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domingo, 10 de julio de 2011
Reportaje:

"Enviaba mensajes mentales para mis dos hijos"

La turista holandesa que sobrevivió 18 días sin comida en la sierra de Nerja combinó disciplina y optimismo

Después de 25 años trabajando como bibliotecaria, Mary Anne Goossens ha desarrollado un fuerte sentido del orden y del método. Esta disciplina natural forjada entre libros y archivos ha permitido a esta turista holandesa, poco amiga de la aventura, sobrevivir a 18 días perdida y sin alimentos en la sierra de Nerja (Málaga).

Goossens, de 48 años, fue encontrada el pasado martes a última hora de la tarde por tres alucinados excursionistas malagueños a 200 metros aguas abajo del nacimiento del río Chillar. "Estábamos escalando una pared cuando escuchamos a una mujer gritar ¡Help! y llamar la atención con un silbato. Tenía la cara quemada por el sol y estaba tiritando, aunque se había metido esparto en la camiseta para quitarse el frío", recuerdan los montañeros Daniel Sánchez y Pedro Conde, ambos estudiantes de ingeniería.

Mary Anne, de 48 años, dice que se sintió "un poco tonta" por perderse

Se untaba musgo en la piel para hidratarla y mordía hierbas o madera

La mujer estaba recostada, muy débil, en un barranco, entre dos cascadas de agua. Los excursionistas, temerosos de que alguien les estuviera tendiendo una trampa, le preguntaron si estaba sola, cómo había llegado hasta allí y cuántos días llevaba.

Mary Anne les dio la cifra exacta de su aislamiento: 18 días. Les contó que se había perdido haciendo una excursión por el río Chíllar, cuya parte inicial es muy popular entre familias en los meses de buen tiempo porque el recorrido está lleno de pozas y cascadas. Según su relato, caminó dos días con la esperanza de llegar al municipio vecino de Frigiliana y cuando comenzó a desandar el camino se quedó atrapada entre riscos, a unos 800 metros de altitud. "Le dijimos que nos la llevaríamos de allí, pero se negó porque no tenía fuerzas", relata Pedro. La noche comenzaba a caer y en la zona no había cobertura de teléfono móvil, por lo que los tres amigos optaron por iniciar el descenso y alertar a los servicios de emergencia cuanto antes.

Antes de marcharse le dieron a Mary Anne su primer alimento en casi tres semanas: dos barritas de cereales con chocolate. También le proporcionaron un saco de dormir. A la una de la tarde del miércoles, tres agentes del equipo de rescate e intervención de montaña de la Guardia Civil (EREIN), la subían a un helicóptero sana y salva.

Tras su rescate, todo han sido elogios para la actitud y la fortaleza de esta mujer que ha pasado poco más de un día ingresada en el hospital y a la que los médicos solo han encontrado un poco desnutrida.

Mary Anne no ha hablado con los medios de comunicación hasta llegar a Holanda. Ayer por la tarde hizo una breve aparición en una rueda de prensa dirigida por sus hijos Fritz y Jantje Korten, de 29 y 24 años. María Kupers, periodista holandesa afincada en la Costa del Sol, asegura que la mujer reconoció haberse sentido "un poco tonta" al perderse en lo que iba a ser una caminata de dos horas y media, y quedarse en una zona cercana al agua le pareció "lo más inteligente". "Enviaba SMS mentales a mis dos hijos, iba pinchando las teclas en mi cabeza", dijo.

En los últimos días, Mary Anne ha detallado a través de sus allegados las rutinas le ayudaron a mantener el equilibrio físico y mental. "Cada mañana lavaba su camiseta y cuidaba que estuviera seca para no pasar frío por la noche, también arreglaba su cama, un lecho de hierbas en el que dormía para aislar la humedad", explica su hija menor.

Para soportar el hambre, imaginaba que estaba cocinando sus platos favoritos o mordisqueaba pequeñas hierbas o trozos de madera. Otro de sus pasatiempos consistía en planear mentalmente la fiesta de su 50 cumpleaños.

Sacó partido de su avidez lectora y puso en práctica los conocimientos adquiridos. "Se untaba el cuerpo con musgo porque sabía que así se mantendría la piel hidratada", relataba por teléfono su hijo Fritz, poco después de que la familia entera aterrizara en Holanda. En Stamproy, el pequeño pueblo de 5.000 habitantes del sur del país donde residen, les aguardaba una fiesta de bienvenida.

Mary Anne convirtió en rutina hasta el optimismo. "Cada noche se repetía, 'mañana me rescatan", cuenta Antonio Díaz, hispano holandés dueño del bar El fuego en Nerja y enlace de la familia con las autoridades y la prensa. "Dormía muy poco porque quería estar alerta, por si pasaba alguien captar su atención", añade.

La bibliotecaria vio muchas hormigas, que se planteó comer, pero no pudo, y lagartos. "Su mayor miedo era encontrarse con una serpiente, pero afortunadamente no vio ninguna", aporta Johan Korten, su ex marido. Mary Anne viajó sola a la Costa del Sol. El 17 de junio dejó perfectamente ordenada su habitación en el céntrico hotel Bajamar, de Nerja. Vestida con un pantalón corto, una camiseta sin mangas y zapatillas, inició su aventura. No dijo a nadie adónde iba, por lo que su familia tardó una semana en denunciar su desaparición.

La peripecia le ha costado 12 kilos, de los que, según dijo ayer, ya ha recuperado cinco. "Su cuerpo entró en una situación de autoconsumo, un proceso metabólico alternativo que habría sobrecargado su organismo en cuatro días si no hubiera bebido agua, ya que no habría podido expulsar las sustancias de desecho", explica Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de la Nutrición Comunitaria.

Mary Ann no siguió ninguno de los consejos de la Guardia Civil para evitar perderse en la montaña. Se fue de excursión sola, no comunicó donde iba, ni se equipó para una empresa de ese calibre, pero cuando llegó la hora de sobrevivir, escogió el camino adecuado.

La turista holandesa extraviada, Mary-Anne Goossens, posa con sus hijos Fritz y Jantje. / VALERIE KUYPERS (EFE)

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