EDITORIAL

La ira de los griegos

La votación refleja una rebelión democrática en contra del duro plan de rescate

Los ciudadanos griegos impusieron ayer un castigo masivo a los dos grandes partidos que han apoyado el programa de ajuste impuesto por Bruselas y el FMI. Tanto la derecha, Nueva Democracia, como aun más los socialistas del Pasok, han bajado significativamente. El partido de Andonis Samaras ha llegado en cabeza, con lo que se beneficia automáticamente de 50 escaños suplementarios. Pero no serán suficientes para gobernar, por lo que Samaras, que rechazó convocar nuevas elecciones, ofreció la constitución de un Gobierno de “salvación nacional” que saque a Grecia de su marasmo, y aplique, aunque renegociándolo, el duro plan de rescate, necesario para que Grecia pueda acceder a los indispensables fondos europeos y del FMI.

Sin embargo, Syriza, un grupo asemejado a Izquierda Unida, que ha adelantado a los socialistas como segundo partido, rechazó esa oferta en busca de un casi imposible gobierno de concentración de partidos de izquierda y extrema izquierda. Pues estas elecciones han llevado a un Parlamento atomizado, en el que han entrado o subido partidos extremistas. La incertidumbre sobre el Gobierno y el plan de rescate puede prolongarse y generar inestabilidad en los mercados.

Grecia ha vivido una rebelión democrática contra un ajuste excesivamente duro. No obstante, el voto de ayer no debe interpretarse como un deseo de los griegos de salirse del euro, pues la permanencia cuenta con un respaldo mayoritario en la población. No así en la extrema derecha neonazi de Amanecer Dorado que ha logrado entrar por vez primera en el Parlamento.

Está por ver si no se produce un movimiento incontrolado que lleve a hacer irremediable la salida de la moneda única. A partir de hoy la eurozona y sus instituciones tienen que hacer lo posible por evitarla. Por los griegos, que pagarían un mayor sacrificio que permaneciendo en la Unión Monetaria. Y por la estabilidad y viabilidad del propio euro.

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