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Roldán sale de la cárcel sin desvelar dónde está el dinero que robó

"No puedo irme porque no tengo dinero", declara el ex director de la Guardia Civil

El ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, en el momento de abandonar la prisión de Zaragoza.
El ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, en el momento de abandonar la prisión de Zaragoza. CRISTOBAL MANUEL

Luis Roldán se va sin devolver su botín. El ex director general de la Guardia Civil, condenado a 31 años de prisión, ha salido de prisión tras liquidar su condena en la cárcel de Zuera (Zaragoza) después de haber pasado entre rejas la mitad de la pena que le impuso el Tribunal Supremo por los delitos de malversación, cohecho, estafa, falsificación y contra la Hacienda pública. Gracias a los beneficios del nuevo Código Penal y la posibilidad de acogerse a las ventajas de la antigua y de la moderna ley, ha conseguido que los 31 años de cárcel se hayan reducido a 20. Mediante la redención por estudios y buen comportamiento, el hombre que estuvo a punto de ser nombrado ministro del Interior ha cumplido 15 años, los últimos en un régimen de semilibertad, ya que sólo acude a domir a la prisión. "Ya no tengo que venir a dormir y estoy libre", ha espetado al pisar la calle, informa Efe.

"No puedo irme porque no tengo dinero", ha espetado Roldán tras salir de la cárcel para recordar que no se ha investigado qué pasó con Francisco Paesa, el espía que, supuestamente, le ayudó a ocultar el rastro de la fortuna que robó. Tras hablar con los periodistas, el ex director de la Guardia Civil ha cogido un autobús público para ir al centro de Zaragoza.

Roldán cesó el 2 de diciembre de 1993, nueve días después de que una investigación periodística de Diario 16 desvelara que tenía un patrimonio inmobiliario de 15 pisos y chalés a nombre de una sociedad llamada Europe Capital, SL. Una fortuna obtenida mediante las comisiones de obras que cobraba a las principales constructoras del país por la construcción y reforma de las casas cuartel de la Guardia Civil y que ocultaba en bancos de Ginebra (Suiza). El escándalo y su posterior fuga durante 10 meses provocó una formidable crisis en el Gobierno de Felipe González y acabó con más de una década de mandatos socialistas.

El ex director de la Guardia Civil asegura a los que quieren escucharle que no tiene dinero, que viaja en autobús y que permanecerá el resto de su vida en Zaragoza, en el piso de sus padres de 70 metros cuadrados, pero, una vez más el hombre que se inventó sus títulos universitarios y engañó durante años al Gobierno que le nombró y promocionó, vuelve a envolverse en el escudo de las mentiras. Una investigación de EL PAÍS publicada el pasado 14 de febrero demuestra que Roldán ha salvado las dos joyas de la corona de su patrimonio inmobiliario, un piso en el centro de París y una villa en San Bartolomé (Antillas francesas), valoradas en unos 3,7 millones de euros, además de un botín de, al menos, otros 10 millones de euros, según acredita diferente documentación registral y judicial.

La fuga del dinero

El embargo judicial de las propiedades de Roldán ha sido un fiasco, según reconocen miembros de la Agencia Tributaria. Los jueces han logrado intervenir en el procedimiento civil 1.646.845 euros con el embargo de sus propiedades intervenidas en España, 6 de sus 15 pisos, una cantidad que solamente representa el 8,7 por ciento de los 18 millones de euros que adeuda al Estado y a Hacienda. Toda su fortuna suiza, 10 millones de euros del año 1993 (han pasado 17 años), permanece escondida en diversos paraísos fiscales que la justicia española no logró franquear durante su investigación.

Con la ayuda de Paesa, ex colaborador del Ministerio del Interior durante la etapa socialista, Roldán contrató para ocultar su dinero a dos testaferros que fallecieron en circunstancias novelescas. Jean Henri, un bombero suizo alcoholizado, se reventó la cabeza de un disparo en su pequeño apartamento de Ginebra; Jack Pierre Aberlé, el fiduciario de cabecera de Paesa, apareció muerto semidesnudo en la habitación de un hospicio ginebrino en el que vivió sus últimos meses rodeado de prostitutas y vagabundos. El director del centro, un malagueño, es amigo de Paesa. Estos dos testigos, ya desaparecidos, abrieron cuentas a nombre de sociedades panameñas e irlandesas que sirvieron de colchón para recibir los 10 millones de euros que Roldán escondía en el banco suizo CBI-TDB, una fortuna que a golpe de apuntes contables voló de un país a otro en lo que los peritos que investigaron el caso bautizaron como efecto helicóptero.

El dinero recaló en el Overseas Union Bank de Singapur y allí se le perdió la pista para siempre, en junio de 1994. Dos abogados luxembugueses de Paesa, los hermanos Goerens, fueron quienes abrieron la cuenta en la que descansó el dinero, pero el Gobierno de Singapur, férreo paraíso fiscal se negó a intervenirlo y dar información. Villa Majagua, antes villa Blanca en honor a su ex mujer Blanca Rodriguez Porto, también condenada, y el piso de París se dan por perdidos. Roldán se los vendió al testaferro suizo Roland Costacurta que los adquirió a nombre de dos sociedades, esmeralda verde y esmaralda azul, con el dinero que le envió el ex jefe de la Guardia Civil. "Este hombre estaba muy preocupado, ten{ia prisa y quería una solción a cualquier precio", declaró Costacurta al juez suizo Paul Perraudin.

La fuga de Roldán le costó el cargo al ministro del Interior Antonio Asunción, hoy empresario de éxito, que se pregunta en voz alta cómo el ex espía Paesa salió de esta historia sin que se le cayera una sola pluma.