Alfred Hitchcock arruinó su carrera, pero no su vida

La actriz Tippi Hedren ha recordado su traumática experiencia con el emblemático cineasta

Según ella, su empeño en transformarla en "su nueva Grace Kelly" derivó en obsesión sexual

Sus declaraciones coinciden con el lanzamiento de una película que recrea su relación

Tippi Hedren, junto a Alfred Hitchcock, en un descanso del rodaje de 'Los pájaros', en el año 1962. / GTRESONLINE

“Arruinó mi carrera, pero no mi vida”. Cincuenta años después del rodaje de Los pájaros, Tippi Hedren exponía ante la prensa su trauma con quien la descubrió, acosó y repudió. La excusa, la presentación, a principios de agosto, del telefilme de la HBO The girl, donde la actriz se ha visto encarnada por Sienna Miller y que se estrenará en EE UU el 20 de octubre. La cinta refleja la obsesión que sintió Alfred Hitch­cock hacia su musa de entonces y el sufrimiento que ella vivió en silencio para evitar perjudicar su propio futuro en el cine. Preguntada por el supuesto amor que el cineasta le profesaba, Hedren reflexionó: “No sé cómo llamar a aquello, pero desde luego no era amor. Cuando quieres a alguien, lo tratas bien. Estamos ante una mente [la de Hitchcock] incomprensible. Era malvado, pervertido, casi hasta peligroso”.

Tras sentirse abandonado por su musa Ingrid Bergman primero (que, tras tres películas, se fue con otro director, Roberto Rossellini, con quien se casaría) y por Grace Kelly después (convertida en princesa de Mónaco del brazo de Rainiero), Hitchcock buscó una nueva rubia a su medida en Tippi Hedren, una modelo recién entrada en la treintena y madre soltera de una niña de cuatro años (Melanie Griffith). La vio en un spot de bebidas adelgazantes y, a pesar de que ella no tenía experiencia actuando, tuvo un flechazo. En su primer encuentro, la sometió al mismo ritual que a Kim Novak (con la que filmó Vértigo, una cinta que él no consideró redonda pero que, ironías de la vida, acaba de desbancar a Ciudadano Kane como la mejor de la historia en la lista que cada 10 años realiza la revista Sight & Sound): la citó para hablarle de todo menos de cine. Solo que en la modelo, que estaba más viajada que Novak, encontró cierta réplica que le cautivó.

Encargó a Edith Head, la diseñadora de vestuario de sus pelícu­las, que le confeccionara todo un guardarropa para su día a día. Igual que había hecho antes con Vera Miles, Grace Kelly y Eva Marie Saint. Comenzaba así a moldear a su estrella. “Encontré eso sorprendente”, revelaría Hedren al biógrafo de Hitchcock Donald Spoto. “Se gastó mucho más dinero en regalarme un vestuario personal que en mi sueldo de un año”. “Estaba haciendo Vértigo con Tippi Hedren”, reflexionaría años después el guionista Samuel Taylor, aludiendo a la transformación a la que somete James Stewart a Kim Novak en la película, tratando de convertirla físicamente en la mujer muerta a la que amó.

No era ningún secreto: Hitchcock buscaba ansiosamente a su “nueva Grace Kelly”. De hecho, concibió Marnie, la ladrona como su gran regreso al cine. A diferencia de lo que muchos piensan, Kelly tenía el consentimiento de Rainiero, fan declarado del cineasta, pero la oferta coincidió con las iras del general De Gaulle, que, irritado por las ventajas fiscales que el principado ofrecía a ciertos hombres de negocios, cuestionó el estatuto privilegiado de Mónaco. Para no romper los lazos con Francia, el príncipe se vio obligado a moderar la imagen frívola de sus dominios, y eso incluyó la renuncia de Kelly a volver a la pantalla.

Tippi Hedren acabaría siendo Marnie. El director la tenía por entonces sometida a escrutinio. Ya en el rodaje de Los pájaros había solicitado a dos miembros del equipo que la espiaran fuera de plató. A sus meticulosas especificaciones gestuales (recordemos, la película está plagada de idealizados primeros planos de ella) sumó largas reuniones con la actriz en privado para discutir detalles del filme. Tal y como recordaría ella a Spoto: “Empezó a decirme qué llevar en mi tiempo libre, qué comer y los amigos a los que debía ver. Se ponía furioso si yo no le pedía permiso para visitar a algún amigo por la noche o un fin de semana”.

Le susurraba comentarios obscenos justo antes de rodar o la incitaba a beber martinis durante los ensayos. Hasta llegar al clímax: el momento del ataque al que se ve sometido su personaje, atrapado en una habitación y sin poder abrir la puerta. El director descartó las aves mecánicas, por resultar irreales, y enjauló a Hedren durante toda una semana, lanzándole pájaros vivos, para una escena de apenas un minuto y medio. El último día, casi pierde un ojo de un picotazo y fue devuelta a casa sedada tras un colapso nervioso. Hedren la recordaría siempre como “la peor semana de mi vida”. Como quien recita un mantra, Hitch­cock recuperó para sus entrevistas la cita de Oscar Wilde: “Destruyes aquello que amas”.

“Hitchcock tenía una mente incomprensible. Era malvado, pervertido, casi peligroso”, ha declarado la actriz

Tras el rodaje, la colmó de regalos y le enviaba ardientes notas entremezcladas con otras más profesionales con detalles sobre Marnie. Una vez en el set hizo instalar para Hedren un lujoso camerino rodante unido por una pasarela a su bungaló-oficina en la Universal. Al final de cada día, le enviaba champán, pero ella, para evitar sus constantes visitas, invitaba allí a compañeros del equipo. A pesar de saber de la inminente boda de la rubia con su agente, Noel Marshall, le confesó haber soñado con que ella le decía que le quería. “Hitch, tan solo se trataba de un sueño”, le respondió. Hasta que una noche se abalanzó sobre la actriz. Ante su rechazo, la repudió para siempre. A partir de entonces se referiría a ella simplemente como “esa chica” y restringiría su comunicación a instrucciones a través de sus ayudantes.

Su esposa, Alma, parecía aceptar estos enamoramientos románticos con sus actrices como puras fantasías, como la persecución de ese sueño, pero su fijación con Hedren saltaba a la vista. Las instrucciones al director de fotografía, Robert Burks, eran que la cámara se acercase a su rostro tanto como pudiera, “casi como si le hiciese el amor”. La guionista, Jay Presson Allen, dijo: “Estaba loco por Hedren, de igual modo que había estado obsesionado antes con una serie de frías actrices rubias”.

En su afán acaparador, el director se negó a que Hedren aceptara el Premio Photoplay, uno de los más prestigiosos del momento, a la actriz más prometedora del año. Telefoneó en su nombre y lo rechazó por ella. Cualquier teoría sobre que Hedren cayera en la lista negra es indemostrable, pero que uno de sus mayores hitos posteriores fuera el telefilme Los pájaros 2: el fin del mundo dice mucho de la alargada sombra que ha proyectado siempre la oronda figura de Hitchcock en la industria del cine.

Desmontar al genio

Anthony Hopkins transmutado en el mítico cineasta para la película 'Hitchcock'.

Si Hitchcock levantara la cabeza, probablemente reaccionaría con incomodidad a la reinterpretación de su obra que se nos avecina. Además del telefilme ‘The girl’, centrado en su relación con Tippi Hedren, el año que viene veremos en cine ‘Hitchcock’, sobre el rodaje de ‘Psicosis’, con una veraz caracterización de Anthony Hopkins, Helen Mirren en el papel de su esposa, Alma Reville, y Scarlett Johansson como Janet Leigh. Y no sabemos qué resultaría más escalofriante para Hitchcock: que el cocreador de ‘Lost’, Carlton Cuse, haya anunciado una precuela en forma de miniserie de ‘Psicosis’, titulada ‘Bates motel’, con Vera Farmiga como Norma Bates, o que Michael Bay, responsable de ‘Transformers’, acaricie desde hace un lustro producir un ‘remake’ en 3D de ‘Los pájaros’.

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