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CARTAS AL DIRECTOR

Una reforma educativa ideológica

La reforma educativa que plantea el ministro José Ignacio Wert no es pedagógica sino ideológica. Quiere formar tecnócratas, que den mejores resultados en el informe PISA, en vez de ciudadanos.

Por eso recorta la ética, la ciudadanía, la cultura clásica, el griego, la música y la historia. Borra de un plumazo la asignatura de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, con contenidos “polémicos” como desarrollo sostenible, evolución, ingeniería genética, células madre... Degrada la asignatura de Ciencias de la Tierra y Medioambientales a una mera optativa y tantas barbaridades más. Para colmo de males, en estos momentos tan delicados, saca su espíritu de cruzado y emprende una nueva “reconquista” para “españolizar” a los alumnos catalanes.

Es mejor que dimita y se vaya a su casa. Y allí, si quiere, que juegue a ser el Gran Capitán del siglo XXI entre sus cuatro paredes y en familia, pero, por favor, que deje a los docentes educar y vivir en paz.— Laura Barrio Calvo. Madrid.


Hace seis años se quitó la asignatura de Dibujo —EPV— de 2º de ESO. En 3º de la ESO se dan dos horas a la semana y en 4º de la ESO normalmente la reciben alumnos que optan por enseñanzas aplicadas, una minoría. El proyecto de ley Wert quiere hacer esta asignatura optativa en 3º de la ESO, de manera que todavía se reducen más sus horas. Así, un alumno que la necesite cursar en Bachillerato —Dibujo Técnico— probablemente no habría recibido ninguna clase de dibujo en sus últimos tres años. Por otro lado, hay profesores funcionarios de Dibujo en expectativa de destino en la Comunidad de Madrid que la primera semana de octubre todavía no saben “dónde van a trabajar”: si compartiendo asignaturas, compartiendo centros o dando clases de compensatoria sin ninguna hora de dibujo. Evidentemente, con esta ley el problema se agravaría todavía más para estos docentes. Sin olvidar que dentro y fuera de la docencia todavía hay personas que preguntan: “Pero, ¿para qué sirve el dibujo?”. Les respondería lo mismo que a mis alumnos: “Mira a tu alrededor porque, en nuestro entorno, todo, absolutamente todo menos los árboles, alguien lo ha dibujado primero”.— María Gómez. Madrid.


Cuando se justifica la materia de griego en el currículum educativo, a menudo se tiene la sensación de que uno rema a contracorriente a causa del abismo de valores que hay entre esta materia y la sociedad que la acoge. En efecto, el griego se engloba dentro de las materias humanísticas que no tienen otra finalidad que intentar humanizar la sociedad a través de la educación, mediante la rica tradición europea que tiene que ser regenerada y puesta al día con el fomento de la cultura, la crítica y la razón. Gracias a estas materias, quienes las cursan se sienten ubicados en el mundo donde les ha tocado vivir, conociendo cuáles son sus orígenes, y pueden establecer un diálogo crítico con su cultura, siendo capaces de transformarla.

Por esto, los valores de las materias humanísticas, y del griego en particular, chocan de lleno con el utilitarismo imperante de nuestra sociedad, que no promueve otra cosa que una formación basada en la especialización práctica. Por esto, esta reforma de la LOMCE, donde el griego, el latín y las humanidades quedan una vez más arrinconadas, es una muestra más de la finalidad educativa del sistema, que busca formar antes individuos parecidos a bárbaros especializados que a gente crítica e instruida en la rica tradición europea.— Raúl Segarra López. Figueres, Girona.

 

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