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domingo, 8 de febrero de 2009
FRANCISCO CORREA | Presunto jefe de la trama | Nuevo escándalo en el partido de Rajoy

El amigo de todos

Se considera que el 5 de septiembre de 2002 empezó el final de la era de Aznar en el PP. Alejandro Agag y Ana Aznar no olvidarán esa fecha porque fue la de su sonada boda en El Escorial, con presencia de jefes de Estado y de la alta sociedad. Tampoco la olvidará Francisco Correa. Además de ver a su amigo Alejandro en el altar, sentando la cabeza y emparentándose con el entonces presidente del Gobierno, Correa se encontró siguiendo la ceremonia junto al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Los dos firmaron luego como testigos en el acta de matrimonio de Agag y Ana Aznar.

El suyo es el típico caso de empresario que sabe estar siempre en el sitio oportuno y arrimarse a los que de verdad tienen poder porque manejan mucho dinero. Prosperó a la sombra del poder del aznarismo haciendo acopio de estrechas relaciones con administraciones públicas gobernadas por el PP. Tiene las puertas abiertas en comunidades y ayuntamientos regidos por este partido.

Un hombre que prosperó a la sombra del poder del aznarismo

Le recuerdan con pelo canoso, coqueto, chuleta, campechano y desenvuelto

Se paseaba por la sede del PP en Génova como si fuera suya

Tiene las puertas abiertas en ayuntamientos y autonomías del PP

En la sede de Génova se recuerda su aparición en el inicio de la era de Aznar, cuando Miguel Ángel Rodríguez desembarcó en el partido con ideas innovadoras. No había Internet y el PP se puso a la cabeza en la organización de actos con megaescenarios y realizaciones televisivas novedosas. Se recuerda a Rodríguez dirigiendo personalmente los movimientos de las cámaras y el uso de grandes grúas con dispositivos de vídeo. Quien se encargaba de materializar sus ideas era Correa y su empresa Special Events.

Se le veía en todos los mítines de Aznar, siempre en zonas preferentes, y en la sede de Génova se paseaba como si fuera suya. Algunos aún recuerdan que llegaron a pensar que era un dirigente más del partido por su familiaridad y facilidad para moverse entre ellos.

Se recuerdan sus coches de alta cilindrada, su porte pinturero de cincuentón coqueto, chuleta y campechano, su pelo y barba canosa. No se olvidan sus piropos machistas y elevados de tono. O sea, el prototipo de hombre maduro y desenvuelto que se cree atractivo y que quiere que, con sólo mirarle, quede claro que todo le va bien.

Tan de confianza del PP de Aznar era que tras la catástrofe electoral del 2004, Correa acogió como trabajador de su empresa a Antonio Cámara, una de las personas más próximas físicamente al anterior líder del PP. Era una especie de asistente, mayordomo, ayudante y secretario de Aznar, que lo mismo le llevaba la cartera como le compraba la ropa. Cámara pasó de trabajar para Aznar a hacerlo para Correa. Ahora está en el Consejo de Caja Madrid, defendiendo los intereses de la presidenta regional, Esperanza Aguirre, frente a los del alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.

En Génova, Correa fue tejiendo relaciones que van desde la planta sexta, donde estaba el despacho de Álvaro Lapuerta, tesorero del partido, al PP de la sierra norte de la capital, que controlaba tanto la organización madrileña como la nacional. En esa zona residencial de Madrid, en la que están localidades como Pozuelo, Boadilla del Monte o Majadahonda, vive la mayoría de dirigentes del PP y ahí es donde están los poderes de Correa.

Trabó amistad con Jesús Sepúlveda, porque éste era secretario de acción electoral y se encargaba de los actos del PP, y también con Ricardo Romero de Tejada y otros dirigentes que han terminado como alcaldes de esa localidad. Además, estrechó vínculos con Pedro Antonio Martín Marín, ex secretario de Estado de Comunicación, amigo de Aznar y de Ignacio González y uno de los hombres clave del PP de Madrid en la sombra. Es el poderoso clan del noroeste de Madrid, que ha controlado el PP durante muchos años. Con todos esos ayuntamientos tienen contratos ahora sus empresas. Es su territorio y por esos municipios se siguen viendo sus coches de alta gama y sus trajes caros, preferentemente de alpaca auténtica.

Su mujer, Carmen Rodríguez Quijano, fue jefa de gabinete del ex alcalde Majadahonda Guillermo Ortega. Con ese ayuntamiento también contrataron las empresas de Correa.

De hecho, poco a poco fue dejando de trabajar con el partido y pasó a tener relación con los ayuntamientos y con las regiones gobernadas por el PP. En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, es normal ver publicados los contratos de su empresa, Servimadrid, con la Consejería de Deportes que dirige su amigo Alberto López Viejo. De hecho, hay pocos eventos de la Comunidad que no organice él.

Cuando Javier Arenas llegó a la secretaría general contrató a otras empresas distintas de las de Francisco Correa. Ahora, casi todos los eventos del PP los organiza la empresa de Elena Sánchez, la mujer del ex ministro Juan Costa.

Correa vive en Pozuelo, en la exclusiva urbanización La Finca con vecinos como Sepúlveda o el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, entre otros. En su comunidad de vecinos podría celebrarse una reunión de la cúpula del PP de Madrid.

Los escándalos y las investigaciones judiciales no le son ajenas a Correa, porque la casa en la que vive estuvo intervenida por un juez. En concreto, pertenece a su suegro, Emilio Rodríguez Buallo, propietario de Construcciones Salamanca, que estuvo implicado en la Operación Malaya. De esa casa se ha visto salir a Alejandro Agag.

Las empresas de Correa siempre han tenido accionariados complicados, con sociedades interpuestas que terminan en paraísos fiscales. Le gusta ponerles nombres tan sonoros y globalizados como Special Event Catering, Pasadena Viajes, Tecnology Consulting Management (TCM), Easy Concept y Servimadrid Integral.

Cuando paseaba por la sede de Génova, le acompañaba un ayudante con un enorme bigote y más joven que él, que responde al nombre de Álvaro Pérez Alonso. Hace pocos años se estableció en Valencia y fundó empresas como Orange Market, registrada el viernes por orden de Garzón. Esta empresa, de la que algunos creen que Correa está detrás, viene a ser en la Comunidad Valenciana lo que era antes en la sede de Génova. Es decir, no hay evento, acto público que no organice Pérez Alonso. Y dado que el Gobierno que preside Francisco Camps es muy dado a los fuegos artificiales, sobre Orange Markets han recaído encargos como la salida de la Volvo Ocean Race o el pabellón de Fitur, entre otros. O los actos de la Fórmula 1 que Agag llevó a Valencia.

Francisco Correa, en la boda de Alejandro Agag. / ULY MARTÍN

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