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Reportaje:ECONOMÍA GLOBAL

La amenaza de burbuja ronda al oro

El metal cotiza en máximos ante la ausencia de valores seguros

En 1635, en Holanda, un bulbo de tulipán de la variedad Viceroy costaba -según cálculos del profesor Mark Hirschey, de la Universidad de Kansas- unos 34.584 dólares al cambio actual y con solo dos de ellos se podía adquirir una casa modesta en los canales de Ámsterdam. Cuando la demanda se desplomó, miles de inversores se arruinaron y la economía holandesa quebró.

Hace escasos días, una familia española compraba -a través de la firma Oro Direct- cien kilos de oro como inversión particular. Pagó por ella, confirman en la empresa, algo más de cuatro millones de euros. O sea, unos 40.000 euros el kilo. Y aseguran que no es el mayor pedido que han recibido de sus 3.000 clientes. Sin duda, una muestra del miedo exacerbado que genera la crisis. Pero ¿será el oro el nuevo tulipán?

El oro se ha convertido en un instrumento financiero

A pesar de los precios récord del metal amarillo, la demanda, según el Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés), ha caído un 17% si comparamos los segundos trimestres de 2010 (1.107 toneladas) y 2011 (919,8). Y el especulador George Soros, por si sirve de pista, acaba de reducir su inversión en el SDPR Gold Trust, un fondo cotizado de oro.

Por ahora, el mercado no tiene una postura común. Los más pesimistas apuntan que ya estamos viviendo los primeros síntomas de una situación cercana a estallar. "La diferencia brutal que hay entre el precio de extracción y el de venta del oro es un factor que permite intuir que existe una burbuja de valoración", admite David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales. No es una opinión aislada. Carl Firman, experto de la consultora londinense VM Group, también cree que se puede alcanzar esta situación. "Podría haber a corto plazo una burbuja". Aunque matiza que "el aumento de la especulación puede producir que la cotización del metal alcance picos máximos durante cortos periodos de tiempo, pero en términos generales este rally que dura ya 11 años permanecerá intacto, al menos otro año o más". Otra institución con peso en el mercado,

Wells Fargo, daba su voz de alarma después de que el oro alcanzara la cota de los 1.790 dólares. "La burbuja está a punto de estallar", declaraba el banco en una nota.

Sin embargo, algo parece que sigue sin encajar. El coste medio de producción de una onza (33,10 gramos) del metal precioso es de 620 dólares, y su cotización alcanzó el pasado viernes su máximo histórico al situarse en 1.851 dólares [ver cuadro]. Y estos números tan dispares generan dudas. Muchas minas subvencionan la producción de oro con la plata o el cobre junto a los que aparece en las vetas. Así se reducen los costes directos (a los que habría que sumar, bien es cierto, los de infraestructuras, mantenimiento y financiación) de unos 200 dólares por onza.

La diferencia con su cotización se justifica gracias a varios culpables: especulación, enorme liquidez en los mercados, crisis de deuda soberana en Europa y Estados Unidos, incertidumbre acerca del papel del dólar como moneda refugio, riesgo de recesión, final de la convertibilidad del billete verde en oro, boom de los fondos cotizados en metales preciosos, inflación, mayor consumo de la clase media china y, por supuesto, el sempiterno miedo.

Aunque algunos de estos retos son nuevos, otros resultan viejos conocidos de los mercados. "La especulación representa su papel dentro de la actual escalada del precio del oro, pero es difícil distinguirla de la huida hacia la calidad", reflexiona Carl Firman. Y también es cierto que existe un gran volumen de divisa americana en circulación. "Más dólares en el mercado pueden aumentar la presión sobre el oro como alternativa de riqueza", apunta José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup. Para quien "ya no parece nada descabellado hablar de niveles de hasta 2.000 dólares la onza de este metal".

Y es que el oro se ha convertido en una inversión relativamente segura. "Aunque no esperamos que el precio del oro alcance las valoraciones de comienzos de año, debido a la sucesión de hechos negativos que estamos viviendo, no nos sorprende su cotización actual. En este contexto, los inversores buscan protección y diversificación. Y el estatus del oro como refugio seguro le ha beneficiado con significativos flujos de inversión", resume a través del correo electrónico la gestora gala Amundi.

Tampoco existen muchas alternativas. "Es verdad que es un mercado muy especulativo, pero se trata del único activo que en estos momentos se puede usar si buscas protección, algo que ni siquiera consigues con el yen o el franco suizo", indica desde Londres el analista de materias primas Andrey Kryuchenkov, de VTB Capital. Dos divisas en las que, paradójicamente, Marian Fernández, responsable de Estrategia de Inversis Banco, estima que hay "más burbuja que en el propio oro". Y tampoco parece ser el momento adecuado para comprar bonos con calificación triple A.

Esa pérdida de referentes la radiografía con precisión Emilio Álvarez, gestor y fundador del fondo Vortex Capital Global Precious Metals Fund. El dólar ha perdido el 98% de su valor en términos de poder adquisitivo desde el final del patrón oro -el 15 de agosto de 1971-, asegura Álvarez, y el franco suizo -la divisa refugio por excelencia-, el 90%. Pero hay más: las proyecciones de precio que plantea este gestor dan vértigo. "Llevamos diciendo desde hace años que el oro cotizará en un mínimo de 5.000 dólares la onza. El cálculo es muy sencillo. Si dividimos las masas monetarias de EE UU por sus reservas del metal, tendríamos un precio de 8.000 dólares", estima Emilio Álvarez.

El futuro que este experto vaticina para el oro deja muy corto los 2.000 dólares por onza que pronostican Deutsche Bank y Numis Securities, los 1.600 dólares de Amundi, los 1.650 de Nomura, los 1.730 dólares de Goldman Sachs o los 3.000 del consenso de otros bancos. "A corto plazo, es probable que el oro aumente su precio impulsado por los bajos tipos de interés reales y la creciente demanda asiática", admiten en Nomura.

Los fondos cotizados también están jugando un papel en este paisaje. "El oro, por primera vez, se ha convertido en un instrumento financiero. Hoy resulta más fácil invertir en él porque puedes usar un fondo cotizado", asevera Marian Fernández; y así resuelves el problema de falta de liquidez que tiene el metal precioso.

Al final, en todo este movimiento subyace también lo que se podría denominar "economía de la manada". Vivimos el gran momento del oro y hay gestores profesionales que son seguidores de tendencias puras y duras, y si la moda es el metal amarillo, se apuntarán a ella, empujando la cotización; da igual que crean en el metal o no. Así es la condición humana. Y la inversora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de agosto de 2011