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Entrevista:CÓMIC

La bestia negra de Amenábar

Para el crítico de cine Jordi Costa, el director de Ágora es fruto de un consenso global del que discrepa. "El 11-S del arte", dice. Una fobia "personal" que ha desarrollado en un tebeo.

Por supuesto que no le deseo ningún mal", dice Jordi Costa. Una afirmación tan rotunda como cuestionable teniendo en cuenta que en la página 44 de Mis problemas con Amenábar (un cómic del que el periodista es el guionista), Mostrenco —álter ego de Costa—, convertido por obra del dibujante Darío Adanti en algo así como El increíble crítico Hulk, destripa y decapita al director de Ágora. "Es una escena onírica. De hecho, resucita y es él quien acaba conmigo. En el tebeo al final siempre gana él", se explica.

Estamos en el diminuto camerino del bar donde acaba de presentar el cómic ante unas treinta personas. En unos minutos, en otro lugar de Madrid, mucho más grande y rodeado de cámaras, Alejandro Amenábar desfilará por la alfombra roja en el estreno de su último filme. "Sí, la elección de la presentación y la publicación del cómic en estas fechas es un acto de oportunismo. En realidad, es un golpe de efecto desesperado. Porque lo que Darío y yo hacemos cada vez vende menos. Pero sólo la publicación es oportunista, no la elaboración. El tebeo se ha venido publicando por entregas desde hace más de dos años en las páginas de la revista Mondo Brutto".

"En una época pensé que era el único ser humano al que no le gustaban sus películas"

La historia narra la relación, convenientemente exagerada, entre el crítico y el autor en rodajes, festivales o barras de bar. Con dos alicientes: ambos son personajes reales y, según Costa, todo lo que se relata en esas páginas es cierto desde el primer choque entre sus mundos.

Cuando Costa —conocido crítico en esta publicación y otras muchas, teórico del cine extremo, terror de los cineastas comodones, amante de las emociones fuertes en pantalla y, en persona, un auténtico bendito padre de dos vástagos incapaz de usar la fuerza contra nada ni nadie— era todavía un periodista junior, fue enviado al rodaje de Tesis, debut del director. Allí fue humillado en público por un miembro del equipo. "Yo trabajaba entonces en televisión y un ayudante de dirección empezó a gritar que cómo era posible que saliese en pantalla siendo así de feo. Ése fue el primero de una serie de desencuentros con Alejandro Amenábar y séquito, que se reforzó cada vez que veía una película y me sentía la persona más aislada del mundo. Durante una época pensé que era el único ser humano al que no le gustaban sus filmes". A ese momento, el periodista denomina "el hecho traumático fundacional".

Costa, defensor de la subjetividad en la crítica, en este caso da un paso más allá. Lo suyo con el autor de Abre los ojos, admite, no es que sea subjetivo, "es que es personal". "Yo lo veo como la punta de un iceberg, un personaje fruto de una construcción colectiva. La mayoría ha decidido que éste es un icono irreprochable. Y todo el mundo está de acuerdo en dos cosas: en que es un director de un genio irrefutable y, además, en que es muy buen chico. Amenábar es el fruto de un consenso global y total con el que no puedo estar más en desacuerdo. El gran mérito de Amenábar es ser un conjunto vacío. Uno en el que cada cual refleja lo que quiere".

Oída esta explicación, y vista la tendencia española a arrancar los ojos al vecino a la mínima discrepancia, ¿no es incluso positiva la existencia de alguien que ponga de acuerdo a todo el mundo? "Sí, genera consenso. Pero es que en el arte el consenso es algo que no tiene lugar. Eso está bien para los conflictos sociales. Pero del arte se espera que fascine a unos cuantos e irrite a otros. El consenso no es necesariamente un valor. Por eso digo que es el 11-S del arte. Porque se ha convertido en un modelo para gente que ha venido después que cree que ser algo neutro, inofensivo, es algo bueno".

Y a todo esto, ¿ha visto Ágora? "Sí". ¿Le ha gustado? "No, aunque técnicamente está muy bien realizada. Otro de los logros de Amenábar es conseguir que ver sus películas sea una obligación aunque sólo sea para tener una opinión". Y hablando de opinión, ¿sabe si el director conoce el cómic? "Me consta que al menos le han hablado de él, pero no creo que le dé la más mínima importancia. Somos como una hormiga tratando de hacer cosquillas a un elefante. La verdad, conmigo, a pesar de nuestros desencuentros, siempre ha sido una persona extremadamente amable. El cómic es simplemente un desahogo. Yo soy un poco cobarde y no tengo ningún interés en encontrármelo cara a cara. Él está en su Alejandría mental, y yo, en mi vertedero".

Mis problemas con Amenábar, de Jordi Costa y Darío Adanti. Editorial Glénat. 9,95 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de octubre de 2009