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martes, 22 de febrero de 2011
Reportaje:

El orden regresa al arte

El Guggenheim revisa en una exposición la vuelta al clasicismo en la Europa de entreguerras - Las 150 obras incluyen muebles y vestidos

En paralelo a los acontecimientos políticos que sacudían Europa, la historia del arte sufrió un súbito cambio de dirección al final de la Primera Guerra Mundial. Mientras el continente se recuperaba de la destrucción de la guerra, los artistas iniciaron un movimiento de recuperación de los ideales clásicos y la serenidad en respuesta a las convulsiones estéticas y teóricas de las vanguardias de principios del siglo XX. La exposición Caos y clasicismo. Arte en Francia, Italia y Alemania. 1918-1936 explica en el Museo Guggenheim Bilbao ese retorno al orden en el periodo de entreguerras a través de pinturas y esculturas, pero también con el influjo que tuvo en las artes decorativas, el cine, la fotografía y la moda, lo que sirve para incluir en la muestra varios muebles y vestidos.

El comisario resalta que el lenguaje artístico quiso protestar contra el pasado

Algunos de los hallazgos de la vanguardia se incorporaron a las nuevas formas

El comisario de la exposición, el catedrático de Arte Moderno de la Universidad de Nueva York Kenneth E. Silver, explica que la selección de obras - más de 150, ordenadas por líneas temáticas- quiere recalcar el renacimiento del clasicismo en Europa: "Tras la oscuridad de la guerra, llegó el arte de la luz y la historia".

El lenguaje artístico dominante en las décadas de entreguerras supuso una alternativa a los caminos abiertos por las vanguardias. Silver define ese cambio como "una protesta" contra el arte anterior a la I Guerra Mundial, que tuvo diferencias en los distintos países europeos: fue "anticubista en Francia", "antifuturista en Italia" y "antiexpresionista en Alemania".

La respuesta a las corrientes experimentales, a pesar de su generalización en toda Europa, no significó, con todo, un rechazo total. "Algunos descubrimientos de las vanguardias fueron incorporados a la serenidad y al orden de la nueva modernidad", añade el comisario.

Pese a no haberse visto directamente concernidos por la guerra, los autores españoles se sumaron a las corrientes europeas de restauración clasicista. Tras pasar por Nueva York, la muestra de Bilbao suma ahora una veintena de artistas españoles. Junto a las obras de sus coetáneos europeos, figuran pinturas de Aurelio Arteta, José María de Ucelay y Pablo Gargallo, seleccionadas por la comisaria María Dolores Jiménez-Blanco. "Gargallo es un ejemplo perfecto del sentido de esta exposición. Es una bisagra entre el cubismo y el clasicismo, influenciado por el Novecentismo catalán", señaló ante Antinoo (1932), una escultura de hierro.

Silver no tiene dudas al señalar a Picasso, representado por cinco obras en la muestra, como el gran líder de la vuelta al clasicismo. "No sucedieron muchas cosas en las que Picasso no estuviera involucrado", recuerda. "Si no llega a ser por el interés de Picasso por la tradición es muy posible que no surgiera el renacimiento clásico. Su talento le permitió imitar cualquier estilo. Fue el mejor modernista y el mejor clasicista. Otros solo pudieron quejarse".

Un hombre observa Retrato de Metzinger (1926), de Suzanne Phocas, en la muestra del Guggenheim. / LUIS ALBERTO GARCÍA

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