Julita Cuquerella, guardiana de los secretos de Urdangarin

Es la devota y fiel secretaria que defiende al duque de Palma ante el juez y el fiscal

Madre de siete hijos, maestra y licenciada en filología inglesa, fue despedida de un colegio del Opus Dei antes de trabajar para el yerno del Rey

Julita Cuquerella, a su llegada al juzgado de Barcelona donde el juez del ‘caso Palma Arena’, José Castro, le tomó declaración, el pasado 20 de abril. / ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

Julita Cuquerella (Madrid, 1970), madre de siete hijos, licenciada en Filología Inglesa y maestra, afronta una situación compleja a cuenta de su último empleo. Está a la sombra de un personaje agobiado, el yerno del Rey, Iñaki Urdangarin, imputado por corrupción y apartado de los actos de la familia real por su conducta “nada ejemplar”. Desde 2007, Cuquerella es la asistente personal que manejaba la agenda del duque de Palma, consejero de Telefónica con trabajo en Estados Unidos. La guardiana de su secretos. La que le transmitía –a deshoras, por el desfase horario entre Barcelona y Washington– el parte de la tormenta del caso Urdangarin.

Telefónica paga a Cuquerella por asistir al duque. Y Urdangarin emplea a Cuquerella en asuntos que desbordan su tarea profesional en Telefónica. La asistente le gestiona cuestiones particulares de la familia Urdangarin-Borbón. Tutea al duque y reverencia a la Infanta. Sus correos electrónicos están llenos de guiños que sugieren prácticas poco ejemplares. “Iñaki: Como sabes, SAR me ha encargado unas compras que no puedo justificar por gastos de Aizóon”, dice un e-mail. Aizóon es la empresa privada de los duques de Palma donde se ingresaron cientos de miles de euros captados por el Instituto Nóos –de Urdangarin y su socio, Diego Torres– en los Gobiernos autónomos de Baleares y Valencia.

Discreta, de rojo y negro, Cuquerella llegó ante el juez para explicar cómo tramita los viajes privados del duque, cómo opera en sus cuentas, cómo controla los pagos de la tarjeta visa y los asigna a una u otra casilla. Explicó que cobra cheques, paga impuestos y controla las asesorías remuneradas del duque a grandes marcas. Además, conoce a los principales donantes de sus fundaciones.

La secretaria fiel testificó dos veces, en febrero y abril, en Barcelona. “No es un trago de buen gusto”, observó. Antes del trance judicial le rogó al duque: “Tú reza un avemaría para mí, para que esté más tranquila”. Declaró como testigo, prometió decir la verdad. No juró. Su testimonio ocupa treinta folios. En ocasiones se hizo la esquiva, quería proteger a Urdangarin.

En un momento dado, el juez le advirtió de que iba a imputarla si no decía la verdad. “Parecía altiva, sobrada. Se veía superior y era respondona”, explica una persona que la observó.

Los Cuquerella suman generaciones de marinos de guerra. El padre, Vicente, fue vicealmirante. Julita celebró el festejo de boda, en 1998, en un recinto de la Armada. Desposó con el dublinés David MacManus, profesor en el IESE de Barcelona. MacManus, aficionado al rugby, tiene colgadas en su perfil de Facebook una foto con Cuquerella y otra, grande, de su prole, siete niños de ojos claros.

Del paro, Cuquerella llegó a Urdangarin recomendada por “una de sus mejores amigas”, la cuñada de Torres, Mari Carmen Vidal, que está casada con Marco Tejeiro, el contable de los Urdangarin. Telefónica ofreció al duque que contratara a un asistente y este eligió a Cuquerella. “Le gustó mi perfil más discreto”, supone la asistente personal, una persona disponible todo el día para su jefe, desde casa, desde la mansión de los duques en Pedralbes o desde la décima planta de la sede de Telefónica en Sants.

“Llevaba muchos años dando clase a niños muy pequeñitos y no me gustaba mucho”, ha contado. Fue durante tres años coordinadora en el colegio La Farga de Sant Cugat, de una fundación animada por Josemaría Escrivá, el santo fundador del Opus Dei. Cuquerella desveló que fue despedida.

Como asistente de Urdangarin, buscó personal para la empresa de los duques. Su hermana Olga, en Madrid, fue contratada en Aizóon. También su asistente doméstica, la nuera de esta y una hermana. En los discos duros de los ordenadores de Nóos, la policía halló el rastro sobre prácticas irregulares de la empresa del duque, que buscaba trabajadores ficticios. “Necesitamos que me mande el DNI, el número de la Seguridad Social, ninguna [persona] sabe de quién es la empresa [de los duques], creen que es de un amigo mío”, escribió Cuquerella. El fiscal Pedro Horrach advirtió que ese mensaje de la asistente revelaba la intención de defraudar a Hacienda: “Lo único que parece es que sacaban dinero mediante este sistema; esto se llama ennegrecer”.

El papel más difícil de Cuquerella y más comprometedor para Urdangarin es su nota manuscrita con “la cuenta suiza”, en la que el yerno real pudo cobrar fondos opacos. Él lo niega. Cuando le preguntaron en su última declaración judicial, la colaboradora del duque se engalló ante el fiscal: “¿Qué hay de malo en tener una cuenta en Suiza? ¿No es lo mismo Suiza que Zaragoza?”, aseguró a la vista del tarjetón que escribió por orden de Urdangarin con los códigos y cifras del banco. El duque dictó a Julita las claves suizas que le pasó un socio y le dio dos contratos para el cobro de 375.000 euros. Ella los entregó en mano a un valenciano, “que tú ya sabes para qué es”, dice el tarjetón. Cuquerella, incómoda con las preguntas, llegó a espetar al fiscal: “Quien está haciendo elucubraciones mentales es usted”.

Con sus preguntas, el fiscal y el juez cercaron a la asistente del duque, que salió del trance meditabunda, pero entera.

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