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Necrológica:

Jorge Camacho, el último gran pintor surrealista

El artista cubano pasó sus últimos años entre París y Almonte

El pintor surrealista cubano afincado en Francia Jorge Camacho murió el pasado día 30 en París. Sus últimos años se dividieron entre París y las largas estancias en su casa de Almonte (Huelva), donde acudía en busca del sol andaluz y de una tierra que le motivaba profundamente. Estaba considerado unánimemente como el último gran artista vivo del movimiento surrealista y sus cuadros se encuentran en las colecciones permanentes del MoMA de Nueva York, el Pompidou de París o el Museo Reina Sofía de Madrid.

Jorge Camacho había nacido en La Habana el 5 de enero de 1934. De formación autodidacta, lecturas tempranas le llevaron a interesarse por el surrealismo. Revistas europeas y los libros de André Breton, Paul Eluard y Georges Peret le abrieron al descubrimiento de todo un universo creativo e intelectual, aunque Camacho siempre reconoció que fue la pintura y la vida de Paul Gauguin lo que decidió su vocación pictórica. Su inquietud le lanza a viajar fuera de la isla caribeña, y recala en Perú y México, donde dominaban los muralistas (Siqueiros, Orozco), que no le interesaron nada y le provocan una fuerte decepción al ver "un arte extremadamente politizado". Sin embargo, en Ciudad de México encontró a Rufino Tamayo y Carlos Mérida, a la sazón marginados por los muralistas de ferviente ideología estalinista. Tamayo le influye de manera poderosa, lo mismo que las obras de Wilfredo Lam, y después Joan Miró e Yves Tanguy.

Poco después, en 1959, Camacho viaja a París, donde se encuentra con el escultor cubano Agustín Cárdenas, muy amigo de André Breton. Es así como se conocen Camacho y Breton, un encuentro decisivo, pues el escritor invita a Camacho a formar parte del grupo surrealista y de sus actividades, hoy ya hechos históricos consustanciales al arte moderno. Camacho reconocía años más tarde en la Universidad de La Laguna de San Cruz de Tenerife, durante un congreso sobre el surrealismo, que aquello fue "el comienzo de una nueva vida artística e intelectual".

Con una carrera prismática y consecuente, Camacho fue, además de pintor, diseñador, grabador, poeta y fotógrafo. Se interesó profundamente por las lecturas sobre esoterismo y alquimia y ahondó en Sade, Bataille y Panizza. En 1961, Breton hace los textos de su primera exposición personal en París y en 1965 le incluye en el canónico Le surréalisme et la peinture (Gallimard).

El último viaje de Jorge Camacho a su Cuba natal se produjo en 1967 con ocasión del Salón de Mayo de París en La Habana, donde se exhibieron sus pinturas junto a las de Picasso, Lam, Ernst y otros grandes. Pero ese viaje reviste una importancia colateral mayor. Camacho y Margarita conocen al escritor Reinaldo Arenas e inician una amistad para toda la vida. Camacho, que respira la decepción ambiental en la isla y la situación represiva, en esa ocasión logra sacar de Cuba unos manuscritos. Comprometido con las luchas por las libertades en Cuba, en 1988 redacta y divulga una dura carta a Fidel Castro en la que pide justicia para el pueblo cubano. En aquella ocasión sus cuadros desaparecieron temporalmente de las salas del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Perteneciente a la llamada tercera generación de la pintura moderna cubana, Jorge Camacho consiguió un estilo consagrado, reconocible, distintivo, desde sus gamas de marrones aquietados por una inquietante sombra gris hasta sus arquitecturas inestables o sus seres imaginarios, con interiores en los que abundaban configuraciones óseas y estructuras totémicas pintadas con esmero y preciosismo.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de abril de 2011