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Reportaje:CON MUCHO GUSTO

Una granja entre rascacielos

Una lechería de Móstoles produce batidos y yogures que triunfan en el mercado

Érase una vez una vaca que vivía en la ciudad. Bueno, vivía en medio del campo, pero en la ciudad: a las afueras de Móstoles, una metrópoli de 200.000 habitantes. Ella es la tataranieta de una de las 10 o 12 vacas que se instalaron en 1946 en Móstoles, a las afueras, en un valle llamado Los Combos que daba nombre a su granja, cuando en esa futura gran urbe solo vivían 2.000 personas; 55 años después, granja y vacas siguen ahí; 892 tataranietas viven hoy en Los Combos.

Esas vacas producen rica leche que se embotella en la fábrica situada en la propia granja. De allí salen desde hace medio siglo leche y yogures, y desde el pasado mayo smoothies, unos batidos con fruta natural que han levantado granja y fábrica, que tradicionalmente servía a hostelería o a vecinos de Móstoles que con la crisis han reducido sus compras. "Renovarse o morir", dice Rubén Rodríguez, responsable de los productos de Los Combos (web, www.loscombos.com) desde hace año y medio. "Trabajaba en una empresa de zumos naturales y descubrí el potencial de la granja", explica Rodríguez, que convenció a los dueños de la granja con una presentación de PowerPoint de todo lo que se podía hacer. Después, entró en el negocio.

Desde hace años hacen 'laban' y 'raib', especiales para musulmanes

Sus yogures, casi una crema, hace que sean perfectos para helados

Desde mayo venden 25.000 postres al mes en unos 250 puntos de venta

Un veterinario atiende las 24 horas: vive allí con otras seis familias

Con él, la granja dio un vuelco. Toda la línea gráfica de los productos se rediseñó y parte de los envases. Se apostó definitivamente por los famosos smoothies, que existen en tres sabores: Mango love, de mango, maracuyá y naranja; Hey honey, que lleva frambuesa, plátano y miel; y Very berry, con mora, arándano y un aroma (ligero, aunque perfectamente reconocible) de violeta. El éxito no es nada desdeñable: venden 25.000 batidos al mes. Y a la espera de que lleguen los de chocolate, que también se repartirán por sus 250 puntos de venta de Madrid -su princi-pal mercado-, Barcelona y Sevilla. Y eso en apenas seis meses desde que el producto salió a la venta.

No hay truco. Solo pastos de la propia granja, establos amplios con un veterinario las 24 horas (vive en el recinto con otras cinco familias), ordeño preciso con 34 litros por vaca al día, una tubería subterránea que transporta la leche de la sala de ordeño a la fábrica, análisis microbióticos y fisicoquímicos en la granja y en laboratorios externos, pasteurización (por la que la leche hierve a 74º durante 15 segundos), filtros, homogeneización, botellas PET...

Elaboración cuidadosa para un producto de calidad. Con inconvenientes, porque por eso estos lácteos necesitan frío, porque se fabrican y conservan de forma distinta al proceso UHT de las leches del súper. Lo que hace que tengan una fecha de caducidad corta, de un mes para los yogures y nueve días para la leche. También una calidad que permite, además de visibilidad y reconocimiento, un margen de producto fundamental en tiempos complicados para cualquier negocio. Una "luz al final del túnel", como ellos mismos reconocen, para una empresa familiar en la que trabajan apenas 30 personas y que ha dado tal giro que cada mes cambia las leyendas impresas de sus yogures.

"Y la gente se las lee", se sorprende Rodríguez. "Vas a una de las tiendas en las que están nuestros productos y ves a la gente sentada, tomándose el smoothie y leyéndose la etiquetita que escribimos Roberto (Aparicio, el diseñador gráfico y de producto, mano derecha de Rodríguez) y yo", cuenta en su despacho, una antigua sala del edificio de oficinas con muebles casi medievales que han rehabilitado a base de instalar ordenadores.

No todo es innovación. La granja también hace y vende otros que, aunque no lo parezcan, son clásicos del valle mostoleño: las leches especiales para musulmanes, como el laban o el raib, especialmente fermentadas y que se utilizan para beber o para cocinar. "Funciona bien en el mercado porque es un producto de alta calidad. Lo llevamos fabricando desde hace muchos años, y cada vez se exporta más", explica Rodríguez en la sala de frío, un espacio de penumbra, de unos 20 metros cuadrados, donde se conserva buena parte de los productos listos para salir a la venta.

Además del laban, raib y los smoothies, también se puede optar por el clásico yogur, sin nombres complicados y solo un apellido: Exquisito (así se llama). Lo hay de distintos sabores -natural, fresa, piña, melocotón-, pero en el paladar se convierte casi en una crema de yogur, de textura suave, que es perfecto para hacer helados. Por eso la empresa no pierde baza y vende su yogur a una compañía que fabrica delicias heladas.

¿Y lo de ir a las granjas a comprar, a buscar el producto tocando al timbre, a ver las vacas que dan la leche del desayuno? "Ya solo lo hace la gente que vive cerca, a los que les apetece venir por la experiencia. Es un concepto un poco romántico", intenta convencer Rubén. Un romanticismo que deja a Móstoles de fondo, a solo 700 metros por un caminito de tierra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2011

Fe de errores
En contra de lo inicialmente publicado en el pie de la fotografía, los productos que se producen en la granja Los Combos no son ecológicos.