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SI YO TE CONTARA ... HISTORIAS DE LOS LECTORES
Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Yo me quedo

Trabajo ocho horas al día en un laboratorio por... ¡exacto! Cero euros. Pero este es mi sitio y no voy a rendirme. Aunque trabaje sin beca ni contrato, aunque fuera caigan chuzos de punta

Sí, yo también, yo también hice todo. El bachillerato con matrícula de honor, la carrera (dos carreras, de hecho), el máster... cumplí a la perfección con el papel que la sociedad había diseñado para mi. Dediqué mis 24 años de vida a hacer lo que tenía que hacer para ser un miembro útil en el gran pastel del mundo. Para el día de mañana, poder comprar una casa, un coche, un trabajo, unos niños, un televisor de 50 pulgadas. En fin, para comprar la felicidad.

Pero el otro día llego a la tienda... ¡y se les había acabado! No, para usted ya no nos queda, me dicen. No hay dinero, no hay trabajo, no hay ni becas. Pero gracias por traer el currículum en papel, nos vendrá muy bien, esta mesa está coja. Ahora mismo trabajo ocho horas al día en un laboratorio por, adivinen cuanto... ¡exacto! Nada. Cero euros. Y adivinen quién ha tenido que pagar el seguro de accidentes. ¿No se les ocurre? ¡Venga! ¡Hagan un esfuerzo! ¿Yo? ¡Sí, yo! Y mi único plan de futuro es que en 5 o 6 meses me den una de esas maravillosas becas de 1000 euros al mes para hacer una tesis doctoral. Esas becas que, por cierto, cada vez son más escasas.

Visto lo visto, mi única alternativa sería emigrar. Largarme lejos, muy lejos de aquí. Cuanto más lejos, mejor. Pero no me da la real gana. Vivo en Salamanca, probablemente una de las ciudades más frustrantes cuando acabas la carrera. La inmensísima mayoría de los licenciados emigra en los dos primeros años tras acabar los estudios, porque aquí no hay nada. Hostelería, ganadería, rentistas. Pero no te contratan por saber mucho sobre bacterias y esa clase de cochinadas. Es un lugar francamente triste, si lo miras así. Pero es mi lugar. Y yo, me quedo. Porque si todos los que queremos hacer de este sitio nuestro lugar, nos marchamos, estamos condenando a dejar esta ciudad anclada en su miseria.

Porque si todos los que queremos hacer de este país nuestro hogar, nos marchamos, estamos condenándolo a vivir ahogado en sus vicios para siempre. Y porque somos la generación más preparada de la historia, porque tenemos las ideas, tenemos los medios y tenemos las herramientas para tomar el control de la situación y hacer del país, nuestro país, de la ciudad, nuestra ciudad, del barrio, nuestro barrio. El lugar que un día soñamos que sería. Pero no lo hacemos, porque nos han robado la ilusión.

Nos prometieron una vida fácil y ahora resulta que no lo es. Ahora nos dicen que estamos acabados. Que somos una generación perdida. Que estamos condenados a pasar por el mundo a trompicones y agachando las orejas. Pues yo digo que les den a todos. Tengo 24 años, mucha ilusión y toda la vida por delante. Y nadie va a convencerme de lo contrario. Y pienso pelear por la vida que siempre quise. Me cueste lo que me cueste. Este es mi sitio y no voy a rendirme. Aunque trabaje sin beca ni contrato. Aunque tenga que pagarme yo el seguro. Aunque ahí fuera caigan chuzos de punta. Yo, me quedo.

Héctor Toledo Porteros, en su trabajo en el laboratorio.
Héctor Toledo Porteros, en su trabajo en el laboratorio.

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