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miércoles, 4 de enero de 2012
Reportaje:

Libros infantiles para adultos

"Los niños prefieren consolas", afirma Pablo Auladell, que acaba de ilustrar el clásico de Astrid Lindgren 'Rasmus y el vagabundo'

Pablo Auladell (Alicante, 1972) define su infancia como la de un "niño flaco, hipermétrope y sentimental" que suplía sus deficiencias -"no se me daba bien el fútbol"- con el dibujo. "Con los lápices Alpino dibujaba tebeos a toda la clase", recuerda. Quizás algunos de esos dibujos se han colado en los libros que desde hace años lleva creando y que lo han depositado en una primera fila de la ilustración. "Me he nutrido casi exclusivamente a través de los libros. Yo diría que he sentido fascinación por la palabra, principalmente por la palabra poética, y por el dibujo", afirma.

Con la editorial Kalandraka acaba de publicar Rasmus y el vagabundo, el clásico infantil de la escritora sueca Astrid Lindgren. "Se trataba de crear un mundo plástico adecuado y exclusivo para ese texto, para ese objeto artístico que es un libro ilustrado", explica Auladell. "Tanto el libro como la autora me hacían pensar en travesuras, ingenuidad, tardes merendando viendo la tele al volver del colegio... Todas esas sinestesias van cargando la pila y es lo que al final sale en las ilustraciones", señala.

"He sentido fascinación por la palabra y el dibujo"

Las nuevas tecnologías son "imprescindibles" en su trabajo

Auladell reconoce que en un mundo plagado de imágenes sigue "percibiendo la paradoja de que nadie sabe muy bien qué cosa es un ilustrador". Y procura alejarse por principios de cierta bobaliconería pedagógica que acompaña al libro infantil. "Trabajo con criterios estéticos o de adecuación al texto más que con criterios pedagógicos o de autocensura", destaca. Y admite que los principales lectores de sus libros no son los niños: "Mis libros los compran estudiantes de Bellas Artes y los aprendices de ilustradores, imagino que los niños los verán raros porque no obedecen a los cánones del manga de mezclilla o del 3D caramelizado". Y como observador apunta que "los niños no leen buenos libros ilustrados, prefieren las consolas".

Sobre la utilización de las nuevas tecnologías reconoce que son ahora "una herramienta imprescindible", aunque "pueden convertirse en un juguete muy traicionero para un creador". "Se puede caer en una charcutería gráfica intolerable", comenta al respecto. Y señala el papel de los "fabricantes" de imágenes en el universo global: "Somos creadores de contenidos de ese mundo, el problema está en si sabremos posicionarnos ventajosamente para que se respeten nuestros derechos".

Y sigue alternando los lápices de colores con su proyecto musical Camerata Carabel, el grupo que comparte con Txus Amat y su espectáculo Antigua colección de vientos, y por las noches leyendo a sus hijos la historia de Jim Botón y Lucas El maquinista. Y buscando ese flechazo mágico que surge del encuentro entre texto e imágenes: "Un librero de Galicia me dijo que una niña entraba todas las tardes a su librería y se quedaba mirando durante un rato la cubierta de mi libro La Torre Blanca. Claro, que La Torre Blanca no es un libro para niños. Quizá por eso le fascinaba".

Arriba, Pablo Auladell en su estudio. Abajo, una de sus ilustraciones para Rasmus y el vagabundo, un clásico infantil de Astrid Lindgren.

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