EL ACENTO

México, destino esperanza

Escalofriante crónica del dolor y sufrimiento que padecieron los que salieron de España al terminar la Guerra Civil

MARCOS BALFAGÓN

El Gobierno del presidente mexicano Lázaro Cárdenas fue de los pocos que colaboró con la República española vendiéndole armas durante la Guerra Civil. Cuando todo hubo terminado, y los campos de internamiento que se montaron en Francia se hacinaban de españoles, volvió a tender de nuevo la mano a los derrotados abriéndoles las puertas de su país y facilitándoles el viaje por el Atlántico. Llegaron unos 20.000, que pudieron así rehacer sus vidas. Conrado Álvarez, un muchacho de 14 años, fue uno de los tantos que escribió a la embajada mexicana de París para solicitar asilo. “Quiero ser un hombre i noser el dia de mañana un golfo”, explicó para obtener la ayuda.

Sus palabras forman parte de una de las más de 7.000 cartas que se conservan en el Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. Este periódico ha partido de ese material prácticamente inédito para elaborar, desde el pasado domingo, una escalofriante crónica del dolor y sufrimiento que padecieron cuantos salieron de España al terminar la guerra, y para recoger también los latidos de esperanza que volvieron a golpear los corazones de los vencidos gracias a la generosidad de México.

Alguno se ofreció “para ensayar el cultivo del arroz" y otro manifestó tener experiencia con “albaricoques, melocotoneros o durasnos, ciruelos y piña”. Estaban pasando frío y hambre en un país extraño que los arrinconó bajo la, a veces, brutal vigilancia de la gendarmería francesa y sus esbirros.

Para obedecer la orden del presidente Cárdenas de ayudar a los refugiados españoles, los diplomáticos mexicanos se jugaron muchas veces el pellejo y tuvieron que ser corajudos.

Al embajador Luis I. Rodríguez le tocó negociar, en la Francia de Vichy, con el mariscal Pétain. “¿Por qué esa noble intención que tiende a favorecer a gente indeseable?”, le preguntó el viejo militar que no había tenido empacho alguno en colaborar con los nazis. El mexicano no se arredró y le contestó que amparaba a quienes “llevan nuestra sangre y nuestro espíritu”. A aquellos, como Licesio Rodríguez, cuyo único delito fue, como escribió, “haber defendido la REPÚBLICA ESPAÑOLA”.

 

Otras noticias

IMPRESCINDIBLES

la cuarta página

Cómo mudar de príncipe a rey

Felipe VI recibe la herencia de un país políticamente desconcertado, a menudo intranquilo respecto a su futuro. La Corona tiene una responsabilidad simbólica que es trasgeneracional e interterritorial

la cuarta página

Cultura y política

Las lenguas de nuestras regiones son una riqueza, pero no legitiman la fragmentación política. Nuestra ciudadanía se basa en la legalidad del Estado y no en “el pueblo”, “la calle” y demás embelecos populistas

La France

Necesitamos a Francia en el corazón de la UE para llegar a la integración necesaria

Gobernar desde la desconfianza

La reforma de los colegios profesionales se ha hecho sin debate y atropelladamente

Reformen la reforma penal

La reinstauración de la cadena perpetua supone un insólito salto hacia atrás

El futuro del pasado

La regulación del 'copyright' debe incluir medidas eficaces de lucha contra la piratería

Lo más visto en...

» Top 50

Webs de PRISA

cerrar ventana