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domingo, 3 de abril de 2011
Los socialistas afrontan un nuevo liderazgo

Los 'barones' reclaman unidad para buscar al sucesor tras la renuncia de Zapatero

El presidente sostiene en el Comité Federal que su decisión beneficiará al PSOE - Los líderes regionales se conjuran para no hablar de candidatos hasta el 22-M

José Luis Rodríguez Zapatero hizo ayer historia. Por primera vez en democracia, un presidente del Gobierno en ejercicio anuncia su próxima despedida del poder impulsando las primarias en su partido para elegir "sin dedazo" al sucesor.

Zapatero proclamó con sorprendente normalidad ante el Comité Federal del PSOE que no repetirá candidatura en las elecciones generales de 2012. Los asistentes, presidentes autonómicos, secretarios generales y cuadros socialistas, escucharon el anuncio con la misma aparente normalidad, aunque luego demostraron en sus intervenciones el desasosiego con el que afrontan el incierto futuro y el temor a que se precipite el debate sucesorio antes del 22 de mayo, fecha de las elecciones municipales y autonómicas. Todos los que hablaron después del presidente pidieron unidad ante la etapa que se abre en busca de un nuevo liderazgo. La mayoría de los barones apuesta por el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato de consenso.

"Ocho años de mandato es lo más conveniente para el PSOE y para el país"

Los líderes regionales temen el debate sucesorio en plena campaña

"Llegar al último día de la legislatura será nuestro triunfo y el fracaso del PP"

Griñán advierte: "Que nadie cruce el puente antes de llegar al río"

La renuncia de Zapatero, según explicó él mismo, no tiene que ver con los apuros del Ejecutivo por la crisis más grave de la historia de España o los cuatro millones de parados con los que concluirá su mandato sino con una convicción personal madurada y ratificada durante siete años en el cargo.

Antes de despejar el enigma y con la mitad de su discurso leído, el presidente explicó a sus compañeros que cuando llegó al Gobierno en 2004 pensó que "dos legislaturas era el periodo razonable al que podía aspirar para estar al frente de los destinos del país". Ocho años de mandato, según la teoría del "liderazgo democrático" que desplegó ayer el secretario general del PSOE, es "lo más conveniente no solo para el partido sino para España". "Lo que era una convicción", continuó, "se convirtió en una determinación personal, en una decisión firme y es la que hoy hago pública: no voy a ser candidato en las próximas elecciones generales".

No hubo aplausos, ni murmullos de asombro, ni silbidos de desaprobación. Eran las 10.28 de la mañana. El anuncio que hacía historia en el PSOE y en España se escondía entre el quinto y el sexto de los ocho folios que leyó Zapatero. Sólo cuando terminó su intervención, los miembros del Comité Federal se pusieron en pie y le dedicaron un minuto largo de aplausos.

El líder socialista sigue el ejemplo de su antecesor, José María Aznar (PP), de retirarse tras dos mandatos, pero a diferencia de éste, no designará sucesor. Tampoco parece que quiera dar señales sobre sus preferencias para la sucesión. El anuncio de la renuncia del presidente a seguir, que se presentía hace meses, abre en el PSOE una etapa incierta en busca de un nuevo liderazgo.

La mayoría de los dirigentes regionales apuesta por una fórmula de consenso que evite una guerra interna que divida al partido. Esa mayoría, compuesta por al menos 13 de los 17 secretarios generales de las federaciones autonómicas, apoya al candidato mejor situado en las encuestas y al más conocido: Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente y ministro del Interior.

La segunda candidata en esta discordia es Carme Chacón, la ministra de Defensa, que no quiere hablar sobre sus aspiraciones hasta después del 22-M para respetar el mandato de Zapatero. Las federaciones de Cataluña, Madrid y Castilla-La Mancha podrían dar sostén a su candidatura.

El liderazgo de Zapatero, al que el actual presidente del Gobierno llegó en un congreso extraordinario en junio de 2000 por solo nueve votos de diferencia y que ha durado diez años, ha devuelto al partido altísimas cotas de poder institucional.

Durante esta época de Zapatero, los socialistas han llegado a gobernar en Galicia, País Vasco y Cataluña, tres feudos donde las urnas nunca les habían otorgado el poder a los socialistas.

En esta década de dominio casi absoluto de Zapatero en el PSOE, sin apenas oposición interna, se han aprobado numerosas leyes que han situado a España en la vanguardia europea en derechos e igualdades ciudadanas. El presidente se marchará al final de esta legislatura con ETA más debilitada que nunca, ahora parece que en la tregua permanente definitiva, y tras ocho años de Gobierno en los que hubo menos muertos en atentado que en ninguna otra etapa democrática. Pero también con más bronca política sobre la estrategia antiterrorista que nunca.

Y pese a todos esos logros, el anuncio de Zapatero ha coincidido con la peor de las situaciones posibles en España y en su partido. Su imagen está por los suelos: nunca hubo un presidente de Gobierno que tuviera una valoración tan baja en las encuestas oficiales del CIS (3,3) ni que se enfrentará a una crisis económica tan grave ni que tuviera cuatro millones de parados, la mitad acumulados en solo dos años. El PSOE está al menos a más de diez puntos en intención de voto del PP, según esos sondeos, y la derrota electoral en las generales de 2012 parece cantada. Sólo algunos datos que apuntan a una mejoría de la situación económica consiguen aliviar este panorama.

A lomos de una coyuntura tan infernal como la actual, el presidente y secretario general del PSOE se permitió ayer un discurso de esperanza e ilusión dirigido a la militancia socialista ante el vía crucis que conduce al 22 de mayo. Las encuestas presagian un duro resultado para el PSOE pero el líder socialista cree que su anuncio puede beneficiar al partido.

En su intervención final de contestación a barones y otros cuadros del partido recordó Zapatero que seguirá ejerciendo como secretario general y como presidente hasta el final de la legislatura; se ocupará a partir de hoy del combate electoral contra el PP; y defenderá "la autonomía del proyecto socialista". La misma que le ha permitido llevar la contraria al primer banquero del país, Emilio Botín, que le aconsejó hace apenas siete días que no abriera el debate sucesorio en plena tarea reformista para escapar de la crisis económica y para afianzar la estabilidad del país.

El PP había diseñado una campaña ante el 22-M basada en el ataque a la figura de Zapatero como símbolo de la gestión socialista haciendo a los candidatos corresponsables de esa realidad. Autoeliminado el objeto principal de su estrategia, el PP se lanzó ayer en tromba a reclamar elecciones ya.

Los tácticos del PSOE temían que si Zapatero anunciaba su decisión antes de que convocadas las elecciones del 22-M, el ruido para anticipar los comicios generales iba a resultar insoportable. Y pensaban que el PP les pediría incluso agrupar las generales con las municipales. Por eso Zapatero eligió el 2 de abril para despejar su enigma, con la convocatoria autonómica ya formalmente cerrada.

La fecha del 2 de abril desencadenó otras decisiones sorprendentes, como la suspensión del mitin de Vista Alegre en el que tenía previsto intervenir Zapatero un día después.

La cúpula socialista pensó que si el presidente acudía a la emblemática plaza de las victorias socialistas un día después de anunciar su despedida, las lecturas iban a ser muy negativas y la fotografía se iba a convertir en el triste icono del adiós de Zapatero.

Con la incertidumbre despejada, los barones del PSOE, presidentes autonómicos y secretarios generales de las 17 federaciones, alertaron en sus intervenciones durante el Comité Federal sobre el peligro que se cierne ahora de enredarse en el debate sobre el candidato ideal para sustituir a Zapatero.

En cascada, los presidentes de Andalucía (José Antonio Griñán); País Vasco (Patxi López); Extremadura (Guillermo Fernández Vara) y Castilla-La Mancha (José María Barreda) y otros muchos reaccionaron al anuncio de Zapatero pidiendo "unidad" en favor del "interés colectivo" y recordando que ese debate sucesorio debe aplazarse para después del 22 de mayo.

"Quien no se dedique a eso, estará traicionando al PSOE", proclamaron. "Que nadie cruce el puente antes de llegar al río", avisó Griñán para desanimar a quienes pretendan utilizar el próximo mes y medio para esas conspiraciones.

El 28 de mayo, seis días después de las elecciones municipales y autonómicas, se reunirá de nuevo el Comité Federal para aprobar la fecha de las primarias que elegirán al próximo candidato socialista a presidente del Gobierno. La idea que hoy tiene la mayoría de la dirección socialista es concluir el proceso antes de agosto, con lo que el elegido se podrá reservar más de siete meses para preparar su candidatura.

Durante ese tiempo, Zapatero no se resignará a ser un pato cojo en su partido y en el Gobierno. "Soy presidente y secretario general del PSOE y voy a ejercer. Llegar al último día de la legislatura será nuestro triunfo y el fracaso del PP. Este partido tiene inteligencia y cerebro femenino, y es capaz de hacer tres cosas a la vez. Reformas, 22-M y primarias", fue su mensaje final en un día en que, por primera vez en democracia, un presidente en ejercicio anunció su marcha y promovía unas primarias para elegir a su sucesor.

Iglesias, Blanco, Zapatero, Chaves y Zarrías, tras realizar su anuncio el líder del partido. / INMA MESA (PSOE)

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