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viernes, 3 de octubre de 2008

Un estudio dice que el cannabis es menos dañino que el alcohol y el tabaco

¿Es dañino el cannabis? Sí, pero menos que el alcohol y el tabaco. Al menos eso es lo que cree la Fundación Beckley, una organización sin ánimo de lucro con sede en Oxford que se dedica a promover la investigación sobre la concienciación y la modulación y la ciencia del uso de las drogas desde una perspectiva multidisciplinar.

La Fundación Beckley presentó ayer en la Cámara de los Lores, en Londres, un estudio sobre el cannabis con vistas al debate que sobre esta sustancia se celebrará en la sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS) el año que viene. El informe sostiene que los Gobiernos deberían "replantearse seriamente" su actual política represora sobre el cannabis, y se basan sobre todo en el hecho de que sólo se le han atribuido directamente dos muertes en todo el mundo, pero en cambio sólo en el Reino Unido fallecen cada año 150.000 personas debido al tabaco y al alcohol.

"Muchos de los males asociados con el cannabis son en realidad consecuencia de la prohibición, más que a la sustancia en sí misma, en particular los daños sociales consecuencia de las detenciones y los encarcelamientos", subraya el informe. "Sólo a través de un mercado regulado se puede proteger mejor a los jóvenes de otras formas más potentes de drogadicción", añade.

Nuevo plan sobre drogas

Las Naciones Unidas debatirán el año que viene los resultados de la estrategia sobre las drogas diseñada hace ahora 10 años. Los expertos han estado tradicionalmente divididos entre quienes defienden que hay que perseguir el tráfico para reducir el consumo y quienes piensan que el prohibicionismo favorece a las mafias y los narcotraficantes y crea dramas e injusticias sociales tanto en los países productores como en los países consumidores.

La situación legal del cannabis es un tema especialmente recurrente en el Reino Unido. El Gobierno del ex primer ministro Tony Blair rebajó en 2004 la clasificación de esa droga desde la clase B a la más benigna clase C. Y lo hizo por presiones de la policía, que estaba harta de perder el tiempo y deteriorar sus relaciones con los jóvenes de los barrios más conflictivos simplemente porque estaban fumando unos porros. Fue una forma de despenalizar el consumo: aunque fumar en público sigue siendo ilegal, la policía se conforma con requisar la mercancía. Pero el actual primer ministro, Gordon Brown, se plantea revisar aquella decisión con el argumento de que el cannabis casero llamado skunk es mucho más potente y peligroso que el tradicional.

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