objetivo las escuelas de primaria”, se alarma The Economist. El partido filonazi entró en el Parlamento con un 6,9% de los votos y los sondeos le atribuyen ya el 11,5%. Decenas de “oficiales” del partido se despliegan por las provincias en busca de seguidores.

Veamos lo que apilamos: 5% de paro en Alemania, 26%, en España. En Grecia, Amanecer Dorado recluta en las escuelas

Qué se va a hacer. Eso es un problema griego, no responsabilidad europea. No hay alternativa a los recortes, dice la tendencia dominante. Pero hasta en el muy conservador Gobierno británico han salido voces contrarias a seguir con la misma medicina, por lo menos en su casa. Vincent Cable, el liberal encargado de la cartera de Negocios, provocó esta semana el enfado de David Cameron con la herética propuesta de lanzar un banco estatal destinado a dar crédito a las pequeñas y medianas empresas.

Mientras tanto, en España, el Gobierno mira impertérrito cómo se destruye el tejido empresarial, sometido por los bancos a una agónica sequía de crédito, y cómo aumenta el número de jóvenes desempleados, sin ningún miedo ni prevención.

Poco a poco, comienza a lanzarnos la idea de que la recesión durará 10 años, que el paro seguirá siendo enorme y que no será posible recuperar el daño inflingido a la sanidad o a la educación. Vamos a menos y en menos nos quedaremos. Eso es todo.

En el fondo, el PP está convencido de que, con una ley electoral como la española, es imposible que se produzca una fragmentación de voto tan grande como ha ocurrido en Italia o como sucede en Holanda. Aquí es posible una altísima abstención, que suban hasta un cierto punto partidos como Izquierda Unida o UPyD, o que un partido se hunda, o incluso desaparezca, como ocurrió con UCD, explica un alto dirigente popular. No hay que alarmarse, asegura, porque, inevitablemente, el sistema, si no se toca la ley electoral, generará el bipartidismo imperfecto que necesita. Y ya se sabe que, si no hay revolución, hay convención; es decir, una práctica que responde a la costumbre.

En esas estamos. En realidad, se podría pensar que a Rajoy y al PP les inquietan más el caso Bárcenas y la trama Gürtel que la actividad del Gobierno o el alcance de la crisis, porque creen que, alejada la amenaza del rescate, todo consiste en ir un día tras otro. En algún momento se frenará el desempleo, en algún momento frenará la bajada de salarios, en algún momento los bancos abrirán un poco el grifo del crédito, en algún momento tocaremos fondo.

Con un poco de suerte, confían, habrá algún pequeño crecimiento antes de las elecciones generales. Claro que algunos creen que es poco consuelo pasar del sótano número 100, en el que estamos hundidos, al 96. Que quizá podríamos haber tocado el botón de emergencia en el sótano 10 y evitar despeñarnos de una forma tan brutal, que algunos sospechan que responde más a la cabalgada de una ideología y a la defensa de unos intereses que a cualquier otra cosa.

solg@elpais.es

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