CARTAS AL DIRECTOR

El tsunami catalán

Ahora mismo un tsunami recorre Cataluña, una marea gigante cuyo vértice lleva la senyera estelada y que pretende llevarse todo por delante. O secesión o nada. O eres secesionista o eres un traidor hemos oído ya. Mis raíces son catalanas, me siento catalán como el que más, nunca he votado PP ni pienso hacerlo, pero mi cuerpo, mi espíritu, no me pide separarme de esta España democrática en la que he nacido. Ni me siento oprimido, ni ahogado, ni tengo sensación “de no poder más”. Recuerdo que en su último referéndum, en Quebec, existían dos voces claras y contundentes con los pros y contras a la secesión. No quiero, por ahora, dejar que la marea me arrastre. Si me convencen, quizás salte y navegue por ella, pero necesito todos los argumentos para sopesar las dos partes de la balanza. ¿Dónde están los argumentos racionales del No a la separación…? Los del ya los conozco- ¿Me explica alguien los del No? Exijo como demócrata tener todos los datos encima de la mesa para sopesar tamaña decisión. Si llego algún día a votar en un referéndum, me gustaría haber contrastado los dos grandes argumentos. Quizás hay miedo a explicar que quedarnos como estamos sería mejor que marcharse? Me da pánico una democracia con una sola voz… y vamos por este camino en Cataluña. Salvador Gili Mariné. Lleida.


Quiero una Cataluña libre. Por eso me manifesté el 11 de septiembre en Barcelona. Quiero una Cataluña libre de banqueros corruptos y usureros donde la vivienda no sea un lujo especulativo y las ejecuciones hipotecarias sean la normalidad mientras siguen montones de viviendas vacías; sin engaños impunes como las cláusulas suelo o las preferentes. La quiero libre de Millets y Montulls, de especuladores y de políticos mentirosos que, sin pudor alguno, se envuelven en la Senyera para justificar recortes sociales y aplican las mismas recetas de la derecha al otro lado del Ebro. Quiero un país donde se distribuya la riqueza y, en lo fiscal, se aplique el progresismo, la justicia y la equidad; donde no manden los mercados y sí los ciudadanos y las ciudadanas. Donde no exista una reforma laboral y unas políticas económicas generadoras de miseria y desigualdad. Deseo una república sin Borbones, donde las urnas pongan y quiten, y existan mecanismos válidos de control social sobre los órganos del Estado. Donde seamos el pueblo, los que, soberanamente y desde la diversidad, decidamos nuestra forma de del Estado, el modo de definirnos, de sentirnos, de vivir las culturas (y lo escribo en plural), de pervivir y de relacionarnos con el mundo que consideremos más oportuna. Lo deseo solidariamente. Por eso me manifesté el día 11.

Para España deseo exactamente lo mismo: más Machado, más maza, más idea… y menos caverna y cerrado sacristía. Por eso me manifesté el día 15 en Madrid.— Pablo Antonio Rosa Carmona. Barcelona.

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