Tribuna:

Ante la Cumbre del Clima de la ONU en Copenhague

WÄLLSTROM | ROBINSON | BRUNTLAND 23 JUL 2009 - 09:22 CET

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A menudo, la historia permite especular sobre lo que realmente ocurrió. Sin embargo, no será así con la Cumbre del Clima de la ONU de diciembre en Copenhague. Las actas estarán bien documentadas para que las generaciones futuras puedan juzgar nuestro liderazgo político y nuestro sentido de la solidaridad.

Esta semana, la Presidencia Sueca de la UE reúne a Ministros de Medio Ambiente y Energía para una reunión informal en Åre, Suecia. El objetivo consiste en debatir los desafíos de la Conferencia de Copenhague y la manera en que la UE puede crear una economía ecoeficiente.

El Gobierno de Suecia, como base común para el debate, ha encargado la redacción de un informe que lleva por título en inglés «A European eco-efficient economy: governing climate, energy and competitiveness» (Una economía europea ecoeficiente: gestionar el clima, la energía y la competitividad). Se trata de un informe interesante, en el que básicamente se verifica la teoría centenaria de Joseph Schumpeter, que sostiene que quienes invierten en innovación tecnológica son los ganadores del futuro. Todo esto está muy bien, pero la realidad es que no podremos crear una economía ecoeficiente a escala europea o global si no garantizamos también la justicia climática.

Conseguir la justicia climática, y en última instancia el desarrollo sostenible, significa encontrar herramientas y estrategias innovadoras que puedan promover la competitividad europea y la prosperidad global, a la vez que se reducen los efectos del cambio climático. Significa explotar el potencial de las tecnologías ecológicas, invertir en investigación para desarrollar estas tecnologías e invertir en educación para formar a los científicos e inventores del futuro. Significa justicia social e igualdad de género. Significa trabajar en favor de un comercio mundial más justo y remodelar nuestros sistemas financieros globales a fin de que sirvan a las personas en lugar de a los mercados. Y también significa utilizar el talento y la energía de todo tipo de personas, desde políticos y ONG hasta empresas y sindicatos, y de hombres y mujeres.

Este es el objetivo de la Iniciativa «Camino a Copenhague» que copresidimos: garantizar que se escuche una gama más amplia de voces en las negociaciones sobre el clima. Después de casi dos años de debates, la Iniciativa «Camino a Copenhague» ha determinado tres temas que deben abordarse de manera eficaz y equitativa si queremos gestionar el cambio climático y conseguir la justicia climática:

En primer lugar, no hay duda de que los más pobres, que son los menos responsables, serán los más vulnerables y los que estarán más expuestos al cambio climático. Se estima que, en el mejor de los casos, solamente se dispone del uno por ciento de los recursos necesarios para la adaptación de estos países. Por consiguiente, Copenhague debe conseguir un acuerdo global basado en las necesidades sociales y de desarrollo, el reparto de la carga y el principio de que quien contamina, paga. Estos principios deben reflejarse en unos recursos financieros adicionales y predecibles para el desarrollo de los países a fin de garantizar tanto la reducción de los perjuicios como la adaptación.

En segundo lugar, los países desarrollados deben asumir un papel de liderazgo a la hora de reducir sus propias emisiones de manera que se plasmen las proyecciones científicas más recientes. También será de capital importancia garantizar el desarrollo y la difusión de tecnologías limpias adecuadas y asegurar el acceso a los recursos financieros necesarios para que los países en desarrollo las adopten.

En tercer lugar, los gobiernos deben reconocer que la crisis económica actual es una oportunidad fabulosa para hacer realidad el cambio que necesitamos. La inversión en tecnologías ecológicas, infraestructuras y energías renovables es una manera sostenible de estimular la economía, crear nuevos puestos de trabajo, mejorar la calidad de vida y asumir una responsabilidad global.

La Conferencia sobre el Clima de la ONU que se celebrará en Copenhague representa probablemente la última oportunidad a nivel mundial de controlar el cambio climático antes de que sea demasiado tarde. En el G8/Foro de las Principales Economías, recientemente celebrado en Italia, se afirmó claramente que la justicia climática será el factor decisivo. En las dos reuniones se produjeron importantes avances, tales como una declaración relativa al límite de calentamiento de 2º C, pero resultaron decepcionantes debido a la falta de objetivos ambiciosos de reducción y de compromisos financieros serios por parte de los países desarrollados.

En los círculos de negociación de la ONU, pocos esperan que los países en desarrollo tomen medidas importantes antes de que los países desarrollados hayan aclarado sus posiciones en materia de reducción de emisiones y acceso a la tecnología y la financiación. Deberán reducirse las diferencias que existen entre las perspectivas del Norte y las del Sur acerca del cambio climático y las necesidades de desarrollo si se quiere alcanzar un nuevo acuerdo en Copenhague.

Los países desarrollados no solamente deben comprometerse a conceder contribuciones financieras adicionales además de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) existente, sino también comprometerse a efectuar reducciones de emisiones claras, ambiciosas y vinculantes, basadas en criterios justos. En Copenhague, se espera conseguir que los países desarrollados establezcan una reducción de las emisiones del 40 % hasta el año 2020, y que concedan 150 000 millones de euros al año para las medidas que deben tomar los países en desarrollo.

Copenhague debe ser el fin y el principio. Cuando los historiadores analicen lo sucedido en Copenhague, deberían poder decir que marcó el final de las promesas huecas y el inicio de un cambio fundamental. Esperemos que la historia muestre que nuestra generación no decepcionó a nuestros hijos sino que, por el contrario, tuvo el coraje de adoptar un liderazgo visionario y de tener la voluntad de alcanzar el éxito.

Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión Europea. Mary Robinson, ex Presidenta de Irlanda y Vicepresidenta del Club de Madrid. Gro Harlem Brundtland, ex Presidenta de Noruega y Miembro del Club de Madrid

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