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lunes, 28 de septiembre de 2009
Entrevista:BILL RUSSELL | Once veces campeón de la NBA con los Celtics de Boston | Baloncesto

"Mi madre me enseñó lo que es la dureza"

El mítico ex jugador de baloncesto (Luisiana, Estados Unidos; 1934) pasó la semana pasada por Madrid acompañado por su leyenda: once títulos de la NBA y un oro olímpico que le sirvieron de altavoz para luchar contra el racismo de los años sesenta

Cuando Bill Russell entra en la biblioteca de la Fundación Pedro Ferrándiz, en Alcobendas (Madrid), lleva dos de sus once anillos de campeón de la NBA y cara de asombro: sobre la mesa hay decenas de libros dedicados a su carrera, que cambió el baloncesto para siempre. Antes de Russell no existían los tapones ni la defensa como arma. Tampoco la igualdad de derechos entre negros y blancos ni los hoteles y restaurantes sin distingos. Cuentan los libros de historia que después de Russell y de los baloncestistas de su generación todo cambió. La leyenda dice lo mismo, pero de otra manera: Russell, el pívot que marcó a una generación con sus enfrentamientos con Wilt Chamberlain, entró en el vestuario de sus Celtics de Boston con su abuelo, que rompió a llorar. Por primera vez en su vida había visto a un negro (Sam Jones) duchándose con un blanco (John Havlicek).

"Fui el primero en hacer lo que hacía: empezar por la defensa"

"A Gasol le dije: 'Te he estado observando y estoy impresionado por tus progresos"

Pregunta. En el instituto le echaron del equipo. ¿Cuál fue su inspiración para seguir jugando?

Respuesta. Mi familia. Mi madre me enseñó lo que es la dureza, lo crea o no.

P. ¿Cómo?

R. Nos mudamos de Luisiana a California para vivir en los projects [casas de protección oficial]. El primer día, estaba sentado en las escaleras y cinco chicos pasaron corriendo. Uno me golpeó. Tenía nueve años e hice lo que todos los niños de nueve años: me fui corriendo y le conté lo que había pasado a mi madre. Cogió las llaves de casa y nos fuimos al parque a buscarles. "¿Son éstos?", me preguntó. "Sí, señora", le respondí. "Vas a pelearte con los cinco, uno cada vez", dijo. Perdí tres de las cinco peleas. Lloriqueaba. "No llores. No importa que hayas ganado o perdido. Lo que importa es que desde ahora lucharás por ti. Nunca dejes que nadie te pisotee", me dijo.

P. ¿Cuántas veces se ha apoyado en esa lección?

R. He rechazado ser una víctima. Siempre he luchado. Pueden pasar mil personas por esta habitación y nunca les diré nada que les moleste. Lo que pasa es que tampoco les dejaré que me digan algo que me moleste a mí.

P. En 1954, durante las finales universitarias, a usted y el resto de los negros de su equipo se les negó alojamiento en Oklahoma. No fue la última vez.

R. Hay cosas que nunca aceptaré: viví en la Lusiana segregada, donde la mayoría de la sociedad, constantemente, intentaba que nos sintiéramos inferiores. Mi madre decía: "No hay nadie en este planeta mejor que tú, pero tampoco tú eres mejor que nadie".

P. ¿Los jugadores negros de ahora saben de aquella lucha?

R. Tienen una noción vaga. No lo entienden.

P. ¿Pasa también con el juego?

R. Hoy, los chicos me preguntan: "¿Cómo te iría jugando contra Shaquille O'Neal?". Y yo les contesto: "La pregunta es al revés. ¿Cómo le iría a él contra Russell? ¿Qué reglas utilizaríamos? ¿Las de mis tiempos o las de éstos?". Cuando empecé a jugar al baloncesto, nunca había visto a nadie poner un tapón. Nunca. Cuando Shaq empezó a jugar, el tapón era parte del juego. Yo no tuve modelo. No se le debería pedir a un jugador que compita contra un fantasma del pasado o del futuro. Sólo se puede medir cómo dominas a tus contemporáneos.

P. ¿Qué piensa de Pau Gasol?

R. Le vi jugar por primera vez hace tres o cuatro años, cuando estaba en Memphis. Me acerqué a él en el All Stars de Phoenix y le dije: "Te he estado observando. Estoy impresionado por tus progresos". Me enfadé mucho durante los play-offs de este año, cuando todas esas cabezas parlantes, esos expertillos, dijeron que necesitaba ganar peso, músculo. ¡Una mierda! Muscularte cambia tu juego y él ya es muy efectivo. ¿Por qué te arriesgarías a perder eso por algo de lo que no conoces el resultado? ¡No! En mi primer año en la NBA medía 2,17 metros y era realmente delgado. Me dijeron que hiciera pesas. No lo hice: uno de los regalos que tenemos todos es nuestro cuerpo.

P. ¿Cómo empezó todo?

R. Lo primero, yo me enseñé a mí mismo. Lo segundo es como escribir un artículo. ¿A que se siente uno bien cuando escribe un buen artículo? Hay una satisfacción cuando uno hace bien lo que hace. Siempre sentí que era el primero en hacer lo que hacía. Tuve que crear las calificaciones, las notas. Nunca me conformé con lo que dijeran los expertos. ¡Sabía que ellos no sabían nada!

P. ¿Por qué causó tanto impacto cuando llegó a los Celtics del mítico Red Auerbach?

R. Fui uno de los primeros jugadores en enfrentarse al juego de esta manera: defensa primero, ataque después. Cuando jugaba en los parques, si perdías, tenías que sentarte, dejabas de jugar. Algunos podían tirar mejor que yo y yo no podía permitir que por eso tuviera que estar sentado todo el tiempo. Decidí que si podía defender... Mi motivación fue competir. Ser el mejor jugador que pudiera ser. El más duro posible. Mi defensa nunca se basó en los reflejos, en reaccionar a algo, sino en la acción. Por ejemplo, si le estuviera marcando a usted...

P. ¡Demasiado fácil!

R. (Se ríe) Si fuera un buen jugador, tendría un tiro favorito. Hay que hacerle intentar su segunda mejor opción. En la Universidad, KC Jones era mi compañero de habitación. Solíamos jugar en los parques. Nos marcábamos, competíamos, nos golpeábamos, aunque tuviéramos posiciones distintas. Así aprendí a marcar a un base y él a un pívot. De esta manera, mi defensa nunca se confinó a una sola posición. Pude defender por todos los lados.

P. Es la Hey Bill Defense. Sus compañeros le gritaban constantemente: "¡Eh, Bill, ayúdame!"

R. Nunca me quejé de ellos. Si marcaban mal y dejaban que su jugador tirara..., ¡yo me iba a hacer famoso poniéndole un tapón!

P. Eso son las Wilson Burgers. Sus manos alrededor de una pelota Wilson, una hamburguesa.

R. Exacto. Eso estuvo causado por malos marcajes de otros. ¡Por eso nunca me quejé!

P. En Russell Rules, su libro, se lee esta dedicatoria: A Wilt.

R. Fue un buen amigo...

P. Sus enfrentamientos con Wilt Chamberlain, sin embargo, no se recuerdan por eso: "La batalla de los titanes", decían.

R. No era una rivalidad, sino una competición. En las rivalidades hay vencedores y vencidos. Nosotros éramos competidores, gente que jugaba de forma completamente distinta en la misma posición. Él fue extraordinariamente exitoso con su modo de juego, y viceversa. Cada día de Acción de Gracias se repitió la historia. A mediodía, venía a recogerme al hotel, íbamos a su casa y comíamos con su familia. Su hermano me dejaba echarme una siesta en su cama y nos llevaba en coche al partido. Al irnos, su madre siempre me decía lo mismo: "¡Sé bueno con mi hijo!".

Arriba, Bill Russell con dos anillos de la NBA y Oscar Robertson, otra leyenda, en Madrid. / DIARIO AS

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