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Análisis:ANÁLISIS | Atentado terrorista en Rusia

Un terrorismo endógeno

Yura estaba sentado a cincuenta metros, vio todo hasta donde le permitía el humo. Su llamada conmocionada describía los restos desparramados, los gritos de la gente, la idea de que podía haber estado sentado "allá" en lugar del banco algo más apartado que había encontrado para esperar el vuelo retrasado de su mujer... No hay nada, ninguna causa que justifique estos actos. Pero si, al final, se confirmase que la autoría material del atentado es chechena o de alguna otra república caucásica, no por ello el Estado ruso queda exento de responsabilidad. La bomba del aeropuerto de Domodédovo será una más en el reguero de sangre que ha traído la política errónea de Moscú hacia el Cáucaso. Y a pesar de las reiteradas declaraciones de los líderes rusos de que Chechenia ha vuelto a la vida normal y de que sus ciudadanos apoyan al presidente impuesto y mantenido por el Kremlin, la continuación de los atentados, los constantes disturbios en el vecino Daguestán y otras zonas del Cáucaso ruso, nos vienen a recordar la frágil volatilidad de la situación real.

El atentado es uno más en el reguero de sangre que ha traído la política errónea del Kremlin

Ha sido demostrado que tanto en la segunda guerra de Chechenia en 1999 como en algunos de los atentados posteriores a lo ancho de la geografía de la Federación Rusa han intervenido extranjeros entrenados en el exterior. Pero esto no quita que, en el caso ruso, se trata de un fenómeno endógeno. Dos primeros atentados se producen al final de la primera guerra de Chechenia (1994-1996) pero es a partir de la segunda, con la llegada de Putin al poder, cuando empiezan a multiplicarse. El hecho de que los atentados chechenos empiezan mucho antes que los del 11-S en 2001 demuestra que en su origen no se encuentra ninguna inspiración foránea ni estímulo externo. "El terror individual como método para la revolución política es nuestra contribución nacional rusa", escribía Trotsky a principios del siglo XX para criticar ese método por ser opuesto a la movilización popular (aunque, tanto él como Lenin justificarían más tarde el terror de masas como mal necesario...). El atentado terrorista forma también parte de la tradición rusa aunque ahora adopte la ideología de un fundamentalismo islamista ajeno a Rusia. La cuestión de fondo, si se confirmara esa autoría, es que esos terroristas son ciudadanos de Rusia, no un producto importado del exterior.

Carmen Claudín es directora de investigación del Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de enero de 2011